Este capítulo ocurre cuando los gemelos tienen un año.
---
Era una tarde tranquila en el palacio. El sol dorado iluminaba las enormes ventanas y bañaba los salones con una calidez apacible. Max y Sergio, después de mucho pensarlo, habían decidido asistir a un evento importante fuera del palacio. Era una de las pocas veces que se separarían de sus gemelos, Sofía y Alexander, quienes con apenas un año de vida ya mostraban ser la viva imagen de sus padres: adorables, inquietos y, sobre todo, *caóticos*.
—¿Estás seguro de que los dejamos en buenas manos? —preguntó Sergio por décima vez mientras terminaba de ajustarse el saco frente al espejo. Su expresión reflejaba una mezcla de preocupación y culpabilidad.
Max, que ya estaba completamente listo, se acercó a él y le dio un beso suave en la frente. —Cariño, estarán bien. Son Carlos y Fernando, no dos desconocidos. Además, ¿qué tan difícil puede ser cuidar de dos bebés? Solo es cuestión de darles juguetes y mantenerlos entretenidos.
Sergio no parecía convencido, pero no insistió. Aunque amaba a sus hijos profundamente y apenas podía soportar estar lejos de ellos por más de unos minutos, confiaba en Carlos y Fernando. Al fin y al cabo, ambos insistieron en que podían hacerlo. Carlos había declarado con confianza: *“Son solo dos bebés, Sergio. No son demonios.”* Y Fernando, riendo, había añadido: *“Además, tienen apenas un año. ¿Qué tanto pueden hacer si apenas caminan?”*
Aquella frase, ahora que lo pensaba, debía haber sido una señal de advertencia.
---
—Bueno, ahí están los bebés —dijo Carlos, mirando a Sofía y Alexander, sentados en una enorme manta en medio del salón principal del palacio. Los gemelos los miraban con ojitos curiosos y sonrisas inocentes, lo que hizo que Fernando y Carlos se relajaran.
—Esto va a ser pan comido —dijo Fernando, cruzándose de brazos con una sonrisa confiada—. Solo los vigilamos, les damos de comer y nos aseguramos de que no se vayan por ahí. ¿Qué tan difícil puede ser?
Carlos asintió, tomando asiento en uno de los sillones. —Es lo que le dije a Sergio. Parece que exagera un poco con lo de “tienen mucha energía”.
Ambos se acomodaron en sus respectivos lugares, relajados y seguros de que todo saldría bien. Los gemelos, por su parte, permanecían quietos, cada uno jugando con un pequeño muñeco.
Cinco minutos después, comenzó el verdadero caos.
---
Carlos estaba revisando su teléfono cuando Fernando se puso de pie y comenzó a caminar hacia la cocina para buscar algo de agua. Apenas dio unos pasos cuando escuchó un silencio inquietante.
—¿Dónde está el niño? —preguntó Fernando, girándose de inmediato.
Carlos levantó la mirada, frunciendo el ceño. —¿Qué?
—El niño... Alexander. ¡Estaba justo aquí! —Fernando señaló el lugar donde, hacía apenas segundos, Alexander había estado sentado.
Carlos saltó del sillón, mirando a su alrededor como si el bebé fuera a aparecer mágicamente. —¡No puede haber ido tan lejos! ¡Si apenas y caminan!
—Pues camina lo suficiente como para escaparse —replicó Fernando, ahora preocupado—. Busca debajo del sillón.
Ambos comenzaron a revisar frenéticamente el enorme salón. Carlos levantó cojines, revisó debajo de mesas y movió mantas, mientras Fernando inspeccionaba las esquinas y detrás de las cortinas. Sin embargo, Alexander había desaparecido por completo.
ESTÁS LEYENDO
La Joya de La Corona
FanfictionSergio, un príncipe doncel conocido como "La joya de la corona" por su familia y su reino, asiste al Gran Premio de Mónaco, donde conoce a Max Verstappen, un piloto carismático. Max queda fascinado por las pecas y la sonrisa de Sergio, mientras que...
