35.-Solo tú y yo

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Habíamos pasado semanas viendo casas. Semanas de conducir de un lado a otro, entrando y saliendo de lugares que, aunque hermosos, siempre parecían carecer de algo. Una chispa, un sentimiento. Había sido agotador, y aunque Cassie trataba de mantener el ánimo en alto, yo empezaba a sentir que quizá nuestras expectativas eran demasiado altas.

Pero en cuanto entramos en esta casa, supe que algo era diferente.

Las paredes eran de un beige cálido que llenaba el espacio de una sensación acogedora y luminosa, a pesar de la amplitud de la casa. El piso de madera relucía bajo nuestros pasos, y las ventanas eran enormes, dejando entrar la luz del sol que iluminaba cada rincón. El trabajador que nos guiaba nos llevó primero al salón principal, un espacio amplio y abierto que se conectaba con una cocina moderna equipada con encimeras blancas y detalles en acero inoxidable.

—Por aquí tenemos el jardín —dijo el trabajador mientras abría una puerta corrediza de cristal.

Cassie y yo nos detuvimos un momento en el umbral, mirando el espacio que se extendía frente a nosotras. El jardín era simplemente perfecto. Amplio, con césped bien cuidado y algunos árboles que daban sombra en las esquinas. Había suficiente espacio para Charlie, y algo más: potencial para tardes al aire libre.

—Es hermoso —murmuró Cassie, a mi lado.

El trabajador nos llevó de vuelta al interior y comenzó a mostrarnos las habitaciones. Cinco en total, cada una amplia y bien iluminada. Dos de ellas tenían su propio baño, y las otras compartían uno grande en el pasillo. Había una habitación al final del pasillo con una vista directa al jardín, que ambas supimos de inmediato que sería la principal.

—Esto podría funcionar como una oficina o estudio —dijo el trabajador, señalando otra habitación más pequeña— Y hay espacio suficiente para cualquier cosa que necesiten.

Mientras explorábamos, podía sentir a Cassie mirándome de vez en cuando, y cuando nuestras miradas se cruzaban, no podía evitar sonreír. Era como si ambas supiéramos lo que la otra estaba pensando, pero ninguna se atrevía a decirlo todavía.

El trabajador recibió una llamada en su celular y levantó una mano, disculpándose.

—¿Les importa si salgo un momento? Regresaré enseguida.

—Claro, no hay problema —respondió Cassie, y él salió por la puerta principal.

Tan pronto como estuvimos solas, Cassie se acercó a mí, rodeando mi cintura con sus brazos y apoyando su cabeza en mi hombro.

—Mi amor... Creo que esta es la casa —susurró, con una suavidad que hizo que mi pecho se apretara.

Me giré un poco hacia ella y la rodeé con mis brazos, dejando un beso en su frente.

—Sí, también lo creo.

Me incliné y la besé, despacio, dejando que ese momento se grabara en mi mente. Era sencillo, sin presiones ni distracciones, solo nosotras dos, en un lugar que ya empezaba a sentirse como nuestro.

El sonido de la puerta principal abriéndose nos hizo separarnos con una risa nerviosa, pero no pude apartarme mucho de ella. Cassie tomó mi mano mientras el trabajador regresaba, mirándonos con una sonrisa profesional.

—¿Listas para ver algo más? —preguntó.

Cassie me miró con una chispa en los ojos y luego volvió hacia él.

—No. Ya sabemos que esta es la casa.

Él parpadeó, sorprendido, antes de sonreír ampliamente.

—Eso es maravilloso. Entonces, empecemos con los papeles.

𝘽𝙄𝙍𝘿𝙎 𝙊𝙁 𝘼 𝙁𝙀𝘼𝙏𝙃𝙀𝙍  (ᴅᴀɴɪᴇʟᴀ ᴠɪʟʟᴀʀʀᴇᴀʟ)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora