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Jennie retrocedió, tratando de verse mejor en el estrecho espejo

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Jennie retrocedió, tratando de verse mejor en el estrecho espejo. Subió las manos para alisarse las arrugas imaginarias de las caderas, con la cabeza inclinada hacia un lado. El vestido negro le quedaba un poco más holgado que la última vez que se lo puso en Michigan para asistir a un acto de trabajo de Mingyu. No había querido ponerse un vestido que él le había comprado para una cita con Lisa, pero no tenía otra opción. No había hecho la maleta pensando en veladas románticas. Además, le encantaba la pieza y aquella noche Mingyu había estado demasiado ocupado hablando con sus socios como para prestar atención a Jennie. Por lo tanto, el vestido no estaba manchado de recuerdos desagradables como muchos de sus conjuntos.

Sus dedos recorrieron el escote. No llevaba joyas. Eso no había sido lo primero en su lista de cosas que llevar. Sin algo colgando del cuello, el conjunto parecía incompleto. Pero serviría. Era lo único que tenía.

─Mamá, ¿adónde vas? ─ preguntó Luca, apareciendo en la puerta y acercándose, cojeando a su cama. Había empezado a caminar el día anterior, con las rodillas rígidas por la cicatrización de la piel y los moretones.

─ Solo iré a cenar, ─ contesto Jennie. ¿Dónde están Marian y Charlie?

─Charlie quería jugar con mi iPad. ¿Puedo llevármelo?

─Claro, ─ asintió Jennie. ─Pero recuerda que tienes que estar en la cama a las ocho. Le he dicho lo mismo a Marian, así que no intentes engañarla haciéndole creer que puedes levantarte más tarde.

Los ojos de Luca se abrieron con falsa inocencia, como si esa idea nunca se le hubiera pasado por la cabeza. En más de una ocasión, Jennie y Mingyu habían vuelto a casa pasada la medianoche y se habían encontrado a Luca todavía despierto, sentado en el sofá junto a su niñera. A esas niñeras nunca les pedían que volvieran y Luca era llevado a la cama por su padre.

─No lo haré. Gracias, mamá. ─ Se acercó a su cama, donde descansaba el iPad junto a la almohada, y lo tomó, cogiendo el cargador por si acaso. En el umbral de la puerta, se detuvo y miró hacia atrás. ─Estás muy guapa, mamá. Como una princesa. Pero de negro. Como una princesa ninja.

Jennie le sonrió a su hijo y por fin terminó de arreglarse en el espejo. ─Gracias, cariño. Te veré mañana por la mañana, ¿ok?

─ Ok, buenas noches, mamá.

Luca se dejó besar en la coronilla antes de encaminarse torpemente por el pasillo, tratando de evitar doblar las rodillas todo lo posible. Jennie lo observó hasta que su hijo entró en la sala común y luego recogió su bolso y cerró la puerta de su dormitorio.

 Jennie lo observó hasta que su hijo entró en la sala común y luego recogió su bolso y cerró la puerta de su dormitorio

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Refugio | JENLISADonde viven las historias. Descúbrelo ahora