CAPÍTULO XVI. -COMPROMISO-

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El olor a incienso y flores de la casa de la señora Fairfax era imposible de soportar. Varias veces tuve que aguantar las ganas de vomitar por aquella combinación de olores potentes. Era como si el aire mismo estuviera sobrecargado de secretos y chismes, tan denso que casi podía cortarse con un cuchillo.

La señora Fairfax, de no más de 50 años, era una de las amistades más importantes de mi madre, aunque no por afecto sino por una mezcla de temor y necesidad. Era conocida por saber todo de todos, los secretos que guardaba eran tan fuertes que la gente siempre le mostraba respeto, quizá por miedo a que revelase sus más profundas perversiones. En este mundo de apariencias y mentiras, ella era la guardiana de las verdades más oscuras.

Estábamos sentados en su salón, un espacio que era el contraste perfecto de nuestra casa. Mientras la nuestra era elegante y costosa, con colores cafés y beige predominando, dando una sensación de sobriedad y tradición, la de ella era todo lo contrario. Sí, era costosa seguramente, pero la señora estaba tan obsesionada con los colores pasteles que estar ahí se sentía incómodo, como si hubiéramos entrado en el interior de un pastel de cumpleaños gigante.

Me revolví incómodo en el sillón, sintiendo cómo el tapizado de un rosa pálido parecía querer tragarme. Mi madre, sentada a mi lado, mantenía una postura perfecta, como si el ambiente no la afectara en lo más mínimo. Su máscara de cortesía estaba firmemente en su lugar, pero yo podía ver la tensión en la comisura de sus labios, la forma en que sus dedos se aferraban con demasiada fuerza a la taza de té que la señora Fairfax nos había servido.

"Margareth, ¿supiste lo de los Stevenson?" La voz de la señora Fairfax cortó el aire como un cuchillo, y sentí cómo mi cuerpo se tensaba instantáneamente.

Mi mente comenzó a correr desenfrenada. ¿Qué sabía ella de ellos, de Michael? ¿Habría sido algo ilícito? ¿O alguna práctica que no era bien vista? El miedo se apoderó de mí, imaginando que de alguna manera, esta mujer había descubierto mis sentimientos, mis pensamientos más profundos y vergonzosos.

"Su hija, la más grande, Mary se llama, ¿supiste que está embarazada? Y no se ha casado aún," dijo con indignación, una indignación que mi madre también compartió inmediatamente.

Sentí cómo el alivio me inundaba, mezclado con una punzada de culpa por sentirme aliviado ante la desgracia de otra persona. Pero ese alivio fue rápidamente reemplazado por una sensación de náusea que no tenía nada que ver con los olores de la habitación.

"¡Qué escándalo!" exclamó mi madre, su voz cargada de una falsa moralidad que me revolvió el estómago. "¿Cómo pueden permitir que algo así suceda? ¿Qué dirá la gente?"

Observé a mi madre, incapaz de comprender cómo podía sentirse así cuando ella misma, cada que podía, salía a sus aventuras con otros hombres. La hipocresía era tan palpable que casi podía saborearla, amarga y asfixiante como el incienso que flotaba en el aire.

"Oh, querida, es un desastre total," continuó la señora Fairfax, inclinándose hacia adelante como si estuviera compartiendo el secreto más jugoso del mundo. "Dicen que el padre es uno de esos... ya sabes, artistas bohemios que vienen de la ciudad. Un escándalo absoluto."

Mi madre asintió con fervor, sus ojos brillando con una mezcla de disgusto y fascinación morbosa. "Es increíble cómo algunas familias no pueden controlar a sus hijos. Es un reflejo terrible de su crianza, ¿no crees?"

Sentí cómo la bilis subía por mi garganta. ¿Acaso no se daba cuenta de la ironía de sus palabras? ¿O es que las mentiras y el engaño estaban tan profundamente arraigados en ella que ya no podía distinguir la verdad de la falsedad?

"Por supuesto, Margareth," respondió la señora Fairfax, su voz un susurro conspiratorio. "Pero dime, ¿qué hay de tu hijo? Un joven tan apuesto y bien educado como Danzel debe tener a todas las jóvenes suspirando por él."

SILENCIO. (Obsesión Vol 3)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora