Una noche fuera de la pista

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Después de un intenso fin de semana de carrera, la paz relativa del día siguiente en el calendario siempre era extraña para Max y Checo. Lejos del rugido de los motores y la presión de las vueltas rápidas, ambos pilotos se encontraban en un escenario donde las reglas no estaban tan claras, y el tiempo se sentía más pesado. Estaban en el hospitality del equipo Red Bull, pero esta vez, sin monos de carrera, sin estrategias. Era el día perfecto para desconectar.

Lando Norris y Carlos Sainz, quienes habían estado charlando animadamente en un rincón, se acercaron con sonrisas cómplices. Era evidente que tramaban algo.

Lando: "Ok, chicos, suficiente de este ambiente aburrido. ¿Qué les parece si salimos esta noche? Hay un restaurante en el centro de la ciudad que promete buena comida y, según mis fuentes, un karaoke épico."

Max arqueó una ceja, mirándolo con desconfianza.

Max: "¿Karaoke? No sé, Lando. Creo que Checo es más de quedarse en casa con una copa de vino y Netflix."

Checo: "¡Por favor! Soy mucho más divertido que eso. Aunque... el karaoke no es precisamente mi fuerte."

Carlos: "Vamos, es solo por diversión. Además, escuchar a Max desafinar sería un espectáculo único."

Lando: "Y lo documentaremos, claro. Todo por el contenido."

A pesar de las reticencias iniciales, todos terminaron aceptando. Era una oportunidad de desconectar del ambiente competitivo y simplemente disfrutar como amigos. La noche prometía ser interesante, con Lando liderando el grupo hacia lo que claramente era una de sus ideas más impredecibles.

Ya en el restaurante, una pequeña mesa redonda los esperaba. La decoración del lugar era cálida, con luces tenues y un escenario al fondo que ya tenía un par de valientes intentando cantar una canción de los ochenta.

Checo: "De acuerdo, esto no está tan mal como pensé. Aunque creo que Max ya está buscando la salida más cercana."

Max: "No estoy buscando la salida... estoy asegurándome de que nadie me grabe cuando cante."

Lando: "¿Cuando? ¿Eso es un sí? ¡Increíble! Lo sabíamos."

Carlos soltó una carcajada y se inclinó hacia Max.

Carlos: "Hermano, acabas de caer en la trampa de Lando. Ahora tienes que subir ahí."

Entre risas y bromas, la noche avanzaba. Se unieron más amigos, como Pato O'Ward y Oscar Piastri, quienes se integraron rápidamente al ambiente. La conversación giró entre anécdotas de carreras y discusiones sobre cuál de ellos era el mejor cantante.

Cuando finalmente llegó el turno de Max y Checo en el karaoke, Lando fue el encargado de elegir la canción: un clásico de rock que no les dejó más opción que hacer el ridículo juntos.

Checo: "No puedo creer que esté haciendo esto."

Max: "¿Esto? Esto será recordado como una obra maestra."

Mientras subían al escenario, los demás no paraban de reír. Checo intentaba seguir la letra, mientras Max, en un movimiento inesperado, tomaba el micrófono y ponía su mejor actitud de estrella de rock.

La interpretación fue tan desastrosa que resultó ser la mejor de la noche. Los aplausos y risas no cesaron cuando ambos volvieron a la mesa, donde Carlos les ofreció un brindis.

Carlos: "Por el peor karaoke del mundo, pero por los mejores momentos fuera de la pista."

A medida que la noche avanzaba, los momentos de risas empezaron a mezclarse con algo más íntimo entre Max y Checo. No eran las bromas lo que ahora mantenía sus miradas cruzándose con más frecuencia de lo normal. Había algo distinto en el aire, algo que ninguno de los dos parecía querer admitir.

Lando, siempre atento, notó la dinámica.

Lando: "Bueno, bueno... aquí hay algo que me estoy perdiendo."

Checo: "¿Qué estás diciendo, Norris?"

Lando: "Oh, nada, nada. Solo me parece que Max tiene una nueva razón para no querer karaoke."

Max: "Lando, estás cruzando una línea."

Lando: "Solo digo lo que veo."

La velada terminó con bromas de todos lados y una foto grupal que Oscar insistió en tomar. Cuando cada quien regresó a su hotel, Max no podía dejar de pensar en cómo esa noche, lejos de la pista, había sido distinta. No todo tenía que ser competencia, pero la relación con Checo estaba lejos de ser sencilla.

En el hotel, Max se quedó mirando su teléfono. Había recibido un mensaje de Checo.

Checo: "Eres terrible cantando, pero supongo que eso ya lo sabías. Buenas noches, campeón."

Max sonrió y respondió rápido: "Tú tampoco eres un Pavarotti, pero supongo que esa es la razón por la que somos un buen equipo. Descansa, Checo."

Esa noche, lejos de los motores y las tensiones, algo había cambiado entre ellos. Quizás aún no sabían qué era exactamente, pero ambos sentían que había mucho más por venir.

Las Sombras de Red BullDonde viven las historias. Descúbrelo ahora