34.- Solo... por si lo necesitamos.

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Había pasado poco más de un mes desde que decidimos alejarnos de todo. Las redes, las cámaras, los comentarios: todo eso había quedado en pausa. Ni Cassie ni yo habíamos aparecido públicamente desde entonces, y lo mismo iba para Paulina y Ale. Era como si The Warning hubiera desaparecido del radar, algo que a veces se sentía extraño, pero también increíblemente necesario.

Salir era raro ahora. Nos movíamos como personas comunes, con gorras, lentes de sol y ropa sencilla. Intentábamos evitar las cámaras tanto como podíamos, aunque siempre había alguien que nos reconocía y capturaba una que otra foto. Pero ya no era importante. Lo importante era la calma que habíamos conseguido.

Últimamente, pasaba casi todo el tiempo en el apartamento de Cassie. Todavía no era algo oficial, todavía regresaba a la casa de mis papás de vez en cuando, pero mi ropa ya ocupaba más de un cajón en su habitación, y Charlie me seguía como si siempre hubiera vivido conmigo ahí.

Esa mañana, la luz suave que entraba por las ventanas del apartamento iluminaba el espacio de una forma cálida y tranquila. Charlie estaba sentado junto a mí, moviendo la cola con entusiasmo mientras yo llenaba su tazón con croquetas.

—¿Vas a querer salir, eh? —le pregunté, inclinándome para acariciarle detrás de las orejas. Él respondió con un ladrido corto, como si entendiera perfectamente.

Tomé la correa y me aseguré de que estuviera bien ajustada antes de abrir la puerta y llevarlo al ascensor. Bajamos hasta el jardín del edificio, donde lo dejé olfatear tranquilamente mientras yo me acomodaba el abrigo. Era un pequeño momento de normalidad que, curiosamente, había llegado a disfrutar mucho.

Cuando Charlie terminó, subimos de nuevo. Al abrir la puerta del apartamento, el olor a café recién hecho y pan tostado llenó el aire. Dejé la correa en su lugar y caminé hacia la cocina, donde encontré a Cassie de espaldas a mí, moviéndose con una gracia natural mientras preparaba algo en la estufa.

—¿Eso sabe tan bien como huele? —pregunté, dejando escapar una sonrisa mientras me acercaba a ella.

Cassie se giró ligeramente, una sonrisa curvándose en sus labios al verme.

—Espero que sí. Si no, tendré que compensarte con algo más.

—Hmm, creo que podría vivir con eso. —Dejé que mis manos se posaran en sus caderas, tirando suavemente de ella hacia mí. Mi barbilla encontró su lugar en su hombro mientras respiraba el aroma del desayuno y el suyo propio, una combinación que me hacía sentir en casa.

Ella giró la cabeza lo suficiente como para rozar mis labios con los suyos, un beso breve pero lleno de calidez.

—No me distraigas, Dany. Esto podría terminar mal.

—No te preocupes, confío en tus habilidades culinarias. —Sonreí contra su mejilla antes de apartarme un poco, aunque mis manos permanecieron en su cintura.

Me quedé ahí mientras terminaba de cocinar, observándola en silencio. Había algo en esta rutina que me llenaba de paz. Por primera vez en mucho tiempo, la vida se sentía menos como una carrera y más como un paseo tranquilo.

Cuando terminó, apagó la estufa y giró para mirarme, su expresión llena de cariño.

—Desayuno para dos.

—¿Y para Charlie? —bromeé, inclinándome para besarla otra vez, más lento esta vez, dejando que el momento se alargara un poco más.

—Él ya tuvo su turno —respondió con una sonrisa contra mis labios.

La mesa ya estaba lista, y mientras nos sentábamos a desayunar, no pude evitar pensar en lo lejos que estábamos del caos. Esto, aquí con ella, era exactamente lo que necesitaba. Y aunque todavía no era algo oficial, estaba claro que este lugar, este espacio, comenzaba a sentirse cada vez más como mi hogar.

𝘽𝙄𝙍𝘿𝙎 𝙊𝙁 𝘼 𝙁𝙀𝘼𝙏𝙃𝙀𝙍  (ᴅᴀɴɪᴇʟᴀ ᴠɪʟʟᴀʀʀᴇᴀʟ)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora