Caídas del Cielo
El aire apenas alcanzaba para llenar los pulmones, como si la cueva misma lo racionara. Aún así, el camino no era oscuro. Cristales crecían alrededor de troncos de roca con forma de hongos, extendiéndose por toda la cueva como un bosque petrificado. Cada formación brillaba con una luz fría. Iluminaban el suelo irregular y creaban sombras que oscilaban a cada paso. Denis ajustó la correa de su mochila con un tirón brusco. El peso lo inclinaba hacia adelante, dificultándole avanzar por los pasajes deformes y resbaladizos. Pero la carga era buena: los cristales chocaban entre sí, llenaban el aire con un sonido metálico que lo hacía sonreír. Había sido una buena decisión abandonar a su grupo y bajar más profundo, ahí donde nadie se más atrevía. Cuando regresara a la superficie, les restregaría su éxito en la cara, con la esperanza de que, por fin, empezaran a tomarlo en serio.
Poco después, una luz resplandeciente inundó la cámara y una ráfaga de aire puro le llegó de golpe. Pensó que el trayecto hacia la superficie había sido más breve de lo que había anticipado, y no se equivocaba. Al emerger, lo recibió un caótico rompecabezas de islotes flotantes: decenas de enormes fragmentos que parecían los vestigios de una explosión de roca, suspendidos en el aire por una fuerza que no comprendía. Definitivamente, esa no era la salida hacia la aldea.
Los rayos del sol se filtraban a través de un cielo opacado por una densa capa de niebla que bloqueaba su mirada y se derramaba sobre los islotes, creando contrastes de luz y sombra en la vegetación exuberante que cubría sus superficies. Hermoso, sí, pero Denis no conocía nada más, y cuando uno no conoce más que el mismo paisaje, llega un momento en que verlo no genera ninguna emoción. Pero el abismo... el abismo era diferente. Se acercó al borde de la salida del risco y miró hacia abajo: la vasta inmensidad se extendía cientos de metros bajo sus pies. Sobre las tierras bajas, grietas profundas serpenteaban entre bosques marchitos, ruinas de piedra, cenizas y lava volcánica petrificada.
—No puede ser —gruñó para sí mismo, llevándose la mano a la cara con frustración—. Era por la izquierda. Tendré que volver a bajar. —Puso los ojos en blanco y murmuró con exasperación—. Qué pereza.
De repente, antes de que pudiera dar media vuelta y regresar a la cueva, un bramido resonó en el aire, y luego dos figuras cayeron del cielo, rompiendo la niebla y dejando un rastro espeso hasta impactar en uno de los islotes cercanos. Denis sacudió la cabeza, se llevó las manos a la cara en un intento por despejar su sorpresa, luego agudizó la vista:
—Son... dos personas
Con una rapidez inusitada, bajó la mochila y, sin dudarlo, colocó su mano sobre ella, recitando en voz alta:
—¡Adensio!
Al instante, un resplandeciente círculo mágico se desplegó sobre la tela. Agarró uno de los tirantes con firmeza, retrocedió para tomar impulso y, con todas sus fuerzas, la lanzó hacia el islote que se encontraba a una gran distancia de él. La mochila, repleta de cristales, surcó el aire en un elegante arco, acortando sin dificultad alguna, la distancia que lo separaba de la caverna y el islote donde habían caído las figuras. Entonces, cerró los ojos un instante. Sintió la adrenalina en su sangre, el latido de su corazón retumbar como un tambor en sus oídos y con la mano en su pecho volvió a repetir en voz alta:
—¡Adensio!
Algo se iluminó debajo de su ropa mientras se lanzaba, sin dudarlo, al vacío.
Sus ojos seguían la trayectoria de la mochila que avanzaba en el aire, como un proyectil lanzado con precisión. Extendió los brazos, y al hacerlo, su ropa se estiró, formando un pliegue que lo asemejaba a un murciélago. El viento del abismo le golpeaba la cara. Al impactar con las alas de su traje, un impulso lo empujó hacia arriba, haciendo que planeara en una horizontalidad tan perfecta que tuvo que plegar los brazos para ajustar su dirección.
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LIAM LUNA Y LA BRÚJULA DEL REY CUERVO
FantasyObligado a continuar con el legado de la orden secreta a la que su familia ha pertenecido por generaciones, Liam cruza el portal a Eirialis junto a Cheryl, su amiga de la infancia, y Leo, su mentor, para realizar las pruebas de ingreso a la Academia...
