"una nueva amistad"

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Capitulo 18

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El camino de regreso a la finca de Sanemi estuvo cargado de un silencio cómodo, uno que no necesitaba ser roto por palabras innecesarias. Genya caminaba a su lado, llevando la ropa ordenadamente envuelta en la manta, mientras Sanemi observaba todo a su alrededor con una mezcla de curiosidad y asombro. Aunque el paisaje le resultaba vagamente familiar, en su mente de niño todo parecía nuevo y extraño, como si explorara cada lugar por primera vez.

Cuando finalmente llegaron al portón principal de la finca, Genya se detuvo un momento, observando el lugar antes de empujar suavemente las puertas de madera. El chirrido de los portones al abrirse dejó al descubierto una extensa finca, imponente y bien cuidada, con grandes árboles que daban sombra al camino principal.

Sanemi, sorprendido por la magnitud del lugar, se detuvo a mitad del paso, sus ojos recorriendo cada detalle de la finca. "¿Este lugar es mío?" preguntó, girando la cabeza hacia Genya, la incredulidad pintada en su rostro.

Genya lo miró con una suave sonrisa y asintió. "Sí, nii-san. Este lugar te pertenece."

El pequeño frunció el ceño, tratando de procesar esa información. Nunca había imaginado vivir en un lugar tan grande, tan imponente. ¿Cómo podía pertenecerle? Sin más preguntas, continuó caminando detrás de su hermano, sus ojos aún explorando el terreno mientras se dirigían a la casa principal. Las grandes puertas corredizas se abrieron, revelando un amplio vestíbulo que conectaba a varias habitaciones.

Ambos caminaron por los pasillos hasta llegar a una de las habitaciones del ala este, que Genya indicó como la que pertenecía a Sanemi. Allí, Genya dejó caer suavemente las mantas en un rincón y comenzó a sacar y doblar la ropa del menor, guardándola en un pequeño armario al lado de la cama. Sanemi, mientras tanto, empezó a explorar el lugar, sus ojos curiosos deteniéndose en cada rincón, cada mueble, como si todo fuera nuevo para él.

Se acercó a la ventana, abriéndola para dejar entrar la brisa fresca de la tarde. Desde allí, podía ver el extenso patio trasero, cubierto de árboles y un sendero hecho de piedras que se extendía por todo el patio. Sin embargo, el pequeño no se quedó mucho tiempo observando, pues su mente comenzó a divagar en torno a algo más importante: la presencia de su hermano.

Sanemi regresó a la habitación y, viendo a Genya concentrado en su tarea, preguntó en voz baja, "¿Tú también vives aquí conmigo?"

Genya se detuvo por un momento, estático. No había esperado esa pregunta. Su rostro se suavizó mientras giraba lentamente hacia su hermano, mostrando una expresión tranquila pero un poco dolida. "No... Yo me estoy quedando con Himejima-san," respondió en un tono amable, pero con un ligero atisbo de tristeza en su voz. "No vivo aquí."

Sanemi lo miró, desconcertado. "¿Y por qué no te quedas aquí? Este lugar es enorme, es hasta más grande que la de Giyuu." Su voz mostraba una mezcla de confusión y un poco de reproche infantil, como si no entendiera por qué su hermano menor no quería vivir con él en ese lugar tan grande y acogedor. ¿No se suponía que las familias debían estar juntas?

Genya soltó un leve suspiro y, con la misma calma de antes, respondió, "Sí que lo es... Pero por ahora, me estaré quedando contigo un tiempo, nii-san."

Esas palabras hicieron que el semblante de Sanemi cambiara instantáneamente. Una chispa de alivio y felicidad llenó sus ojos al saber que no estaría solo en ese inmenso lugar. "¡Eso es bueno!" exclamó con una sonrisa amplia, corriendo hacia Genya y abrazándolo con fuerza. Aunque la diferencia de edades ahora era evidente, en ese instante, eran simplemente dos hermanos unidos por el lazo familiar que siempre los había mantenido cerca, sin importar las circunstancias.

Mientras Genya terminaba de guardar las últimas prendas de ropa, Sanemi seguía a su lado, hablándole de cosas triviales, pero importantes para él. Desde su admiración por Giyuu hasta las aventuras que imaginaba vivir en su nuevo hogar. Genya lo escuchaba con una paciencia infinita, asintiendo de vez en cuando y sonriendo ante los pequeños comentarios del menor.

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Mientras tanto, en la finca de Tomioka, la quietud reinaba en el aire. Giyuu había terminado de limpiar la casa, y por primera vez en varios dias, no tenía que preocuparse por cuidar de alguien más. Aunque apreciaba la tranquilidad, había algo en el silencio que lo hacía sentir un poco... vacío. No era exactamente tristeza, pero la ausencia de Sanemi, aunque pequeña, parecía dejar un hueco en su rutina diaria.

Decidió que lo mejor sería entrenar para despejar su mente. Tomó su haori, su katana, y salió hacia el área de entrenamiento, donde el aire fresco y el sonido de las hojas moviéndose con el viento le trajeron un ligero alivio. Al llegar al patio, se encontró con Rengoku, quien estaba practicando con una katana de madera.

"¡Tomioka!" exclamó Rengoku con su característico entusiasmo, dándole la bienvenida. "¡Es un buen día para entrenar juntos! ¿Qué te parece?"

Tomioka, siempre reservado, asintió con la cabeza. Sabía que Rengoku era amable y disfrutaba de la compañía, así que no tenía motivos para rechazar la propuesta. Ambos tomaron katanas de madera y se posicionaron frente a frente, listos para comenzar el entrenamiento.

En cuanto cruzaron miradas, el ambiente se volvió tenso, pero no en un sentido negativo. Era la concentración absoluta de dos cazadores de demonios que sabían cómo medir sus fuerzas. El choque de las katanas resonó en el aire, mientras ambos se movían con velocidad y precisión, como si estuvieran en una verdadera batalla.

Durante varios minutos, intercambiaron golpes, esquivando y contraatacando en perfecta sincronía. Sin embargo, a medida que el enfrentamiento avanzaba, Rengoku notó que Giyuu estaba más distraído de lo habitual. Aunque su técnica seguía siendo impecable, había algo en sus movimientos que carecía de la usual determinación.

Finalmente, el encuentro terminó con una victoria para Rengoku, quien logró desarmar a Tomioka en el último segundo. El Pilar de la Llama, siempre radiante, le ofreció una mano para ayudarlo a levantarse del suelo.

"Te noté más distraído de lo normal, Tomioka," comentó Rengoku con una sonrisa amable. "¿Sucede algo?"

Tomioka, aún recuperando el aliento, negó con la cabeza. "Estoy bien," dijo con su habitual calma, aunque internamente se preguntaba si de verdad estaba en lo correcto. No se sentía enfermo, ni tampoco herido, pero había algo que lo mantenía distante, incluso en medio del entrenamiento.

Rengoku lo miró por un momento, con esa capacidad de ver más allá de lo que las palabras decían. "Es por nuestro pequeño compañero de armas, ¿no es así? Hablo de Shinasugawa. Escuché que su hermano menor lo cuidará por el momento."

Tomioka, mientras limpiaba el polvo de su ropa, asintió ante lo dicho. "Así es. Ellos ya se fueron a la finca de Sanemi." Su voz era serena, pero había una pequeña nota de preocupación que Rengoku captó fácilmente.

"Genya me dijo que era más probable que se recuperara más rápido si estaba en un lugar que le fuera más familiar y cómodo," continuó Tomioka.

"Ya veo," respondió Rengoku, asintiendo con comprensión. "Concuerdo con eso. Yo también me sentiría más a gusto si estuviera en casa con mi hermano." Una sonrisa cálida iluminó el rostro de Rengoku al mencionar a su propio hermano.

Tomioka, observando esa alegría en los ojos de su compañero, no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa. "Espero que se recupere pronto," comentó mientras caminaba hacia donde había dejado su katana.

Rengoku lo siguió, dándole una palmada amistosa en el hombro. "¿Qué te parece si vamos a comer algo? Yo invito."

La idea de pasar un tiempo con alguien tan radiante como Rengoku no le pareció tan mala. De hecho, Tomioka sentía que quizá, ese tipo de compañía le haría bien. Asintió, aceptando la invitación.

"No estaría mal," respondió con una leve sonrisa.

Mientras caminaban juntos hacia el pueblo, Tomioka pensó que, tal vez, no sería tan malo abrirse un poco más y ser amigo de alguien tan cálido como Rengoku.

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En algunas horas estaré subiendo el siguiente capítulo.

Saludos...

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⏰ Última actualización: Oct 19, 2024 ⏰

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