El segundo embarazo del príncipe Sergio fue completamente diferente al primero. Si con los gemelos había sido una mezcla de emociones y descubrimientos, esta vez Sergio se sentía más consciente de cada cambio en su cuerpo. Su sensibilidad estaba a flor de piel, y no dudaba en aprovechar cada oportunidad para ser consentido por su familia.
Desde que la noticia del nuevo bebé fue revelada en Navidad, Sergio decidió que necesitaba toda la atención posible de las personas que amaba.
—¡Estoy creando vida! —proclamaba cada vez que alguien intentaba poner límites a sus peticiones.
Max, siempre indulgente con su esposo, no tenía ninguna objeción. En realidad, disfrutaba mimarlo, aunque los gemelos también participaban activamente, entregándose a sus travesuras para mantener entretenido a su papá.
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A sus cuatro años, los gemelos eran una mezcla explosiva de energía y curiosidad. Al enterarse de que un nuevo hermano o hermana estaba en camino, no pudieron contener su emoción.
—¿Cuándo podremos jugar con el bebé? —preguntó uno de ellos, mientras tocaba la pequeña pancita de Sergio.
—Todavía falta mucho, pero será tan especial como ustedes dos —respondió Sergio con una sonrisa, abrazándolos.
Sin embargo, las intenciones de los gemelos no eran del todo angelicales. En secreto, ya estaban planeando las travesuras que harían junto al nuevo integrante de la familia.
—Será nuestro cómplice perfecto —dijo uno de ellos con una sonrisa traviesa, mientras el otro asentía.
Max, al escuchar esto, levantó una ceja.
—Espero que no estén pensando en meter al bebé en problemas desde tan pequeño.
—¡No serán problemas! —replicaron al unísono—. Serán aventuras.
Sergio, al escuchar a sus hijos, simplemente sonrió. En el fondo, sabía que él mismo era el mayor cómplice de sus travesuras.
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Durante este embarazo, Sergio no tenía reparos en pedir mimos y atención. Por la mañana, sus hijos le traían flores del jardín, aunque a veces con la raíz incluida. Por la tarde, Max lo llevaba a pasear por los alrededores del palacio, asegurándose de que no se cansara demasiado.
Sus padres y hermanos también se turnaban para mimarlo. El Rey Carlos, su padre, encargaba que prepararán sus postres favoritos, mientras Fernando y Carlos estaban siempre atentos a sus antojos.
—Sergio, ya llevas tres días comiendo chocolate caliente con galletas a medianoche —dijo Fernando una noche, mientras preparaba otro pedido.
—¡El bebé lo necesita! —respondió Sergio con dramatismo, recostándose en el sofá con una mano en la frente, como si estuviera sufriendo.
Carlos, que estaba cerca, negó con la cabeza mientras reía.
—Eres imposible, hermano.
—Soy adorable —replicó Sergio, lanzándoles una mirada de inocencia.
Max, que llegaba en ese momento con los gemelos, sonrió al ver la escena. Su familia siempre lograba sacarle una sonrisa, sin importar lo caótico que pudiera ser.
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A pesar de que toda la familia estaba al tanto del embarazo, habían decidido mantenerlo en secreto hasta que Sergio estuviera listo para hacerlo público. Durante los meses de invierno, Sergio evitó las apariciones públicas, prefiriendo disfrutar de la tranquilidad del palacio.
Sin embargo, con el inicio de la temporada 2025 de Fórmula 1, la privacidad sería difícil de mantener. Sergio había decidido acompañar a Max al Gran Premio inaugural en Bahréin, llevando consigo a los gemelos.
—No puedo quedarme en casa. Quiero que el mundo vea lo orgulloso que estoy de mi esposo y su carrera —dijo Sergio una mañana, mientras Max lo ayudaba a elegir su vestimenta para el viaje.
Max no podía estar más de acuerdo. Aunque sabía que la atención de los medios sería abrumadora, estaba dispuesto a proteger a su familia de cualquier intrusión.
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La llegada del príncipe Sergio al paddock siempre generaba revuelo. Su elegancia, combinada con la presencia de los gemelos, solía robar todas las miradas. Pero esta vez, había algo diferente.
Sergio caminaba junto a Max, sosteniendo la mano de uno de sus hijos mientras el otro saltaba emocionado a su alrededor. Su pancita de embarazo, visible bajo el ajustado traje que llevaba, no pasó desapercibida.
En cuestión de minutos, las redes sociales y los medios de comunicación estaban inundados de fotos del príncipe Sergio y su pequeña pero notable barriga.
—¿El príncipe está esperando otro bebé? —era la pregunta en boca de todos.
Max, lejos de mostrarse molesto, parecía más orgulloso que nunca. Caminaba con la cabeza en alto, sosteniendo a su familia como si fueran un trofeo.
Cuando llegaron al garaje de Red Bull, todos los miembros del equipo felicitaron a Max y Sergio. Incluso algunos pilotos, como Lando y Charles, se acercaron a ofrecer sus buenos deseos.
—¡Felicidades, Max! —dijo Lando, dándole una palmada en la espalda—. Parece que no solo dominas las pistas.
Max rió, mientras Sergio sonreía tímidamente.
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A pesar de la atención mediática, Sergio disfrutó del día junto a sus hijos. Los gemelos estaban encantados de explorar el paddock, especialmente cuando podían subirse al auto de su papá para tomar fotos.
Max, aunque concentrado en su trabajo, no podía evitar mirar hacia donde estaba su familia cada vez que tenía un momento libre. Ver a Sergio feliz y rodeado de sus hijos era su mayor motivación.
Después de las practicas, la familia regresó al hotel para descansar. Sergio, aunque agotado, no podía dejar de sonreír.
—Fue un buen día, ¿no crees? —dijo, acurrucándose junto a Max en la cama.
Max lo abrazó con cuidado, acariciando su vientre.
—Cada día contigo es el mejor, pero hoy fue especial. Verte con nuestra familia, y saber que seguirá creciendo, me llena de felicidad.
Sergio suspiró, cerrando los ojos.
—Te amo, Max.
—Y yo a ti.
Esa noche, mientras el mundo seguía hablando de la noticia del nuevo bebé real, Sergio y Max disfrutaban de la tranquilidad de su amor, sabiendo que lo mejor aún estaba por venir.
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La Joya de La Corona
FanficSergio, un príncipe doncel conocido como "La joya de la corona" por su familia y su reino, asiste al Gran Premio de Mónaco, donde conoce a Max Verstappen, un piloto carismático. Max queda fascinado por las pecas y la sonrisa de Sergio, mientras que...
