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Luca hizo un puchero mientras su madre se ocupaba de su cabello, cepillándolo repetidamente para intentar que todos los mechones quedaran donde debían. No lo consiguió. Había que cortarle el pelo, decidió Jennie, que acabó dándose por vencida, y, en su lugar, comenzaba a juguetear con el cuello de su camisa tipo polo, la prenda más elegante que había empacado en su apresurada salida de la casa familiar, cuatro días antes.
─Mamá, basta, ─ Luca suspiró cuando Jennie comenzó a usar sus dedos para domar una vez más el cabello rebelde, el peine ahora guardado en su bolso de mano.
─Lo siento, ─ dijo Jennie sin detener su inútil intento.
─De todos modos, ¿por qué a una escuela le importaría si tengo un buen cabello? ─ preguntó Luca. ─Soy un buen lector y me sé las tablas de multiplicar de dos, cinco y diez hasta mil. En el colegio no te enseñan sobre el pelo. Te enseñan matemáticas y lectura.
─Sólo queremos causar una buena impresión, ─ replicó Jennie, centrando ahora su atención en su propio aspecto y repasando su maquillaje en el pequeño espejo compacto que había sacado de su bolso.
Aburrido inmediatamente ante la actividad de su madre, Luca se deslizó de la silla de la recepción del refugio y se acercó al escritorio donde Joy estaba sentada. Jennie observó con el rabillo del ojo cómo ambos entablaban conversación: la consejera le preguntaba al chico adónde iba y luego cuál era su asignatura favorita en la escuela. Sonrió, sabiendo que Luca había estado aburrido todo el día, dado que su único amigo en el refugio estaba en la escuela. Con suerte, Luca se reuniría con Charlie mañana si su entrevista de hoy iba bien.
Tras un último repaso a su maquillaje, Jennie cerró el espejo con un chasquido y lo volvió a guardar en el bolso, centrándose ahora en la puerta por la que suponía que aparecería Lisa. Un mensaje le había llegado a través de Wendy justo después de salir de su reunión con Jisoo, informándole que Lisa iría al refugio para acompañarla a ella y a Luca a la escuela a las doce y media. Eran las doce con veintiocho. Por lo que Jennie recordaba, Lisa era meticulosamente puntual.
Mientras esperaba, con el murmullo de Luca y Joy como ruido de fondo, sus nervios empezaron a aumentar de nuevo. Apenas había visto a Lisa desde su día en el parque. La única ocasión en que había visto a la mujer en los pasillos era cuando acompañaba a la nueva residente, con los puntos de sutura recién hechos sobre la piel pálida. Jennie había desviado la mirada y había acompañado a Luca, que la miraba fijamente, a su habitación.
Sin embargo, ahora iban a volver a estar los tres solos, con una tensión no resuelta que flotaba en el aire. Incluso después de su breve encuentro con Jisoo aquella mañana, Jennie sabía que le iba a costar pasar tiempo con su consejera. Tal vez sería mejor que le asignaran otro contacto principal, pensó Jennie. Pero en cuanto la idea se le pasó por la cabeza, la desechó. No, no podía ser otra persona. No quería a nadie más en este refugio, ni siquiera a Rosé, a la que había cogido cariño al instante, involucrada de cerca en lo que fuera a sucederle. Tenía que ser Lisa.