V E I N T I C U A T R O

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     | 𝐄𝐥 𝐀𝐦𝐚𝐧𝐞𝐜𝐞𝐫 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐍𝐮𝐞𝐯𝐨 𝐍𝐨𝐬𝐨𝐭𝐫𝐨𝐬 |

El camino hacia la casa de Saiki fue silencioso, pero no incómodo. Cada paso que daban juntos resonaba como un eco de los días que habían compartido: el hospital, las miradas furtivas, las palabras que no se dijeron pero que siempre estuvieron allí. La brisa suave acariciaba sus rostros, y aunque el mundo alrededor seguía girando con su rutina habitual, para ellos dos, el tiempo parecía haberse detenido.

Kokomi caminaba a su lado, su sonrisa serena, pero con un brillo especial que no había estado allí antes. Saiki podía sentirlo, ese cambio sutil pero profundo en el aire entre ellos. Ya no era solo Kokomi la "chica perfecta", ni él el chico que prefería mantenerse al margen de todo. Ahora eran dos personas, vulnerables y honestas, que habían encontrado en el otro un lugar al cual regresar.

Cuando llegaron frente a la puerta de la casa de Saiki, Kokomi se detuvo, girándose hacia él.

—Hoy fue un buen día, ¿no crees? —preguntó, su voz suave pero llena de significado.

Saiki la miró, sus ojos reflejando una tranquilidad que pocas veces había sentido.

—Sí, lo fue.

Kokomi lo observó, como si quisiera grabar ese momento en su memoria. Su cabello azul ondeaba ligeramente con el viento, y el atardecer pintaba su rostro con tonos cálidos.

—¿Sabes? —dijo ella, rompiendo el silencio—. Nunca imaginé que algo tan simple como caminar contigo podría hacerme tan feliz.

Saiki no respondió de inmediato, pero dio un paso hacia ella, acortando la distancia.

—A veces, lo simple es suficiente —dijo, sus palabras cargadas de una profundidad que ella entendió de inmediato.

Kokomi sonrió, y antes de que pudiera decir algo más, Saiki extendió la mano, tomando la de ella con delicadeza. Fue un gesto pequeño, pero para ambos, significó todo.

—Gracias por estar aquí —dijo él, y aunque las palabras eran simples, el peso de su sinceridad llenó el aire.

—Siempre estaré aquí, Saiki-kun —respondió ella, apretando ligeramente su mano.

Se quedaron así por unos segundos, disfrutando de la quietud, del momento que compartían. Finalmente, Saiki soltó su mano con suavidad y dio un paso hacia la puerta de su casa.

Antes de entrar, giró para mirarla una vez más.

—Nos vemos mañana, Teruhashi.

Ella asintió, pero no pudo evitar decir una última cosa antes de que se marchara.

—Buenas noches, Kusuo.

El sonido de su nombre en sus labios fue como un suave recordatorio de lo lejos que habían llegado.

Esa noche, mientras ambos se acomodaban en sus respectivas camas, sus mentes viajaron hacia todo lo que habían vivido.

Kokomi pensó en cómo su vida siempre había girado alrededor de ser "perfecta", hasta que conoció a Saiki. Él no solo había sido inmune a su encanto; había sido el único que la había visto por lo que realmente era. Con él, no tenía que ser nada más que ella misma.

Saiki, por su parte, recordó todas las veces que había intentado evitar el mundo, mantener sus emociones en una caja cerrada. Pero Kokomi había encontrado la llave, sin siquiera darse cuenta. Ella lo había desafiado, lo había hecho cuestionar su forma de ser y, finalmente, lo había ayudado a encontrar un espacio en el que no tenía que esconderse.

Ambos sabían que el camino no sería fácil. Había diferencias entre ellos, retos que superar. Pero también sabían que, mientras estuvieran juntos, podían enfrentarlo todo.

En los días que siguieron, la vida continuó con su ritmo normal. Los rumores en la escuela no se detuvieron, pero ya no les importaba. Saiki y Kokomi encontraron en los momentos cotidianos una alegría que nunca antes habían experimentado: un intercambio de miradas durante clases, una caminata compartida al final del día, o simplemente el sonido de la risa del otro.

Y mientras el tiempo pasaba, ambos entendieron que lo que tenían no era solo un romance. Era un recordatorio de que, incluso en un mundo lleno de caos y ruido, siempre habría un lugar de paz y felicidad si estaban juntos.

En una tarde cualquiera, mientras caminaban bajo un cielo pintado de naranjas y rosas, Kokomi tomó la mano de Saiki una vez más.

—Sabes, Kusuo, hay algo que siempre recordaré de todo esto.

—¿Qué cosa?

Ella lo miró, su sonrisa cálida como el sol que se ponía.

—Que incluso los momentos más complicados nos trajeron aquí. Y aquí es donde quiero estar, siempre.

Saiki no dijo nada, pero el leve apretón en su mano fue su respuesta. Juntos, continuaron caminando hacia el horizonte, sabiendo que, aunque el futuro era incierto, tenían lo más importante: el uno al otro.

Y así, entre el suave murmullo del viento y el calor de sus manos entrelazadas, comenzó el capítulo más hermoso de sus vidas.

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ᴛʜᴇ ʜᴇᴀʀᴛ ᴏꜰ ᴀ ᴘꜱʏᴄʜɪᴄ | 𝐬𝐚𝐢𝐭𝐞𝐫𝐮 ¹ [rmk]Onde histórias criam vida. Descubra agora