"¡DANZEL!"
La voz autoritaria de mi padre me devolvió a la realidad, la vil y cruel realidad. Me había perdido en mis pensamientos, quizás como un mecanismo de defensa ante lo que estaba por venir. Frente a mí, sentado tras el escritorio de caoba de mi padre, un hombre de mediana edad me estudiaba como si fuera un espécimen bajo un microscopio. El Dr. Harrison, según se había presentado, llevaba un traje gris impecable y un aire de superioridad científica que hacía que se me revolviera el estómago.
"Como les decía," continuó el doctor, ajustándose las gafas con un gesto estudiado, "esto es algo muy común aunque no lo crean. De hecho, he tratado casos similares con excelentes resultados." Su voz tenía ese tono condescendiente que solo los que se creen poseedores de la verdad absoluta pueden lograr.
Observé cómo movía sus manos mientras hablaba, gesticulando como si estuviera dando una conferencia sobre algo tan mundano como el clima. Durante los últimos cuarenta y cinco minutos, había repetido la palabra "enfermedad mental" tantas veces que había perdido todo significado, convirtiéndose en un zumbido amenazante en mis oídos.
Mi madre permanecía sentada en una esquina, sus manos entrelazadas sobre su regazo tan fuertemente que sus nudillos se habían tornado blancos. No me miraba directamente; su vista estaba fija en algún punto indefinido de la alfombra persa, como si allí pudiera encontrar una explicación para la "desviación" de su hijo.
"Bien, doctor, usted es el experto," mi padre se inclinó hacia adelante en su silla. "Lo que diga y haga está bien, y por supuesto..." Hizo una pausa significativa mientras extraía un sobre de su chaqueta. "Esto queda entre nosotros, ¿verdad?"
Vi el intercambio con una claridad dolorosa: el fajo de billetes pasando de una mano a otra, el precio de mi "cura" y del silencio profesional mezclados en un solo pago. El doctor guardó el sobre en su maletín con la práctica de quien está acostumbrado a tales transacciones.
"Y... ¿qué es exactamente lo que me harán?" Mi voz sonó más débil de lo que pretendía, el miedo filtrándose a través de cada sílaba mientras miraba a los tres rostros frente a mí. Mi padre, con su máscara de preocupación paternal que apenas ocultaba su disgusto. Mi madre, todavía evitando mi mirada, como si mi mera presencia la avergonzara. Y el doctor, con esa sonrisa profesional que no llegaba a sus ojos.
"No te preocupes por eso," respondió el doctor con una suavidad que me heló la sangre. "Esto será rápido e indoloro. Terminaremos tan rápido que no te darás cuenta." Se levantó, señalando la mesa de examinación que habían instalado en el estudio. "Ahora sé un buen chico y recuéstate sobre la mesa."
Miré a mi padre, buscando... ¿qué exactamente? ¿Compasión? ¿Intervención? Su mirada era clara: debía obedecer. Era una orden silenciosa, tan efectiva como si la hubiera gritado.
Mis piernas se movieron por sí solas hacia la mesa. El cuero frío contra mi espalda me provocó un escalofrío mientras me recostaba, y el sonido del maletín del doctor abriéndose resonó en la habitación como un presagio.
El sujeto procedió a realizar su "trabajo" con una eficiencia mecánica que solo intensificó mi terror. Primero fueron las muñecas: los arneses de cuero crujieron mientras los ajustaba alrededor de ellas, asegurándolos a la mesa mediante hebillas ocultas bajo la superficie. El sonido metálico de cada cierre era como un pequeño martillazo en mi consciencia. Luego siguieron los tobillos, aprisionados con la misma precisión implacable, eliminando cualquier posibilidad de movimiento.
La mordaza de piel fue la siguiente. El cuero, trabajado y suave, silenciaría cualquier sonido que intentara emitir. Mientras me la colocaba, percibí un leve aroma a antiséptico, como si el objeto hubiera sido recientemente limpiado para su uso. El pensamiento me provocó náuseas.
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SILENCIO. (Obsesión Vol 3)
Misterio / SuspensoEn un mundo donde las mentiras son la norma y los deseos se ocultan tras una máscara de conformidad, Danzel vive atrapado entre la búsqueda de la aceptación y el anhelo de amor. Desde su infancia, ha deseado fervientemente el cariño de sus padres, p...
