Meredirs: La Isla del Olvido
Parte 2
Ocho minutos después, Marcus volvió a respirar. Julius le dio los primeros auxilios con Wellion, y el color regresó entre espasmos y tos seca. Cruzaron la plataforma hacia la entrada del castillo, un plano abierto sembrado de cuerpos inmóviles: rostros crispados por el espanto, manos tendidas hacia camaradas igual de inmóviles, encogidos en posición fetal con la boca abierta y los ojos vacíos. No se detuvo. Hace cuatro años lo habría hecho. Cuando partió de la aldea rumbo a Volaris, con el sueño de convertirse en héroe. Antes de la traición. Antes de la cosecha de sangre.
Llegaron al portón. Cruzaron. En la antesala, solo el eco de sus pasos y más muertos. Hacía lo que hacía por su pueblo, pensó, aunque en el camino se odiara a sí mismo.
Marcus apuró un frasquito de Symbiora. El líquido le ardió en la garganta y el cuerpo lo reconoció al instante: era mestizo, y los mestizos tenían contenedores áuricos tan pequeños que, para conjurar, debían robarle el aura a un ser vivo. Recordó las historias. Una guerra que los condenó como vampiros. A su pueblo huyendo hacia los abismos. A quien encontró la manera de hacerlo diferente... A su salvador, en quien se veía reflejado.
Empezó a extraer, frenético, el aura de los millones de microorganismos cultivados para tal fin. Porque, según su credo, nunca más un mestizo debería quitarle la vida a otro ser humano, pero aún así, ahí estaba él, convertido en la muerte.
—Gracias, Julius —dijo Marcus, con el sabor acre aún en la lengua, pero la cabeza despejada.
Aquel recinto era igual a como Marcus lo recordaba: Pisos de mármol, sillones de finas pieles y como loba vestida de oveja, paredes de piedra negra pintada de blanco. Una mentira, igual que el emblema de Volaris, que ondeaba orgulloso sobre sendos estandartes. Tensó la mandíbula. Llegó el asco.
Frente a ellos estaba la puerta del anfiteatro. Julius se tomó otro frasco de symbiora de un trago. Respiró hondo. Rugió y sus músculos se ensancharon. Desapareció del campo de visión de Marcus y medio segundo después, su amigo fue una bala de cañón contra un muro de ramitas, el rugido de un trueno, la fuerza de un rayo contra un árbol. Marcus se cubrió con el antebrazo el rostro mientras encaraba el estallido de astillas y cruzaba la puerta con el tintineo metálico de las bisagras sobre el suelo.
Dentro, las mesas estaban desnudas, con sillas estilo Tiffany boca abajo sobre ellas. Anaqueles repletos de manteles, vajillas, copas y candelabros derramaban la luz cálida de las fulgosferas.
—¡Abismosos hipócritas! ¡Despreciables mentirosos! —gritó Marcus—. Pero no temas, amigo mío, nosotros destruiremos sus máscaras.
Julius lo miró con extrañeza. Frente a ellos se alzaba un escenario con un telón rojo y, abajo a la derecha, una puerta marcada con el letrero de salida. Julius continuó:
—Lo que ves, es solo lo que se muestra como escenario de condecoraciones oficiales, eventos benéficos y actos de alta alcurnia. Pero nosotros vamos hacia sus entrañas, hacia el motor que ha permitido al imperio ocultar, durante mil años, la masacre más sangrienta de esta era: La Cosecha de Sangre.
El recuerdo seguía vivo: la cápsula, los cables, su cuerpo, el hectógono de cien brazos y la bruma negra y viscosa apoderandose de sus recuerdos. El Symne apretó los dientes. —¿Cuánto más puedes soportar antes de llegar a tu límite? —preguntó a Julius, en un intento por sujetar las riendas a su mente desbocada.
—Lo que tenga que soportar, symne
—Te necesito con vida. Ya lo hemos hablado, si muero, tú serás el nuevo Symne, no hay nadie mejor para el puesto. No vayas a utilizar más symbiora de la que tu cuerpo puede soportar.
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LIAM LUNA Y LA BRÚJULA DEL REY CUERVO
FantasyObligado a continuar con el legado de la orden secreta a la que su familia ha pertenecido por generaciones, Liam cruza el portal a Eirialis junto a Cheryl, su amiga de la infancia, y Leo, su mentor, para realizar las pruebas de ingreso a la Academia...
