Princesas de la primavera Parte 1
El olor a pan recién hecho, a resina de pino y abeto, y el murmullo vivo de un pueblo llenaban el aire. Cheryl caminaba con la mirada puesta en el adoquinado de piedra negra, de cuyas juntas asomaban, tímidos, hierbajos y pequeñas flores. Nunca había visto una calle tan negra. En la ciudad donde vivía, muchas de las vías hacia los pueblos eran de asfalto, pero nunca había visto una calle de piedra tan oscura. Tal vez era algún tipo de ópalo o turmalina.
Le echó una mirada a Elianor. La muy engreída caminaba a su lado, sin preocupaciones, como si toda la aldea fuera una pasarela. Que ahora fueran amigas no significaba que tendría que ser hipócrita o condescendiente. Ser sinceros siempre. Eso se lo había enseñado Liam... Levantó la mirada y suspiró: el pobre debía de estar muy preocupado. No podía esperar a ver su cara y la de Calrion, cuando se reunieran de nuevo. Porque se reunirían de nuevo, ¿verdad? Elianor debía de estar planeando algo. Tendrían que esperar a estar a solas para poder hablar. Mientras tanto...
—¿Estas piedras son de turmalina negra, cierto? —preguntó Cheryl a los dos guardias.
Los hombres siguieron andando; ni siquiera voltearon a verla. Cheryl apretó los labios en una fina línea y clavó los ojos en sus espaldas, como si tuviera el poder de hacerlos voltear solo con la mirada. Ya no era aquella niña que se sentaba sola en una banca en la escuela, aquella a la que solo acompañaba, en el recreo, el vecinito de la esquina cuando sus compañeros adinerados la ignoraban. Ahora podía defenderse. Ahora podía fulmirar con la mirada. No necesitaba a Liam ni a nadie
—Gravonix —dijo la duquesa.
Cheryl salió de golpe de sus divagaciones. ¿qué había dicho Elianor? Se restregó los ojos y miró a su alrededor... la gente... Eran ideas suyas.
—Disculpa ¿Qué decías?
—No me gusta repetirme —respondió Elianor con voz seria—. Hace unos años vi una en exhibición en el museo de mi ciudad
—¿Una qué? —preguntó Cheryl y al segundo cayó en cuenta—. oh, si, disculpa, las piedras.
Elianor puso los ojos en blanco, hizo una mueca con sus labios delgados y continuó
—Estaban custodiadas por guardias y protegidas por tres capas de vidrio templado. Son piedras prohibidas Aún no me explico cómo las calles de todo este lugar pueden estar hechas de esta piedra.
Cheryl observó que los brazaletes de los guardias también estaban hechos de aquella piedra; y no solo los de los guardias: campanillas en los portales, pomos en las puertas... la gente la miraba... marcos en las ventanas, ruedas de carretas... la gente la miraba... barandas, letreros, postes... si prestaba atención, la bendita piedra estaba en todo y la gente...
Sintió que algo le tocó la mano. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo; se volvió de un respingo. Gritó... Era una señora con su hijo. Los guardias reaccionaron de inmediato y la apartaron del camino.
—¿Cheryl? ¿Cheryl?
La voz de Elianor se escuchaba como si estuviera tapada por un trapo, opaca a sus oídos.
—¿Qué ha sido eso? —preguntó en voz alta a los guardias. Luego tomó a Cheryl por los hombros, visiblemente preocupada—. ¿Estás bien?
—Sí, solo me he asustado —dijo Cheryl y abrió la mano. Una flor. La señora le había dado una flor. Se quedó viéndola y decidió guardarla en el bolsillo de la chamarra, la de Liam, que aún llevaba puesta. ¿Qué significaba?
—¡Será mejor que se expliquen, ya! —espetó Elianor con un tono alterado.
—Solo fue un susto, oye; no te preocupes. Y eso que yo soy la efervescente —dijo Cheryl y ensayó una sonrisa como pudo.
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LIAM LUNA Y LA BRÚJULA DEL REY CUERVO
FantasiaObligado a continuar con el legado de la orden secreta a la que su familia ha pertenecido por generaciones, Liam cruza el portal a Eirialis junto a Cheryl, su amiga de la infancia, y Leo, su mentor, para realizar las pruebas de ingreso a la Academia...
