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Tarareaba una canción navideña mientras acomodaba los ingredientes en la mesa. Faltaban solo unas semanas para Navidad, y el espíritu festivo ya había inundado la casa. Me sentía feliz, ligera, como si todo estuviera en su lugar.

―¿Qué preparas, linda? ―preguntó Rowan, entrando en la cocina con su sonrisa deslumbrante. Antes de que pudiera responder, dejó un beso cálido en mi frente, un gesto que siempre lograba calmarme.

―Alfajores navideños ―respondí, devolviéndole la sonrisa. ―En realidad, solo estoy horneando las tapas. Cuando llegue mamá, vamos a armarlos juntas. ¿Y tú? ¿A dónde vas? ¿No se supone que ya estás de vacaciones?

―Lo estoy, pero adivina qué. ―Su tono era juguetón, y sus ojos brillaban como los de un niño con un secreto emocionante.

―¿Qué? ―dije, siguiendo su juego.

―Reservé unas cabañas en el pueblito donde creciste. Quiero que tengamos unas vacaciones especiales. Nos lo merecemos, amor.

Me envolvió en un abrazo rápido y fuerte, y aunque su entusiasmo era contagioso, sentí como si el azúcar en mi cuerpo se desplomara de golpe. Una punzada de náuseas me subió desde el estómago, y mi cabeza dio un leve vuelco. Sin embargo, me las arreglé para sonreír y ocultar mi incomodidad.

―Oh... amor, eres tan... tan tierno. ―Intenté sonar natural. ―¿Ya lo pagaste?

―Sí, ya está todo listo. El pueblo es pequeño, pero sé que te encantará regresar. ¿Y adivina qué más?

―¿Más sorpresas? ―pregunté, arqueando una ceja.

―Alquilé una cabaña más, para tu mamá. Así podemos disfrutar todos juntos. Además, busqué que fuera pet-friendly, por si quiere llevar a su perro.

Lo abracé con fuerza. Había pensado en cada detalle, y aunque mi mente luchaba con recuerdos no tan gratos del pueblo, no era momento de arruinar sus planes.

"Viéndolo por el lado positivo", pensé, "podré ver a Morgan, comer esa pasta deliciosa que tanto me gusta, el pan fresco de la madre de Malia y beber chocolate caliente. ¿Qué podría salir mal?"

―Okey, príncipe. Entonces, ¿para cuándo son nuestras reservas?

―En dos días. Así que no hagas planes ―respondió con una expresión divertida, simulando que me regañaba. No pude evitar reírme.

Mamá tomó la noticia con entusiasmo. Como ella decía: "Son solo unas vacaciones", y tenía razón.

Mientras hacía mi maleta esa misma noche, un nudo se formó en mi pecho. Habían pasado casi cuatro años desde la última vez que pisé ese pueblo. El paisaje, los olores, la gente... todo se sentía como una caja cerrada que estaba a punto de abrirse.

Cuando finalmente llegamos al pueblo, el aire frío y fresco nos recibió. Las luces navideñas decoraban las calles principales, y todo parecía sacado de un cuento. Rowan estaba encantado, señalando cada pequeño detalle como si fuera la primera vez que veía algo así.

―Mira eso, Kylie. Es tan pintoresco ―dijo mientras aparcaba el auto frente a las cabañas.

Las cabañas eran rústicas, pero acogedoras, rodeadas de pinos que estaban cubiertos de nieve ligera. La nuestra tenía una chimenea que ya estaba encendida, y una pequeña terraza desde la que se podía ver el bosque. Mi madre quedó fascinada, y Rowan no dejaba de felicitarse a sí mismo por haber elegido el lugar perfecto.

―Sabía que te encantaría ―me dijo, tomándome de la mano. Su calidez me tranquilizaba, pero no podía evitar que mi mente divagara hacia los rincones del pueblo que prefería olvidar.

Aeternum - Kylia Donde viven las historias. Descúbrelo ahora