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Cinco minutos antes
─Mingyu, podemos hablar de cómo puedo ayudarte, ─ empezó ella. ─Si te metes en tu auto y manejas a casa, entonces se acabó esto. No tiene que pasar nada malo, no se presentarán cargos penales y todos podremos seguir con nuestras vidas.
─Sí, eso no va a pasar, ─ se mofó Mingyu, con los dedos flexionando ligeramente la empuñadura de la pistola. ─He venido por mi mujer y mi hijo. No me iré sin ellos.
Dio otro paso hacia delante, en la dirección en la que Jennie había huido. La pelinegra ya había desaparecido en el interior de la oscura puerta frente a la que él había estado la noche anterior. Dentro de aquel edificio estaba su hijo. Y su mujer. Pero Mingyu sabía que no podría entrar sin un código. Esta mujer debía conocer el código. Ella podría ayudar.
─Llévame con Jennie, ─ dijo Mingyu, acercándose un paso más a Lisa.
─ No. ─ La respuesta era sencilla porque la pregunta era estúpida. Por supuesto que Lisa no iba a llevar a un hombre violento con su novia.
Los ojos oscuros se entrecerraron.
─ ¿Quién carajo eres?
─Mi nombre es Lisa Manoban, ─ repitió Lisa.
─Sí, pero ¿por qué te interpones en mi camino? Jennie es mi esposa. Qué más te da que haya venido a llevármela a casa.
─Ésta es ahora la casa de Jennie, ─ replicó Lisa con frialdad. ─Y me interpongo en tu camino porque estoy protegiendo a Jennie y a Luca de ti y de tus abusos. ─ Después de todo, esos eran los hechos.
─ ¿Abusos? ─ espetó con una breve carcajada. ─Lo que sea que te haya dicho es mentira. Está mintiendo. Soy su marido. Soy el padre de Luca.
─Puedes ser esas cosas y seguir siendo un maltratador, Mingyu. Les hiciste daño. Lastimaste a Jennie y a Luca. Tal vez no era tu intención, pero lo hiciste y Jennie tomó la decisión de que no era seguro para ninguno de ellos quedarse contigo. Ella eligió irse y eligió traer a Luca con ella.
─Ellos son mi familia. No tiene nada que ver contigo, ─ gruñó Mingyu, acercándose un paso más a Lisa. ─Ahora apártate de mí puto camino o te obligaré.
En el interior de su caja torácica, Lisa sintió que su corazón latía con fuerza. Pensó brevemente en la ironía, como si su corazón fuera consciente de que se acercaba a sus últimos momentos y quisiera exprimir al máximo los segundos que le quedaban. Pero luego volvió a centrarse en la situación. La pistola, más concretamente, que le apuntaba directamente a ella. La cara de Mingyu estaba roja por la furia mientras esperaba a que ella se moviera.
─Lo siento, no puedo hacer eso.
Mingyu casi gruñó mientras se abalanzaba hacia delante. Lisa trató de agarrarle de la muñeca, pero el hombre se apartó, utilizando su considerable peso para dominarla. Lisa se vio apartada de un golpe antes de que él avanzara de nuevo, esta vez clavando el cañón de la pistola en el costado de Lisa. Lisa se estremeció por el dolor e intentó alejarse del bruto hombre, que había conseguido rodearle el cuello con el brazo, girándose para que la espalda de Lisa quedara pegada a su pecho. El cañón de metal frío se movió ligeramente, apuntando directamente al abdomen de Lisa.