LA COSECHA DE SANGRE
Olía a muerte. El rey cuervo surcaba un cielo gris, cargado de humo y llovizna, mientras sus ojos contemplaban un paisaje de desolación. El campo se extendía ante él, cubierto por una capa de lodo, sangre, cuerpos desmembrados y bruma. Bestias caídas, partidas en dos, yacían junto a los cadáveres de aquellos que habían sido aspirantes a guardianes. Niños, casi todos ellos, con un futuro brillante, si no hubiera sido porque, fue su propia mano, la que los envió al abismo, a convertirse en nada más que carne muerta.
No podía percibir la presencia de ninguno de ellos; la prueba había fracasado de manera brutal. No quedaba nada por hacer. Sin embargo, antes de volar hacia Volaris para romper su conexión con el cuervo y devolver su conciencia a la sala imperial, escuchó una débil tos que se alzaba en medio de la bruma sofocante, cargada de hollín. Batió las alas y descendió hasta posarse sobre la cabeza inerte de una flamumbra. Entonces lo vio: atrapado desde la cintura por el cuerpo de una gran criatura, el aspirante número treinta: Azkary de Eleind.
El joven había tenido una suerte inusual; no había otra forma de explicar cómo seguía con vida tras aquel enfrentamiento. Sin embargo, el peligro persistía y el Rey Cuervo no podía ayudarle. Usaba los cuervos sólo como una extensión de sus ojos y oídos, pero más allá de eso, las aves seguían siendo criaturas ordinarias, sin la fuerza necesaria para liberarlo. El chico debía hacerlo solo y rápido, porque, a pesar de que la URA, Unidad de Respuesta Avanzada liderada por la Emperatriz, había eliminado a las criaturas restantes tras comprobar el fracaso de la prueba, el área continuaba extrañamente activa y era cuestión de tiempo antes de que surgieran más engendros.
Azkary buscó apoyo en el suelo, pero sus manos se hundían y resbalaban en el barro. Tosió. El Rey Cuervo lo miró a los ojos desde su posición, y en ellos vio el terror, pero también el rojo de la rabia que se escondía detrás de las lágrimas.
—¡Ayúdame, maldito pajarraco! —gritó—. ¿O es que esperas a que muera para comerme?
El chico golpeó el barro con ambas manos, cerrando el puño mientras gritaba improperios hacia la corona, hacia el Rey Cuervo, hacia los engendros del abismo y hacia sí mismo. Si tan solo hubiera sido más fuerte... Luego llegó el silencio, largo y pesado. El crepitar de las llamas se alzaba sobre el viento frío y lo intentó nuevamente, y de nuevo, y otra vez, hasta que por fin, ya casi sin aliento, con los brazos cansados y con las piernas entumecidas, logró salir de debajo de la criatura.
Se arrastró por el barro con las piernas entumecidas. Su cuerpo, pequeño y delgado, estaba cubierto de innumerables heridas, visibles entre los restos de lo que alguna vez fue una cota de cuero y acero symmeriano. Se quedó allí, inmóvil, mirando al cielo. Entre el velo de humo la distinguió, a lo lejos, suspendida en las alturas, una mancha negra a contraluz se dibujaba como un agujero irregular en el aire. Allí estaba, tan cerca y a la vez, tan inalcanzable: el Reino de Volaris, la isla en el cielo.
Alzó una mano, como si quisiera atraparla, y una risa amarga escapó de sus labios. Sin poder evitarlo, las lágrimas comenzaron a caer. Había perdido a su mejor amigo. Sin poder hacer nada para evitarlo..
Ambos eran huérfanos de la casta de los Marcados del islote granja operado por la Compañía Bananera de Eirialis. Desde los ocho años, trabajaban allí, como tantos otros. Al igual que la mayoría de los Marcados, su amigo probablemente había decidido someterse a las pruebas para convertirse en guardián y, algún día, comprar su libertad.
—Levántate, niño —resonó la voz de la emperatriz en su cabeza—. Ve al norte, como te indicaron. Allí encontrarás la bandera y el equipo necesario para regresar. Lo harás por tu cuenta, y habrás pasado la Cosecha de Sangre.
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LIAM LUNA Y LA BRÚJULA DEL REY CUERVO
FantasiObligado a continuar con el legado de la orden secreta a la que su familia ha pertenecido por generaciones, Liam cruza el portal a Eirialis junto a Cheryl, su amiga de la infancia, y Leo, su mentor, para realizar las pruebas de ingreso a la Academia...
