Una mirada al abismo
«Eiry calide». El hechizo de Morgrim se le vino a la mente mientras intentaba no pensar en el cuervo que sobrevolaba sus cabezas. Liam estaba seguro de que el ave los había visto, aun cuando avanzaban ocultos a la sombra de los betos que bordeaban ambos lados del camino. Estuviera o no en lo cierto, lo único que podían hacer era pedalear con todas sus fuerzas para llegar lo más pronto posible a su destino: la Rueda del Abismo, antes de que algún soldado apareciera frente a ellos y le pusiera fin a su cruzada.
Había pasado media hora desde que dejaron a Morgrim. Liam estaba encorvado sobre el manillar, con los hombros caídos, esforzándose por mantener firmes sus brazos entumecidos. Cheryl se encontraba rezagada; su dedo palpitaba de dolor y sus piernas se movían a pura fuerza de voluntad, cada vez más lentas y pesadas.
—Lo siento —murmuró Calrion mientras ajustaba sus lentes y sombrero.
—¿Por qué te disculpas? —preguntó Cheryl, su respiración agitada.
—Quisiera ayudar —El chico hizo una mueca con los labios y continuó—. Ustedes están haciendo todo el trabajo y eso me sienta un poco mal.
—Has hecho bastante, si no fuera por ti aún estaríamos encerrados en la Academia —aclaró Cheryl y sus ojos brillaron de alivio al ver que, finalmente la salida del parque estaba delante de ellos.
—Si hago un esfuerzo más...
La chica lanzó un gritito y empezó a pedalear con más fuerza hasta que alcanzó a Liam y Elianor. La joven duquesa gritó "espera" como advertencia, pero Cheryl la miró por encima del hombro, le sacó la lengua y siguió adelante sin disminuir la marcha.
—¡Cheryl! —gritó Calrion, sujetando con una mano la camisa de la aspirante y con la otra sus lentes y gorra que amenazaban con salir volando.
Cheryl se giró al frente, pero ya era demasiado tarde.
—¡Agárrate fuerte! —gritó ella.
—¿¡Más!? —respondió el chico del Bastión con los ojos bien abiertos.
Los sorprendió una calle en pendiente por la que se lanzaron cuesta abajo a toda velocidad. El cabello de Cheryl volaba al viento, sujeto en dos coletas que le azotaban la cara a Calrion. El chico trataba de decir algo, pero quedó mudo cuando Cheryl soltó el volante y alzó las manos en una explosión de alegría mientras gritaba con fuerza "¡viva!
—¡Estás loca! —reaccionó Calrion, negó con la cabeza y soltó una carcajada.
Liam y Elianor los alcanzaron. El joven aspirante iba cruzado de brazos, con la mirada fija en el manillar. A su mente llegaron vívidos recuerdos, lejos de portales, islas flotantes y cuervos acechando por encima de su cabeza. Recordó su antiguo colegio, sus amigos y las bromas en los pasillos; la tienda de videojuegos, la cafetería y todos los lugares por los que solía pasar en bicicleta de regreso a casa. Recordaba, con melancolía, la vida que le había sido arrebatada y que seguramente jamás volvería a recuperar.
—¿Qué magia están usando? —preguntó Calrion en voz alta. Pensaba que las bicicletas se mantenían estables, serenas en línea recta, debido a algún tipo de poder sobrenatural.
—Es física —respondió Liam y se quedó pensativo. Sabía que tenía algo que ver con inercia, pero no podía recordar nada más.
Cheryl abrió la boca entusiasmada pero Elianor se adelantó:
—Inercia y momento angular —dijo la joven duquesa, como escupiendo las palabras.
Cheryl se crispó y volvió a abrir la boca, odiaba que le arrebataran su momento de brillar, pero Liam advirtió que se acercaban a una curva cerrada al final de la pendiente. Sin perder tiempo, tomó el manillar y presionó los frenos para reducir la velocidad, dejando a Cheryl rezagada unos metros. Furiosa, la chica encaró la curva a toda velocidad, inclinando el cuerpo junto a Calrion, quien estaba convencido que en cualquier momento saldrían disparados dando vueltas por la calle.
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LIAM LUNA Y LA BRÚJULA DEL REY CUERVO
FantasyObligado a continuar con el legado de la orden secreta a la que su familia ha pertenecido por generaciones, Liam cruza el portal a Eirialis junto a Cheryl, su amiga de la infancia, y Leo, su mentor, para realizar las pruebas de ingreso a la Academia...
