Max Verstappen había sido muchas cosas en su vida: competitivo, decidido, incluso implacable en la pista. Pero cuando se trataba de Sergio, todo su mundo parecía girar a su alrededor. Después de semanas de pensar cómo dar el siguiente paso en su relación, había decidido que quería hacer las cosas bien. Si Sergio era "la joya de la corona", entonces merecía un gesto digno de un príncipe.
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El primer paso era también el más complicado: pedir permiso al Rey Carlos y a la Reina Isabel. Max sabía que no solo estaba buscando la aprobación de los padres de Sergio, sino también de sus hermanos, Fernando y Carlos. Aunque Sergio ya era mayor de edad y libre para tomar sus decisiones, Max quería demostrarles que sus intenciones eran serias y sinceras.
Una tarde, pidió una audiencia con el Rey y la Reina en el palacio. Vestido de manera impecable y con una carpeta llena de planes para la propuesta, Max se presentó con una mezcla de nervios y determinación.
—Majestades —empezó Max, inclinando la cabeza respetuosamente—. Estoy aquí porque quiero pedir su permiso para invitar a Sergio a ser mi pareja de manera oficial.
El Rey Carlos lo observó detenidamente, mientras la Reina Isabel sonreía con un destello de curiosidad.
—¿Qué te hace pensar que eres digno de nuestro Sergio? —preguntó el Rey con seriedad.
Max sostuvo la mirada del monarca con respeto.
—Porque lo amo, Majestad. Y porque haré todo lo que esté en mi poder para cuidarlo, protegerlo y hacerlo feliz. Sé que Sergio es especial, y entiendo que aceptar ser mi pareja significaría que estaría expuesto a mi vida pública, pero le prometo que siempre será mi prioridad.
La Reina Isabel asintió, claramente conmovida por las palabras de Max.
—¿Y cómo planeas pedirle que sea tu pareja? —preguntó, interesada.
Max les presentó su plan: una cena íntima bajo las estrellas en el jardín del palacio, donde Sergio siempre se sentía más cómodo y en paz. Habría flores, música y un ambiente que reflejara todo el amor que sentía por él.
—Es un gesto hermoso —comentó la Reina, mirando al Rey.
—Está bien, Max. Tienes nuestro permiso, pero debes saber que si alguna vez lastimas a Sergio, tendrás que enfrentarte a nosotros… y a sus hermanos —dijo el Rey, con una sonrisa ligera pero cargada de significado.
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Sabiendo que la aprobación de los hermanos de Sergio también era crucial, Max los invitó a un almuerzo privado para hablar con ellos.
—¿Quieres que Sergio sea tu novio? —preguntó Fernando, recostándose en su silla con los brazos cruzados, mientras Carlos lo miraba con una ceja levantada.
—Sí. Lo amo y quiero que sea feliz. Estoy aquí porque respeto su papel en su vida y sé lo importantes que son para él —respondió Max con firmeza.
Carlos sonrió ligeramente, aparentemente convencido.
—Bueno, mientras Sergio sea feliz, no tengo problema. Aunque si lo haces sufrir… —dejó la amenaza implícita.
Fernando, por su parte, permaneció en silencio por un momento antes de asentir.
—Está bien. Pero estaré observándote, Verstappen. No olvides eso.
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La noche finalmente llegó. Max había supervisado cada detalle de la cena, desde la decoración del jardín con luces colgantes hasta el ramo de flores que Sergio encontraría en la mesa. Había un pequeño grupo de músicos tocando una melodía suave, y el aroma de las flores llenaba el aire.
Cuando Sergio llegó, vestido con un conjunto azul claro que resaltaba sus ojos y sus adorables pecas, Max casi olvidó cómo respirar.
—Esto es… increíble, Max. ¿Qué estás tramando? —preguntó Sergio, divertido pero también curioso.
Max le ofreció su brazo y lo guió hasta la mesa. Durante la cena, hablaron de todo: recuerdos, sueños, y lo mucho que habían disfrutado su tiempo juntos. Sergio estaba relajado, riendo mientras Max le contaba anécdotas de las carreras.
Al terminar el postre, Max se puso de pie y tomó la mano de Sergio, ayudándolo a levantarse. Lo condujo a un pequeño balcón con vista al jardín, donde las luces de la ciudad brillaban a lo lejos.
—Sergio, desde que te conocí, mi vida cambió completamente. No solo eres la persona más hermosa que he conocido, también eres la más bondadosa, divertida e inteligente. Me haces querer ser mejor cada día.
Sergio lo miró, con los ojos brillando por las palabras de Max.
—Max…
—Sé que no soy perfecto y que tal vez nuestra vida juntos no siempre será fácil, pero prometo que haré todo lo posible para que seas feliz. Así que… —Max sacó una pequeña caja de su bolsillo y la abrió, revelando un anillo sencillo pero elegante—, ¿quieres ser mi novio?
Sergio lo miró, sorprendido. Su mano tembló ligeramente al cubrir su boca, sus pecas destacando por el rubor que cubría sus mejillas. Después de un momento de silencio que a Max le pareció eterno, Sergio asintió.
—Sí, Max. Quiero ser tu novio.
Max sonrió ampliamente, poniéndole el anillo en el dedo y abrazándolo con fuerza.
—No sabes cuánto significa esto para mí.
—Creo que sí lo sé —respondió Sergio, apoyando su frente contra la de Max.
Bajo el cielo estrellado, sellaron la promesa con un beso lleno de amor y esperanza. Max sabía que había ganado algo más valioso que cualquier trofeo: el corazón de Sergio.
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La Joya de La Corona
FanfictionSergio, un príncipe doncel conocido como "La joya de la corona" por su familia y su reino, asiste al Gran Premio de Mónaco, donde conoce a Max Verstappen, un piloto carismático. Max queda fascinado por las pecas y la sonrisa de Sergio, mientras que...
