Fernando

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El gran salón del palacio estaba repleto de luces cálidas y decoraciones majestuosas. Aquella noche, la familia real celebraba el cumpleaños del heredero al trono, el príncipe Fernando. La velada no solo era un homenaje a sus años de dedicación y responsabilidad como futuro rey, sino también una oportunidad para estrechar lazos con nobles y figuras importantes de toda Europa. 

Sergio, el más joven de los tres hermanos, caminaba junto a Max, quien lo ayudaba a mantener el equilibrio mientras acariciaba con dulzura su abultado vientre. Aunque Sergio siempre brillaba con naturalidad en eventos como este, aquella noche su atención estaba dividida entre la celebración y las constantes patadas del bebé que esperaba. 

Carlos, como siempre, se movía con elegancia por la sala, compartiendo bromas y sonrisas con los invitados. Pero el centro de atención era, sin duda, Fernando, vestido con un atuendo que resaltaba su imponente porte. El heredero al trono mantenía su característica seriedad, pero había una chispa de emoción en sus ojos. 

Cuando todos se acomodaron en sus asientos para el banquete, los ojos curiosos se posaron en Fernando, quien llevaba semanas insinuando que tenía algo importante que compartir. Sin embargo, aún no había revelado nada, lo que mantenía a todos en un estado de expectación. 

Sergio, sentado entre Max y Carlos, inclinó la cabeza hacia su hermano del medio. 
—¿Sabes qué trama Fernando? —preguntó en un susurro. 
Carlos negó con la cabeza, aunque una leve sonrisa traicionaba su curiosidad. 
—No ha dicho nada, pero si conozco a Fernando, será algo grande. 

Max observaba la interacción entre los dos hermanos con una mezcla de diversión y cariño. Era evidente cuánto respetaban a Fernando, pero también cuánto disfrutaban burlarse sutilmente de su carácter reservado. 

Cuando los platos principales comenzaron a servirse, Fernando se levantó de su asiento, capturando la atención de todos. El salón quedó en completo silencio mientras él aclaraba su garganta. 
—Esta noche no solo celebramos mi cumpleaños —comenzó, con su voz firme resonando en la sala—, sino también un nuevo capítulo en mi vida. 

Los murmullos comenzaron a extenderse entre los invitados. Sergio intercambió una mirada rápida con Max, mientras Carlos cruzaba los brazos, claramente intrigado. 

Entonces, Fernando extendió una mano hacia una figura que estaba discretamente sentada en la mesa principal. Lance, un joven doncel de cabello castaño claro y ojos brillantes, se levantó con elegancia. Aunque su porte era sencillo, había algo en su presencia que irradiaba gracia y belleza. 

—Quiero presentarles a Lance Stroll, hijo del duque de Montblanc —anunció Fernando, con una leve sonrisa que rara vez mostraba en público—. Es mi pareja, y espero que todos lo reciban como parte de nuestra familia. 

El silencio inicial fue reemplazado por un estallido de murmullos y exclamaciones de sorpresa. Lance, aunque parecía algo nervioso, mantuvo una postura digna mientras se inclinaba ligeramente en señal de respeto. 
 
Sergio fue el primero en romper el silencio en su mesa, aplaudiendo con entusiasmo. 
—¡Finalmente! —exclamó, con una sonrisa radiante—. Ya era hora de que Fernando admitiera que estaba enamorado. 

Carlos dejó escapar una risa baja. 
—Nunca pensé que veríamos este día. 

Max, aunque menos expresivo, sonrió y asintió hacia Lance, reconociendo su valentía al enfrentarse a un público tan imponente. 

El rey y la reina intercambiaron miradas antes de levantarse y acercarse a Fernando y Lance. La reina Isabel fue la primera en abrazar al joven doncel, mientras que el rey Carlos le dio un apretón de manos que, aunque breve, estaba lleno de aprobación. 

—Bienvenido a la familia, Lance —dijo el rey, con su característica seriedad suavizada por una sonrisa. 
 
Cuando la atención se desvió momentáneamente hacia el siguiente brindis, Sergio aprovechó la oportunidad para acercarse a Lance. 
—¿Cómo lograste que Fernando admitiera sus sentimientos? —preguntó con un tono juguetón. 

Lance rió suavemente. 
—No fue fácil, pero creo que finalmente entendió que yo estaba dispuesto a esperarlo el tiempo que fuera necesario. 

Sergio asintió, impresionado por la sinceridad del joven. 
—Bienvenido al caos de nuestra familia —bromeó—. Prepárate para un sinfín de travesuras, especialmente de parte de mis hijos. 

Carlos, por su parte, se acercó a Fernando con una expresión mezcla de orgullo y diversión. 
—¿Y qué se siente finalmente mostrar tus cartas? —preguntó, dándole una palmada en el hombro. 

Fernando rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír. 
—Se siente bien, aunque confieso que estaba nervioso. 

—No lo parecía —dijo Carlos, antes de añadir con una sonrisa traviesa—. Pero claro, siempre has sido el mejor en ocultar tus emociones. 
 
A medida que la noche avanzaba, el ambiente se tornó más relajado. Lance se integró perfectamente en las conversaciones, demostrando que, además de su belleza, poseía una inteligencia y un sentido del humor que encajaban perfectamente con la familia real. 

Sergio, aunque fatigado por el embarazo, se mantuvo animado gracias a la emoción de la velada. Max permaneció a su lado, asegurándose de que no se esforzara demasiado. 

Cuando la fiesta finalmente terminó, y los invitados comenzaron a retirarse, Sergio abrazó a Fernando con cariño. 
—Estoy muy feliz por ti, hermano. Lance es increíble. 

Fernando, que rara vez mostraba emociones en público, apretó ligeramente el abrazo. 
—Gracias, Sergio. Eso significa mucho para mí. 

Carlos, fiel a su estilo, no perdió la oportunidad de añadir un comentario sarcástico. 
—Ahora solo falta que anuncies la fecha de la boda. 

Fernando rodó los ojos, pero no dijo nada, dejando en el aire la posibilidad de que aquel fuera el próximo gran anuncio. 

Cuando la familia se retiró a sus aposentos, Max y Sergio reflexionaron sobre la velada mientras se acomodaban en su habitación. 
—Estoy feliz por Fernando —dijo Sergio, apoyando la cabeza en el hombro de Max—. Lance será un gran compañero para él. 

Max asintió, recordando cómo, años atrás, él mismo había sentido los nervios de presentarse ante la familia real. 
—Es un buen chico. Y Fernando lo merece. 

Mientras apagaban las luces, Sergio sonrió. 
—Hoy fue un gran día para nuestra familia. 

Max, abrazándolo con ternura, susurró: 
—Y será aún mejor cuando este bebé llegue al mundo. 

La noche terminó con la certeza de que, a pesar de los desafíos, la familia real siempre encontraba la manera de fortalecerse con amor y apoyo mutuo. 


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La Joya de La CoronaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora