23- Omega

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-Todos los estudios te han dado bien, Carlos.

El omega permaneció con la cabeza gacha mientras su madrastra revisaba todos los papeles de los resultados.

No sabía muy bien el porqué, tampoco le importaba, le parecía muy innecesario todas las visitas al médico, exámenes y estudios que le habían hecho en ese día y medio, sin contar con las declaraciones juradas donde había mentido descaradamente a los policías, diciendo que no sabía dónde estaba, que no conocía a sus captores, pero que no le habían hecho nada, que lo habían tratado bien, cosa que se le respaldaba por los médicos.

-Nada de signos de ayuno, ni deshidratación, ni heridas, torturas psicológicas… -la mujer se paseaba con sus tacos, el ruido le taladraba a Carlos - Todo está correcto

-¿Entonces vas a dejar de joderme?-respondió, ganándose una mirada de su madrastra que no le intimidado ni un poco.

-Pero veo que tu actitud de muerda sigue ahí- la mujer juntó los papeles con brusquedad – Ya veo porqué te dejaron ir, siempre tan insoportable.

Carlos no se contenía en contestarle mal a nadie, muchos de sus pretendientes habían sido testigos de lo grosería que era el omega, algunos se lo tomaban con más gracia, como Max, y otro no hacían comentarios al respecto, como Lando.

Pero esos últimos días, en los que había vuelto al mundo real estaba de peor humor que antes.

Sentía frío todo el tiempo, salvo su cabeza, que parecía arder del dolor, aún andando con ropa de abrigo y con calefacción se sentía congelarse a morir, además que sentía su cuerpo cansado, y pasaba casi todo el día en cama.

Nadie se había dado cuenta aún, pero no tenía energías ni para comer, aunque se esforzaba por al menos tragar unos bocados, comenzaba a sentirse mal al poco rato, a veces terminando en náuseas, lo que lo obligaba a parar, y terminaba dejando el resto de la comida.

La última comida que había podido digerir bien fue la poca que había recibido el mismo momento que llegó a casa de Lando, desde entonces, se había mantenido casi únicamente con líquidos.

Hasta Lando le había comentado que estaba pálido, aunque él había respondido que era su tono de piel normal, mintiendo descaradamente.

Además de sentirse tan enfermo físicamente, su lobo no lo ayudaba.

Quería volver al lado de su alfa, sentir su calor y aroma, que volviera a tocarlo, a besarlo o sólo a escuchar su voz. Intentaba no pensar en ello mucho, porque sólo lo hacía sentir mal.

Su olor dulce se había apaciguado demasiado, dejando paso a un fuerte olor a tristeza que tenía preocupados a todos en la mansión del joven Norris.

Carlos pensaba que su madrastra también estaba preocupada por él, sólo que lo demostraba con todas las visitas al médico que le hacían hacer, creyendo que le “habían hecho algo” en los días que había desaparecido.

Acostado sobre su cama, en su propio cuarto privado, del cual no salía ni para comer (ya que le traían la comida), ni para ir al baño (ya que contaba con el propio), Carlos había comenzado a cerrar los ojos por el suelo.

Dormir era lo que más hacía allí.

Escuchó los tacones de su madrastra acercarse, pero no sé inmutó.

Frunció el ceño al sentir los finos y fríos dedos de la mujer tocar cerca de su cuello, en su collar.

Escuchó un pitido y sintió como si le quitaran un peso de encima.

Carlos abrió los ojos para ver a su madrastra, que ahora sostenía su collar entre sus manos.

El omega llevó sus manos hacia su cuello, tocando su piel, su lobo comenzó a mover el rabo, contentó, una leve sonrisa estiró sus agrietados labios.

-Ya elegimos al joven Norris como tú prometido- habló la mujer, metiendo el collar en su bolso para luego enganchar el mismo en su hombro- Es de mala educación esconder el cuello a tu alfa.

“Dímelo a mi” Pensó.

La mujer no se despidió, y sólo salió de la habitación sin más.

Carlos rio un poco, con felicidad.

Esperó unos cuantos minutos para asegurarse de que la mujer no estaría en la casa y salió del cuarto, arrastrando los pies al caminar y sosteniéndose de la pared para avanzar.

A parte de sentirse débil, había perdido su equilibrio, no podía permanecer de pie demasiado tiempo porque sus piernas le fallaban, pero hizo su mejor esfuerzo para llegar a la planta baja y hablar con Lando, buscando ayuda para la duda que lo carcomía por dentro.

Si bien le habían hecho exámenes de todo, lo único que se habían salteado fue de si había tenido relaciones sexuales en esos días, principalmente, porque él había negado haberles tenido. Mintiendo, y de nuevo, le creyeron.

Recordaba que en ese momento había agradecido disimular tan bien su dolor de trasero.

Pero al menos él debía sacarse de la duda si estaba en cinta o no.

Como no podía salir de la casa, sólo quedaba en confiar en Lando para que le consiguiera las pruebas de embarazo.

Era media mañana, y suponía que el chico estaría en su cuarto, ya que solía pasar ahí casi todo el día.

Llegó hasta el cuarto del pelinegro, luego de tardar más tiempo de lo normal en bajar las escaleras, para caminar por otro pasillo, hasta llegar a la habitación.

Tocó la puerta, aunque al segundo golpe está se abrió, dejando sus nudillos en el aire.

Alzó la vista hacia el rostro de aquel chico que no conocía.

Frunció un poco el ceño con confusión, no sentía el aroma de aquel chico, por lo que asumió que era un beta.

-Tú no eres Lando- dijo con obviedad.

El beta no dijo nada, pero luego de mirar a cada lado del pasillo tomó a Carlos por lo brazos, metiéndolo dentro del cuarto y cerrando la puerta, antes de que el omega pudiera decir algo, el otro lo empujó contra la puerta, haciendo que una queja de dolor se escapara.

-Escucha, omega-habló el de pelo castaño, con voz grave, que no llegó a intimidar pero si incomodarlo- si vienes a mostrarle su cuello desnudó a mi Lando ten muy claro que él no va a marcarte-

-Si empiezas a decirme estupideces mejor cierra la boca-interrumpió Carlos, ganándose una mirada curiosa del beta-No tengo un mínimo interés en tu Lando, y mucho menos en que me marque.

El castaño lo miró casi incrédulo, con ojos muy abiertos.

- quítate de encima-finalizo Carlos, mirándolo con el ceño fruncido.

El castaño se alejó de él haciendo que Carlos relajara su postura automáticamente, respirando un poco agitado, no se había dado cuenta que estaba reteniendo el aire.

Un poco mareado, se sostuvo de la puerta.

-O sea que… ¿No quieres-¿

-¿Unirme a Norris?-Carlos negó-Seré su prometido forzado pero unirme a él no está en mis planes… Sólo venía a pedirle un favor, pero veo que no está.

El beta asintió.

-Lamentó lo de recién… Es que

-Estás enamorado de Lando, y estabas celoso por mi presencia, sí, me di cuenta- Carlos sonrió sarcásticamente.

El beta apretó los labios, despeinó sus cabellos de forma nerviosa.

-Soy Oscar Piastri-se presentó.

-Carlos Sainz, un gusto.

Oscar frunció el ceño, ladeando un poco su cabeza.

-Te veías más amigable en la tele-comentó.

-La tele puede hacer ver a los políticos honestos, no creas lo que te muestren- replicó- Y considerando que sabes que puedo transformarme en lobo y que muerdo muy fuerte… No soy amigable.

Oscar pensó que el omega no era muy educado.

El de pelo castaño notó la palidez en el rostro de Carlos, sus oscuras ojeras y como sus labios tenían un tono más azulado de lo normal, lo notó temblar y cómo se apoyaba completamente en la puerta de su espalda.

-No te ves muy bien-murmuró, se gañó una mirada molesta antes de que sus ojos parecieran perderse, intentando ubicarse en parpadeos, que sólo lograron desorientarlo, haciendo que comenzará caer hacia adelante.

Cayó sobre los brazos de Oscar, aunque no pudo escuchar lo que le decía antes de perder el conocimiento.

𝑫𝒆𝒍𝒕𝒂[𝑪𝒉𝒂𝒓𝒍𝒐𝒔] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora