MARCUS
Los tentáculos tubulares caían sin dilación. La cabeza de Marcus era una diana en movimiento, y con cada esquiva, su sello trazaba cintas de luz azul que le conferían a la cámara un aire espectral. Derecha, izquierda, saltar, agacharse, retroceder... y repetir aquel baile en el que la muerte no aceptaba errores.
Un tentáculo le rozó la cara: gotas de sangre llenaron el aire. Otro falló su cabeza por un milímetro. ¿Aquella cosa se movía con vida propia o era esa extraña niña quien la controlaba?
Derecha, izquierda... ¡no!, ¡retrocede! Si una de esas cosas lo atrapaba, volvería a ser marioneta del Imperio, y eso no podía permitirlo. ¿y si ocurría? Tenía esa última carta, una esperanza, quebradiza, una idea nunca probada que ni siquiera sabía si funcionaría. Pero ¿cuándo le había regalado Symmaria la tranquilidad de una certeza? No, así no funcionaba la vida con Marcus. El tendría que encontrar por su cuenta la respuesta.
Aquella niña lo seguía observando, con unos ojos que reflejaban curiosidad y sorpresa. No eran emociones a las que Marcus estuviera acostumbrado a recibir de un enemigo.
—Me he divertido —dijo Calamidad con voz suave—. He aprendido mucho contigo.
Otro tentáculo cayó. Marcus se ladeó a la derecha por reflejo; el pecho le brilló bajo la tela. Calamidad siguió hablando:
—Veo que no puedes utilizar tu propia aura —añadió, haciendo una floritura suave con la mano a la que respondieron los Lurkhais.
Los engendros gritaron, y los tentáculos cambiaron bruscamente de trayectoria. Impactaron con fuerza en el costado de Marcus. Las costillas crujieron. El symne no logró cubrirse a tiempo. Apretó los dientes, pero el dolor fue más fuerte; todo el aire abandonó sus pulmones en un grito angustioso. Marcus quedó estampado contra una columna con un golpe seco.
—Si te tomas uno de esos frascos, ¿te recuperas? —preguntó la niña, con genuina curiosidad, cruzándose de brazos y apoyando el mentón en la mano—. Adelante. Bebe uno.
El piso de piedra se tiñó de vómito rojo. Marcus, con manos y rodillas al suelo, gemía de dolor. Se desplomó de bruces y rodó hasta quedar boca arriba. Los tentáculos habían dejado de atacarlo; se movían como serpientes, como cientos de nematodos ciegos olisqueando el aire.
Alcanzó su cinturón, sacó el último vial que le quedaba —el violeta— y lo bebió. Sintió el calor encender su alma. Las energías volvieron, pero las heridas... esas no sanarían, aún no. Sin embargo, el aura extraída y concentrada en ese vial fue suficiente para que se levantara nuevamente y encarara a la muerte en forma de niña.
—Ya veo —dijo Calamidad con su voz infantil, dulce y calmada—. Con lo que has tomado, apenas has logrado igualar la regeneración de un celestial. Aun así, es impresionante. Usar microorganismos para extraerles aura es una solución... ¿cómo diría madre? Oh, sí... elegante.
Calamidad señaló el pecho de Marcus con el dedo índice y se metió la punta entre los labios. Se quedó pensativa, quieta, de pie en su túnica dorada era como un volcán a punto de estallar. Marcus tragó saliva, era su oportunidad. Se movió, pero sus piernas no respondían a la velocidad que ahora podía pensar, su cuerpo aún no se había recuperado del todo, pero necesitaría todo lo que tenía para ganar. ¿Cómo podría distraerla? Necesitaba hacer que se moviera para así, poder alcanzar la consola que estaba detrás de ella. La que, al romper el sello, liberaría al engendro que necesitaba atrapar.
—Si quieres, puedo enseñarte más trucos —dijo Marcus, tratando de ganar el tiempo que sus huesos necesitaban.
Calamidad seguía absorta, con el dedo en su pequeña boca. Marcus no podía entender cómo una persona tan menuda y de apariencia tan frágil e inocente le causara escalofríos. O tal vez era precisamente por eso. ¿Qué estaba tramando? ¿Quién era? En todos sus años como perro del Imperio, jamás la había visto.
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LIAM LUNA Y LA BRÚJULA DEL REY CUERVO
FantasyObligado a continuar con el legado de la orden secreta a la que su familia ha pertenecido por generaciones, Liam cruza el portal a Eirialis junto a Cheryl, su amiga de la infancia, y Leo, su mentor, para realizar las pruebas de ingreso a la Academia...
