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Jennie ladeó la cabeza al observarse en el espejo

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Jennie ladeó la cabeza al observarse en el espejo. Tirando ligeramente de las mangas de su blazer, se irguió un poco más. Su pelo, al menos, se comportaba hoy y estaba perfectamente peinado, tal y como ella quería. Se acercó un poco más y, con la yema del dedo meñique, se quitó una mancha de rímel que estropeaba la piel justo debajo de sus ojos maquillados.

─Mamá, ¿dónde están mis zapatos para el colegio?

─Junto a la puerta, donde los guardamos, Luca, ─ respondió Jennie, sin mirar.

─No están ahí, ─ fue la respuesta quejumbrosa.

Volviéndose hacia su hijo, Jennie enarcó una ceja. ─ ¿De verdad, Luca? Mira más de cerca, por favor.

El niño hizo un puchero y miró fijamente al suelo junto a la puerta de su habitación. ─Ves, no hay nada.

Jennie puso los ojos en blanco y cruzó la habitación. Se agachó, levantó el pantalón del pijama de su hijo y descubrió los zapatos que habían quedado semiocultos por la tela. Sin mediar palabra, Luca se sentó en el suelo y empezó a colocarse los zapatos en los pies.

─ ¿Dónde está tu libro de lectura? ─ preguntó Jennie.

─En mi mochila, ─ respondió Luca.

─ ¿Estás seguro? ─ No era raro que Luca se olvidara de llevar varios libros al colegio. Pero al inspeccionar su mochila, Jennie se dio cuenta de que su hijo tenía razón.

Con Luca preparado y sin nada más que retrasara lo inevitable, Jennie cogió su propio bolso mientras Luca se echaba la mochila a la espalda. En ese momento llamaron a la puerta.

─ ¿Puedes contestar, Luca, por favor? ─ preguntó Jennie, que había vuelto una vez más al espejo para asegurarse de que estaba perfecta. Sí, el pelo estaba en su sitio. El maquillaje era perfecto. La ropa era... todo lo buena que iba a ser hasta que tuviera algo de dinero para ampliar su limitado armario. El estómago se le revolvía incómodo, los nervios se agitaban en su interior. En el reflejo de la habitación a sus espaldas, apareció una Lisa sonriente cuando Luca abrió la puerta y Jennie se giró y esbozó una sonrisa. ─Hola, ¿qué haces aquí?

─He venido para acompañarte a tu primer día de trabajo, ─ explicó Lisa. ─Buenos días, Luca. ¿Estás emocionado por la escuela?

─ ¡Sí! ─ Luca asintió. ─Hoy empezamos un proyecto sobre dinosaurios.

─ Qué genial. ¿Estás lista? No queremos que llegues tarde. De hecho, ninguno de los dos.

Jennie asintió y cruzó la habitación. Besando ligeramente a Lisa, dirigió a Luca hacia el pasillo y el trío se puso en marcha, recogiendo a Charlie en la habitación de Marian al salir del centro.

─No esperaba verte, ─ admitió Jennie cuando salieron a la cálida luz del sol de principios de verano. ─El lunes es tu día libre.

─Lo sé, pero quería estar aquí para ti. Sé que hoy es importante y pensé que te gustaría contar con mi apoyo.

Refugio | JENLISADonde viven las historias. Descúbrelo ahora