40. FINAL

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Años después...

La puerta del estudio se cerró tras de mí con un leve chirrido, dejando atrás el sonido del mundo exterior. Tiré mi mochila al suelo junto a la pared, sintiendo cómo el peso se aliviaba de mis hombros. Respiré hondo, dejando que el aroma a madera, cuerdas y un toque de café viejo llenara mis sentidos. Este lugar tenía su propia energía, una mezcla de historia y creación que siempre me hacía sentir un poco más vivo.

Mis ojos vagaron por el estudio, deteniéndose en la pared donde colgaban varias guitarras. Pero solo una capturó mi atención como siempre lo hacía: una con dibujos de dragones que siempre me habia llamado la atencion. Su acabado brillante parecía capturar la luz de la tarde, reflejando colores que iban del rojo al negro como si ardiera por dentro. Era una belleza absoluta, y nunca había sido usada en un escenario. Solo aquí, entre estas paredes, como si su propósito estuviera reservado para algo más íntimo, más personal.

Me acerqué, mis pasos resonando suavemente en el suelo de madera. La guitarra colgaba con elegancia, rodeada por el silencio del estudio. Justo a su lado, una pequeña plumilla descansaba en un soporte sobre el estante, con un mensaje escrito en tinta negra que decía ¿Quieres quedarte conmigo?

Sonreí. Sabía que ese mensaje no era para mí, pero algo en él siempre me llamaba. Mis dedos se movieron por instinto, casi queriendo alcanzarla, pero me detuve. No podía.

El sonido de la puerta abriéndose me sacó de mi ensimismamiento. Me giré rápidamente, y ahí estaban ellas: mis madres. Entraron con la complicidad de quienes se aman profundamente, de quienes han compartido más de lo que las palabras pueden explicar. O al menos es lo que me cuentan.

Cassie traía una sonrisa suave, casi distraída, mientras sostenía un cuaderno de notas en una mano. Dany, como siempre, parecía irradiar energía, aunque había algo en su mirada que reflejaba calma. Cerraron la puerta detrás de ellas, compartiendo una mirada breve que decía más de lo que cualquiera podría imaginar.

Me quedé quieto, observándolas. Era difícil no hacerlo. Había algo en la manera en que se movían juntas, en cómo se completaban incluso en los gestos más simples. No necesitaban palabras para comunicarse; todo estaba ahí, en sus miradas, en sus sonrisas.

Cassie fue la primera en notar mi presencia.

-Hey ¿Qué haces aqui? Aún no son las cuatro-preguntó, su tono ligero pero cálido.

-Yo... bueno, cancelaron mis dos ultimas clases -respondí, señalando la guitarra con un movimiento de cabeza-. Solo estaba... mirando.

Dany siguió mi mirada y sonrió de lado.

-Esa guitarra tiene algo especial, ¿no?

Asentí, pero no dije nada. Las palabras no parecían suficientes para describir lo que sentía cada vez que la veía.

Ellas caminaron hacia mí, y por un momento, el aire en el estudio se sintió más completo, más lleno de vida. Y mientras las observaba, no pude evitar pensar que, aunque la guitarra era increíble, no se comparaba con la música que ellas habían creado con ella, con la historia que seguían escribiendo, incluso después de todo este tiempo.

-Ven aquí, campeón. Siéntate -dijo mamá Dany levantándose de donde estaba y caminando hacia la guitarra en la pared. Sus movimientos eran cuidadosos pero decididos, como si la guitarra fuera un tesoro que merecía ser tratado con reverencia.

Obedecí sentándome en el taburete frente a ella. Mamá Dany tomó la guitarra, sosteniéndola como si fuera una extensión de sí misma, y conectó el cable al amplificador que estaba cerca.

-¿Sabes lo que estás a punto de tocar? -me preguntó, con una sonrisa que mezclaba emoción y un poco de picardía.

-La guitarra que nunca salió del estudio -respondí, con una mezcla de nervios y entusiasmo.

𝘽𝙄𝙍𝘿𝙎 𝙊𝙁 𝘼 𝙁𝙀𝘼𝙏𝙃𝙀𝙍  (ᴅᴀɴɪᴇʟᴀ ᴠɪʟʟᴀʀʀᴇᴀʟ)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora