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Al salir a la calle, Jennie miró hacia el cielo azul e inspiró profundamente. Al exhalar, dejó caer los hombros y el bolso se deslizó por su brazo. ─ ¿Y bien?
Se giró al oír la conocida voz y volvió a subirse el bolso al hombro. ─Lisa, ¿qué haces aquí?
─Quería saber cómo te había ido la entrevista. Pero no quería esperar a que volvieras caminando hasta el refugio y no tienes teléfono, así que vine aquí a esperarte, ─ explicó la mujer, levantándose del banco de la biblioteca en el que estaba sentada. ─Entonces, ¿cómo te fue?
Jennie rodeó a Lisa con los brazos sin decir palabra, relajándose aún más en el reconfortante y cálido abrazo. Unas manos firmes le frotaron la espalda de arriba abajo mientras sentía la cara de Lisa hundida en su pelo. ─No importa, ─ le susurró al oído la mujer más alta. ─Sólo ha sido tu primera entrevista.
─Conseguí el trabajo.
Al oír eso, Lisa se apartó bruscamente. ─ ¿Qué?
─Me han dado el trabajo, ─ repitió Jennie.
Lisa frunció el ceño, alejándose un poco más y escaneando el cuerpo de Jennie como si tratara de comprender lo que estaba viendo ante ella a la luz de esta nueva información. ─Pero... suspiraste, ─ dijo finalmente. ─Y me abrazaste. Suspirar y abrazar son cosas que haces cuando estás triste o decepcionado. ¿No deberías hacer cosas felices? ¿Como saltar y sonreír?
Al oír eso, una sonrisa se dibujó en la cara de Jennie. ─Eres adorable, ─ rió entre dientes, deslizando los brazos alrededor del cuello de Lisa. ─Estoy feliz.
─No pareces feliz. Bueno, ahora sí porque te estás riendo de mí, creo, pero cuando saliste de la biblioteca, no parecías feliz.
Comprendiendo que era importante que Lisa diseccionara lo que acababa de suceder, Jennie comenzó a explicar la multitud de emociones que estaba experimentando en ese momento. ─Suspiraba de alivio, supongo. Era un suspiro positivo, como si me hubiera quitado un peso de encima. Quiero decir, era la primera entrevista que me ofrecían después de semanas de solicitar trabajo y, en realidad, nunca esperé tener la oportunidad de hacer una entrevista y mucho menos de conseguir un empleo. Eso fue algo de lo que habló Liam. Mi autoestima. Se dio cuenta de que no esperaba que me ofreciera el trabajo, pero lo hizo. Dijo que quería darme la oportunidad de demostrarme a mí misma y a él que era capaz.
─Vaya, parece un hombre perspicaz.
Jennie asintió. ─ Fue muy bueno. Hablamos más de mí que del trabajo, creo. Quería saber si yo creía en mí misma y luego acabamos entablando una conversación súper profunda sobre por qué tengo problemas de autoestima. Le conté lo del refugio, ¿te parece bien?
─Sí, si te sentías cómoda contándoselo. ¿Le diste la dirección?
─No. Sabía que no te gustaría. Pero dijo que iba a necesitar una dirección para mis papeles.