Michael Stevensson
1936
La puerta de mi habitación se cerró de golpe tras de mí. El eco resonó contra las paredes desnudas como un reproche. Otra discusión con mi padre... siempre la misma cantaleta. Él insistía en que debía mantenerme fiel a los Fairfax, que invertir con los Gallagher sería cavar nuestra propia ruina. Hablaba con la seguridad de un patriarca que cree saberlo todo, pero no entendía.
No conocía a Frederick Gallagher como yo.
Yo lo había observado desde que tuve la edad suficiente para diferenciar entre un activo y un pasivo. Lo vi levantar su imperio a partir de las cenizas, lo vi tomar decisiones arriesgadas que habrían destruido a cualquier otro y convertirlas en victorias. Era un hombre que, a su manera, me fascinaba. Inquebrantable, astuto, implacable. Un verdadero titán.
Y luego estaba Danzel.
Ese muchacho... cómo me llenaba de orgullo. La primera vez que lo vi, era apenas un adolescente retraído, nervioso, perdido en un mundo que le exigía demasiado pronto. Hoy empezaba a convertirse en un hombre de negocios, y lo hacía con una naturalidad que a veces me dejaba sin palabras. Su memoria prodigiosa, su manera de aferrarse a patrones para sobrevivir en medio del caos, la forma casi meticulosa con que colocaba cada palabra en un documento... eran cosas que, para otros, podían parecer triviales, pero que para mí se volvían fascinantes.
No era un hombre de tener un círculo social amplio, y mucho menos de abrir mi intimidad a otros. Pero Danzel... Danzel había encontrado un lugar en mi vida sin que yo lo advirtiera. Y no solo en mi vida, sino en el fondo de mi corazón. Un rincón que apreciaba y al mismo tiempo odiaba con toda mi alma.
Me acerqué a la cama donde descansaban varias carpetas. Las abrí con lentitud, recorriendo con la vista cada hoja. No me interesaba su contenido real; lo que me importaba era que él las había redactado. Su caligrafía perfecta, limpia, ordenada, era casi un reflejo de su mente obsesiva. Pasé los dedos por una línea de texto y me descubrí sonriendo, avergonzado de mí mismo.
No sé en qué momento comenzó a colarse en mi vida. Pero sí sé el día exacto en que me enamoré de él.
Cuatro meses antes
-Aún no estoy seguro de por qué querías traerme aquí -dijo Danzel, observando el enorme fósil de un triceratops que se erguía en el centro del museo.
-No lo sé -respondí, parándome a su lado, fingiendo leer la plaqueta desgastada-. Supuse que tal vez querías venir.
Se acercó un poco más, tanto que pude sentir la calidez de su hombro rozando el mío.
-Ya había venido hace unos meses.
-¿Con tu familia?
-No. Vine solo. A veces me gusta salir y olvidarme de todo.
Me quedé en silencio. ¿De qué querría olvidarse alguien como él? Tenía todo: un apellido respetado, un futuro asegurado, la admiración de cualquiera que lo conociera. Y sin embargo, lo escuchaba hablar como si hubiera un peso invisible sobre sus hombros.
Ese día, algo cambió. Empecé a fijarme en cosas cotidianas que antes habría pasado por alto: cómo ordenaba sus cubiertos antes de comer, cómo contaba inconscientemente los escalones al subir una escalera, cómo recordaba al pie de la letra frases que otros ya habían olvidado. Su necesidad de patrones, su memoria prodigiosa, lejos de parecerme extrañas, se volvían piezas de un rompecabezas que me obsesionaba.
Cada detalle suyo era una grieta que se abría en mí, un camino que me llevaba cada vez más cerca de él sin que pudiera evitarlo.
Dos meses antes
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SILENCIO. (Obsesión Vol 3)
Misterio / SuspensoEn un mundo donde las mentiras son la norma y los deseos se ocultan tras una máscara de conformidad, Danzel vive atrapado entre la búsqueda de la aceptación y el anhelo de amor. Desde su infancia, ha deseado fervientemente el cariño de sus padres, p...
