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LA BODA NEGRA III
"The aftermath"



everyone's perspective



Helen lo sabía, amaría siempre a Aegon pero a la vez tendría ese punto débil por Jacaerys. Si le hubiesen dejado escoger su esposo antes de casarla con Aegon, ella sabía que él no sería su esposo.

—Te ves muy preocupada últimamente, ¿qué es lo que te tiene así Helen?—preguntó su hermana menor, Helaena.—No me digas que es Aegon dándote problemas.

—No, definitivamente no.—dijo.—Es solo que he tenido mucho tiempo para pensar sobre el
futuro en general. Honestamente, no pensé que la situación entre Aegon y yo cambiaría. Ya tenía la costumbre de que él tuviera otras mujeres calentando su cama y complaciéndolo de formas que yo no puedo hacer, que ocupara su tiempo libre en eso y cualquier otro pasatiempo desagradable. Sin embargo, ahora que soy yo uno de sus centros de atención, me siento agobiada.

—¿Agobiada por qué?

—Yo lo quiero, lo amo pero no estoy preparada para darle hijos o tenerlos yo misma.—confesó.—La maternidad en general me asusta. Ciertamente los comentarios que hace madre y las miradas largas que tiene Aegon cuando está con los niños...no ayuda en absoluto a disolver mi culpa.

—Sabes, cuando tuve a los mellizos, tampoco estaba preparada y me asustaba todo bastante. Aemond fue un gran apoyo para ello. Me ayudó mucho hablarle sobre mis preocupaciones y confesarle cualquier miedo que tuviese. Pero en el fondo, siempre fue mi elección cuando tuviéramos hijos.—suspiró.—Y así debería de ser contigo. Un matrimonio debería de estar construido mediante confianza y amor, ayuda mutua. Para cualquier problema que tengáis.



|•••|



—¿Te sientes mejor Jace?—dijo Baela al despertarse mientras acariciaba su pelo.

—Mucho mejor Baela. Gracias por ser tú.

Debía de olvidar a Helen o cualquier tipo de relación con ella, estaba tanto fuera de su alcance y perseguir algo dañaría más a su familia. Jacaerys podría ser de todo, pero siempre pondría su deber familiar ante todo, y quizás ante sus propios deseos personales también. Asimismo se alegraba tanto que se irían de vuelta a Rocadragón al final del día, lo haría el proceso más fácil. Lo que más le costaba era ver cómo podía amar al monstruo que era Aegon con el mismo corazón que sentía empatía o posible cariño por Jacaerys ¿Cómo podía uno amar a un monstruo y un príncipe a la vez? Él no era ningún santo, nada por el estilo, pero sí que trataba a todo el mundo con cierta decencia y educación. Algo que Aegon carecía por sus ciertas actitudes y actividades con mujeres que ni se esforzaba en ocultar; era una vergüenza para la Casa Targaryen. Todos lo sabían, al menos en ese aspecto porque no había algún otro aspecto respetable del primogénito.
No entendía que era lo que tenía Aegon que hacía que Helen le fuese tan leal como le era, que lo amase con tanto desespero pero a la vez no.

—Debería de ir vistiéndome, mi madre quería que fuese a verla en cuanto me despertase.—comentó mientras se levantaba lentamente de la cama.—Si hay tiempo antes del vuelo, podemos cenar algo.

—Me encantaría.


Se vistió rápidamente, aligerando su paso hasta los aposentos de su madre donde se le pidió que viniera esa mañana. De camino había pasado por enfrente de los aposentos de Helen, y si es cierto que se detuvo, tenía la esperanza de que quizás justamente saliera al pasillo y se encontraran. Que lo hiciera cambiar de idea sobre tratar de olvidarla. Sin embargo salió de ese trance de pensamiento tan rápido como entró, y pocos pasos después llegó a sus madre.


𝐇𝐄𝐋𝐄𝐍 𝐎𝐅 𝐓𝐑𝐎𝐘Donde viven las historias. Descúbrelo ahora