El camino de regreso fue silencioso y tranquilo, a diferencia de lo parlanchín que suele ser Satoru, esta vez parecía absorto en sus pensamientos, aunque esa sonrisa traviesa que siempre lo acompañaba seguía asomándose en sus labios por momentos. Yo miraba la ventana pensando en que mi yo de hace unos años estaría muriéndose del enojo de que yo aceptara salir con Satoru... ¿Cuándo comencé a permitirme nuevamente estos momentos con el?
El auto se detuvo justo enfrente de mi edificio y antes de que yo pudiera abrir la puerta, Satoru ya estaba bajando para darle la vuelta al auto y hacerlo por mi.
—¿No te has cansado de jugar al príncipe caballeroso? —Bromeé mientras bajaba del auto.
—Siempre he sido así, solo que te niegas a admirar mi grandeza.—Me respondió con una sonrisa mientras señalaba la entrada del edificio para que me adelantara.
Subimos al elevador y al llegar a la puerta de mi apartamento el peliblanco se detuvo justo antes de que pudiera despedirme, sacando una pequeña bolsa de papel de su chaqueta y me la extendió.
—¿Y qué es eso?
—Un premio de consolación claro, por haber perdido a nuestro hijo en mi auto.—Me miraba con esos ojos azules, esperando a que abriera la bolsa.
Dentro de la bolsa había un pequeño peluche de pingüino.
—¿En qué momento lo compraste?
—Soy Satoru Gojo, ¿Qué no puedo hacer?—Respondió, inclinándose un poco para mirarme con esa sonrisa arrogante que conocía tan bien.
Gire los ojos en forma de broma.
—Gracias.—Hablé en un tono más suave después de un pequeño silencio, sin apartar la vista del peluche.
Satoru parecía satisfecho consigo mismo. Antes de irse, se inclinó hacia mí, bajando un poco la voz, como si fuera a contarme un secreto:
—Espero que te hayas divertido, porque yo ya estoy pensando en que donas voy a traerte la próxima vez.
Lo vi irse por el elevador, me sorprendía que se comportara como una persona normal y, aunque me doliera admitirlo, no pude evitar sentir un poco de soledad cuando se fue. Supongo que por hoy me acostumbre al ruido que significaba estar con el.
Deje mis cosas sobre la mesa, cuando un sonido muy familiar me sacó de mis pensamientos.
"¡Bip! ¡Bip!"
Era kiki.
Fruncí el ceño y comencé a buscar el origen del sonido, me levanté siguiendo el ruido, y ahí estaba: sobre el respaldo del sofá, el tamagotchi que había dado por perdido hace unas horas atrás, sano y salvo. La pantalla brillaba, mostrando que había sido alimentado, cuidado y hasta bañado.
Pero no estaba solo, junto al dispositivo, había una pequeña nota doblada. La abrí con cuidado, reconociendo en cuestión de segundos la horrible letra de Satoru.
"Creí que eras buena cuidando cosas importantes. Supongo que tendré que hacerme cargo de ti también :)"
Suspiré, sin saber si reír, enojarme o simplemente aceptar que este hombre siempre me sacará de mis casillas.
Los pensamientos inundaban mi mente mientras me dejaba caer en el sillón, mirando continuamente aquella nota y el peluche que recién me había dado, ¿Cómo era posible que alguien tan irritante y molesto pudiera ser también tan... él?
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Serendipia || Satoru Gojo
Fiksi PenggemarSerendipia. Encontrar algo bueno sin buscarlo. "¿?? ??? ?? ????? ??? ?? ??? ?????? ?? ?? ?????? ??????? ???? ??????? ?????????????"
