| Narra Sebastián |
Me desperté sobresaltado, el sudor empapando mi frente y el corazón latiendo tan rápido que parecía salirse de mi pecho. Apenas podía respirar. Era de madrugada, el reloj en la mesita de noche marcaba las 3:47 AM. Miré alrededor del cuarto oscuro, tratando de recordar dónde estaba y por qué sentía un peso tan insoportable en el pecho.
Había sido un sueño, pero no un sueño cualquiera... Parecía demasiado real. Sofía, su boda, los disparos, la sangre... y yo, convertido en el monstruo que siempre temí ser. Todo se había sentido tan vívido, cada lágrima, cada grito, cada mirada de horror de los que estaban presentes. Sofía cayendo al suelo mientras su vestido blanco se teñía de rojo...
Me llevé las manos al rostro, tratando de borrar las imágenes de mi mente, pero seguían ahí, como si estuvieran grabadas en mi memoria. La culpa y el arrepentimiento que había sentido en el sueño parecían perseguirme incluso despierto. ¿Cómo había llegado a pensar que ese amor que tanto decía tenerle pudiera justificar algo tan monstruoso?
No podía volver a dormirme. Me levanté y me dirigí al baño, lavándome la cara con agua fría para intentar calmarme. Me miré en el espejo y apenas reconocí al hombre que tenía enfrente. "¿Qué me está pasando?" me pregunté en silencio. ¿Era este sueño una advertencia? ¿Mi subconsciente gritándome que debía detenerme antes de arruinarlo todo?
Me senté en la cama, el cuarto en penumbras, y dejé que mi mente se llenara de los recuerdos verdaderos. Los momentos en los que Sofía reía conmigo, cuando todavía la tenía conmigo y no la valoré. Las veces que la lastimé, las palabras hirientes que le dije, los gestos que la hicieron alejarse para siempre.
Esa noche, entendí algo que había estado negando durante mucho tiempo: la había perdido, y todo había sido mi culpa. Mi amor no podía ser una excusa para el daño que le hice, ni para tratar de recuperarla a la fuerza. Sofía merecía ser feliz, y yo no tenía derecho a interferir más en su vida.
"Es solo un sueño, pero podría ser mi realidad si no cambio ahora mismo", pensé.
El miedo seguía ahí, clavado en mi pecho, pero tal vez era lo que necesitaba para darme cuenta de que, si realmente la amaba, debía dejarla ir.
El sueño seguía pesando en mi mente como un yunque imposible de mover. La desesperación me venció, y antes de darme cuenta, ya estaba buscando su número en mi celular. Apenas marcó, sentí las manos temblarme, como si cada segundo que pasaba hasta que contestara fuera un recordatorio de lo mucho que la había perdido.
—¿Bueno? —contestó su voz clara, tan familiar que casi dolía.
—Sofía... —mi voz salió entrecortada. No sabía por dónde empezar, pero las palabras comenzaron a salir atropelladas—. Perdóname por llamarte a esta hora, pero tenía que escucharte. Tuve un sueño horrible, y... no sé, necesitaba asegurarme de que estás bien.
Hubo una pausa breve, y luego soltó una risa suave, como si hubiera encontrado ternura en mi confusión.
—¿Qué sueño, Sebastián? ¿Soñaste que el Tigres perdió la final o qué? —bromeó, su tono ligero.
—No, no... fue algo peor. Soñé que yo... que tú... —las palabras se me atascaban en la garganta—. Que yo arruinaba todo. Que te hacía daño. Sofía, fue tan real que...
Se quedó callada unos segundos, y luego suspiró.
—Ay, Sebas, no me asustes. Estoy bien, de verdad. Mañana es mi boda, y estoy aquí con mis damas, terminando los últimos detalles. Todo está en orden, te lo juro. —Su tono era calmado, como si tratara de tranquilizar a un niño asustado—. Mira, entiendo que estés nervioso o lo que sea, pero no tienes que preocuparte por mí.
—Es que no entiendes, Sofía —insistí, sintiendo que el pecho se me apretaba más con cada palabra—. En ese sueño, te perdía de una manera horrible, y me di cuenta de que fui un imbécil. De que nunca valoré todo lo que eras... todo lo que sigues siendo.
Ella se rio otra vez, pero esta vez había un toque de melancolía en su voz.
—Sebastián, ¿cuántas veces vamos a repetir esta conversación? Tú y yo ya cerramos ese capítulo hace tiempo. Mira, no te lo digo con rencor, pero estoy bien. Por fin estoy bien. Y tú también tienes que estarlo, ¿okey?
Quise contestar, pero ella me interrumpió.
—Te agradezco que te preocupes, de verdad, pero necesito que entiendas algo: este es mi momento, Sebas. Estoy feliz, y lo único que quiero es que tú encuentres tu propia paz. Por favor, ya no te castigues. Lo que pasó, pasó.
—Sofía... —empecé, pero ella volvió a interrumpir.
—Ya, Sebas, ya. No me hagas llorar, ¿sí? Mejor intenta dormir, que mañana es un día grande para todos. Nos vemos en la iglesia, si decides ir.
Y, sin más, colgó. Me quedé mirando la pantalla, con un peso en el pecho que no terminaba de desaparecer. Su tono había sido amable, pero sus palabras fueron contundentes. Quizá ese sueño era lo que necesitaba para entender que, si realmente quería redimirme, debía hacerlo por mí mismo, sin seguir aferrándome a un pasado que ya no tenía arreglo.
Colgué el teléfono, pero las palabras de Sofía seguían rebotando en mi cabeza: "Este es mi momento... Estoy feliz... Encuentra tu paz." No pude evitar hundirme más en la cama, mirando el techo como si pudiera encontrar alguna respuesta escondida entre las sombras.
¿Ir o no ir? Esa era la pregunta que me atormentaba ahora.
Parte de mí quería estar ahí, aunque solo fuera para verla una vez más vestida de blanco, radiante como siempre, sonriendo con esa alegría que llenaba cualquier espacio. Pero también sabía que, si iba, sería como enfrentarme a un espejo que me devolvería todas las cosas que hice mal. Cada error, cada momento en el que la herí, cada lágrima que provocaron mis acciones. ¿Podría soportarlo?
Por otro lado, no ir también tenía su peso. Sentiría que me estaba escondiendo, que no era capaz de enfrentar las consecuencias de mi propia cobardía. Quizá estar ahí sería mi forma de demostrar que podía dejarla ir, que finalmente entendía lo que significaba realmente amar a alguien: querer su felicidad, aunque no fuera conmigo.
Pero el miedo... el miedo era lo que más pesaba. ¿Y si mi presencia arruinaba su día? ¿Y si los fantasmas de nuestro pasado terminaban opacando el momento más importante de su vida? No quería ser esa sombra que la perseguía, no cuando ella estaba tan cerca de empezar un capítulo nuevo y mejor.
Mientras estas ideas daban vueltas en mi cabeza, una parte más egoísta de mí susurraba otra cosa: "¿Y si ir es tu última oportunidad? ¿Y si puedes demostrarle que todavía puedes cambiar, que puedes hacer las cosas bien?" Era una voz tentadora, pero peligrosa. Porque sabía que, en el fondo, no se trataba de ella. Se trataba de mí, de querer una redención que quizá ya no tenía derecho a pedir.
Respiré hondo y cerré los ojos, intentando calmar el caos que me carcomía por dentro. Tenía que decidir algo antes de que amaneciera. Sofía no merecía más dudas, ni más de mis impulsos egoístas.
"¿Qué haría ella si estuviera en mi lugar?" me pregunté. Y aunque no tenía una respuesta clara, sabía que lo que decidiera tendría que ser por ella, no por mí.
ESTÁS LEYENDO
ᴇʟʟᴀ ɴᴏ ᴇꜱ ᴛᴜʏᴀ - 𝘓𝘶𝘪𝘴 Á𝘯𝘨𝘦𝘭 𝘔𝘢𝘭𝘢𝘨ó𝘯
FanfictionSofía Castañeda González, exnovia de Sebastián Córdova y mejor amiga de Igor ¿qué podría suceder si Sofía solamente acompaña a su mejor amigo a la fiesta de iniciación de el América? Lee para saberlo.
