Ava y Theo no tienen nada en común.
Son dos páginas con historias diferentes, dos notas totalmente opuestas y dos estrellas alejadas la una de la otra.
Pero se encontraron el uno al otro y se convirtieron en dos páginas de un mismo libro, en dos no...
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Al bajar del tren, Ava, Theo y Enzo se despidieron de Lisa, quien abrazó a Ava con fuerza antes de separarse.
―Cuídense, ¿sí? ―pidió con una sonrisa triste.
―Lo haremos ―respondió Ava―. Nos vemos en unos días.
Lisa asintió y se despidió una última vez con la mano antes de marcharse en dirección a donde la esperaban sus padres. Ava soltó un suspiro y se giró a ver a Theo y Enzo.
―Me siento expuesto ―dijo Enzo mirando a lo largo de la estación, como si esperara que en cualquier momento un grupo de mortífagos se les lanzara encima.
―Será mejor irnos. No creo que tengan realmente interés en venir por nosotros, al menos por ahora, pero es mejor prevenir ―dijo Theo, a lo que Ava asintió.
Caminaron hacia la salida de la estación. Ava sabía que su madre no iría por ellos debido a su embarazo, pero tampoco esperaba toparse de frente con Remus una vez estaban llegando a la salida.
Ella fue la primera en notar su presencia. Remus caminaba tranquilamente en su dirección, hasta detenerse frente a ellos. Avalyn no estaba segura de cómo reaccionar, cosa que nunca le había pasado con su padrino. Theo notó su tensión y le dio un leve apretón en el hombro para hacerla reaccionar.
Remus la observaba con expresión suave, intuyendo el temor de ella. Su mirada no tenía enojo, solo compresión y cansancio.
―Hola ―murmuró Ava en voz baja.
―Esperaba un saludo más cálido, pero supongo que puedo conformarme con eso ―dijo Remus con una media sonrisa.
Ava sintió como su cuerpo se relajaba por completo al escucharlo y sin detenerse a pensarlo, se acercó a Remus y lo abrazó. Dejó que el olor a pergamino inundara sus fosas nasales e inmediatamente se sintió reconfortada.
―Pensé que estarías enojado conmigo.
―Princesa, yo jamás podría enojarme contigo ―dijo Remus tomando a Ava por los hombros para alejarla levemente y poder mirarla a la cara―. Entiendo que no hayas dicho nada, tampoco era tu secreto para revelar. Tu deja que los adultos resolvamos nuestros problemas, no tienes nada que ver con eso.
―Sirius no piensa lo mismo.
―Sirius es un necio, demasiado testarudo y orgulloso para su propio bien. Algún día tendrá que entender que los errores que cometemos los adultos no tienen nada que ver con nuestros hijos.