La tarde de sábado se deslizaba sobre mí con una intensidad que contrastaba con su aparente monotonía. Frente al espejo del baño, mis manos ---esas manos que tantos secretos guardaban--- temblaban sobre la navaja de mi padre. No era la primera vez que me afeitaba, y sin embargo, cada movimiento se sentía como un ritual de transformación, cada trazo un acto de rebeldía contra mi propia juventud.
"¡Danzel, por Dios, sal del baño! Llevas horas ahí," la voz de mi madre atravesó la puerta, un sonido tan familiar como innecesario. Su desagrado flotaba en el aire, tan palpable como el vapor que se desprendía del lavabo.
"Buenas tardes también a ti, madre," respondí, mi tono destilando una indiferencia que había cultivado con el mismo cuidado con el que un jardinero cuida sus plantas más delicadas.
Mi habitación me recibió con la familiaridad de un refugio. Zeus, mi gato, descansaba en la ventana, su lengua trabajando meticulosamente sobre su abultado estómago ---producto de mi constante debilidad por alimentarlo con cuanto resto encontraba---. Me acerqué a él, más por la necesidad de calmar mis nervios que por un genuino deseo de afecto.
Mis ojos, sin embargo, no podían apartarse de la ventana de los Stevensson. De su ventana. De la ventana de Michael.
Él estaba allí, una visión que me robaba el aliento. Un traje color chocolate que abrazaba su figura con una elegancia que trascendía la simple moda, una corbata azul marino que parecía haber sido diseñada específicamente para él. Lo observaba sin pudor, protegido por el velo traslúcido de mi cortina, cada movimiento suyo era una sinfonía que resonaba en mi interior.
Se peinaba con una parsimonia que rayaba en lo sublime. Su mano ---esa mano que no sabía cuánto me fascinaba--- se movía con una precisión quirúrgica, cada mechón colocado con una delicadeza que me derretía por dentro. Su ceño ligeramente fruncido, ese gesto de concentración que lo hacía verse vulnerable y perfecto al mismo tiempo, era un imán para mis ojos, para mis pensamientos, para mi ser más íntimo.
No era una simple observación. Era una comunión silenciosa, un ritual de adoración que solo yo conocía.
Me aparté de la ventana con una determinación que nacía más del deseo que de la sensatez. Mis manos temblaban mientras seleccionaba el traje gris y la corbata azul claro, las prendas que reservaba para los eventos sociales de mis padres, aquellos rituales de apariencias y fingidas cortesías. Me vestí con una prisa que contradecía mi habitual meticulosidad, consciente de que el tiempo se deslizaba entre mis dedos como agua.
La cafetería frente a la librería Hemingway ---un establecimiento que siempre había considerado pretencioso--- me esperaba. Era curioso cómo un lugar que antes despreciaba ahora se convertía en el escenario de mis más íntimas expectativas.
Salí de casa a las 4:30, mi pulso marcando un ritmo irregular que parecía querer delatar mis intenciones. A las 5:10, la florería Black Lilium quedó atrás, sus aromas mezclándose con el sudor frío de mis manos. Para las 5:30, la campanilla de la cafetería anunciaba mi entrada como un heraldo traicionero de mi nerviosismo.
Y allí estaba él. Michael. Sentado junto a la ventana, la luz del atardecer creando un halo alrededor de su figura que le daba un aire casi etéreo. Nuestras miradas se encontraron en una danza silenciosa: sus ojos cafés, seguros y penetrantes, contra mis ojos azules, tímidos y esquivos. Su sonrisa ---esa sonrisa que me desarmaba por completo--- contrastaba con mi gesto vacilante.
Se incorporó cuando me acerqué, un movimiento fluido que hablaba de una seguridad que yo jamás poseería. "Danzel, llegaste tarde," bromeó mientras volvía a sentarse, "casi pensé que me dejabas plantado."
"Jamás podría hacerlo," las palabras escaparon de mis labios antes de que pudiera contenerlas. Me apresuré a corregir: "Digo, sería algo descortés, eso no va conmigo."
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SILENCIO. (Obsesión Vol 3)
Mystery / ThrillerEn un mundo donde las mentiras son la norma y los deseos se ocultan tras una máscara de conformidad, Danzel vive atrapado entre la búsqueda de la aceptación y el anhelo de amor. Desde su infancia, ha deseado fervientemente el cariño de sus padres, p...
