30- Vive Tu Vida

521 81 14
                                        

3/4

- si… No se ha levantado, no sé cuánto tiempo ha estado en el nido. No sé exactamente cuando lo hizo - Lando abrió un poco la puerta para mirar hacia la cama, al cuerpo hecho un ovillo bajo las sábanas- Está dormido ahora, estuvo llorando un buen rato hasta que durmió.

Habían pasado las horas, era casi la medie tarde, Max no había regresado y tampoco contestaba ninguna de las mínimo diez llamadas que le había dejado, ni había leído los mensajes.

Escuchó al médico suspirar del otro lado de la línea.

-¿Todavía no lo marcaste, Lando?

-No-dijo, bastante bajo.

-¿Qué esperas?

Lando no quería hablar, no quería hacerlo, no estaba listo.

-No quiero marcarlo sin que él quiera- dijo la primera excusa que se le pasó por la mente.

-Si te refieres al tema del amor, Lando, eso puede esperar, pero la vida es algo más importante, chico habló el médico-. Ya tendrán tiempo para enamorarse, pero para eso Carlos tiene que sobrevivir, debes hacer el lazo.

Lando negó, por más que el doctor no lo viera, sin querer decir nada más, el joven alfa colgó, se giró a la puerta y la miró un momento antes de entrar al cuarto, se acercó a la cama, viendo el tranquilo vaivén de la respiración del omega, apoyó una mano en el hombro del chico.

-Carlos… Despierta, tengo algo importante para decirte… - Lando movió un poco su cuerpo, pero el chico no reaccionó-. Carlos… ¿Carlos?

Corrió las sábanas que lo cubrían, viendo lo tranquilo del rostro del omega al dormir, y como sus labios se moviendo un poco con su lenta respiración, Lando apoyó el dorso de su mano sobre la mejilla del omega, estaba muy frío.

Carlos ya no tenía rubor en el rostro, al contrario, su piel casi parecía papel, con oscuras y moradas ojeras bajo sus ojos, además de sus labios tenían un tono azulado, el corazón del se aceleró por la preocupación, el chico se veía mucho peor que antes, y apenas habían pasado unas horas.

Subió a la cama, olvidándose de no romper el nido, y como si Carlos hubiera sentido eso comenzó a negar con la cabeza, y su expresión tranquila cambió a una desesperada, apenas tenía fuerza para abrir los ojos, sus pestañas se aleteaban, no pudo mirar bien al castaño porque tenía la vista borrosa.

Tranquilo, Carlos- Lando lo tomó por los lados, apretándolo contra sí en un abrazo firme, aunque el omega se agitó para intentar liberarse.

-N-No… murmuró.

La mirada de Lando fue hacia el cuello del omega, viendo su lechosa piel, imaginando una marca en su lugar correcto, sin su total consentimiento, sus manos fueron hacia el cuello de Carlos, bajando su remera, el omega se sobresaltó, como si supiera lo que Lando estaba pensando.

-No, no, no… pidió, apenas con un hilo de voz, sintió las lágrimas caer-. No serás mi alfa, mi lazo no es contigo, no… No lo hagas…

Lando se alejó para mirarlo.

-Yo tampoco quiero, Carlos- murmuró, muy por lo bajo.

-¿Entonces por qué mierda lo haces? – soltó, con sus ojos apenas abiertos-. Si no quieres, ¿Por qué lo haces? Es tu vida… debes hacer lo que quieras… Yo no quiero tu lazo, si me marcas te rechazaré… No va a funcionar, así que haz lo que en verdad quieres…

Lando se detuvo y por un segundo admiró a aquel omega con todo su ser, aún estando tan débil y enfermo, Carlos mantenía su postura, y estaba dispuesto a pelear incluso sin poder moverse.

-¿Sabes que estás muriendo, Carlos? – dijo, casi en un susurro-. Me dijeron que así puedo salvarte,

-¿No sería lo correcto?

Carlos se congeló un momento, su labio inferior comenzó a temblar, negó suavemente.

-No voy a morir- murmuró-, mi alfa no va a dejarme…

-¿Tu alfa?

Carlos asintió, las lágrimas caían, aún así, sonrió.

Lando recordó las conversaciones con Max, así que preguntó lo que creían.

-Tu alfa… ¿Charles Leclerc?

Carlos volvió a asentir, sonriendo, amaba mucho a su alfa.

-Estuviste con él cuando te creíamos perdido,

-¿Verdad?

Carlos asintió de nuevo.

-Él me cuidó- murmuró-. Y me prometió que estaríamos juntos, así que vete.

Lando suspiró.

-Carlos, tú… ¿Charles vendrá? ¿Estás seguro?

-Él vendrá…

-Estás muriendo, Carlos, y yo… Me dijeron que puedo salvarte.

-No me estás salvando- Carlos hablaba con seguridad, a pesar de sonar débil-. Me estás condenando a vivir.

Lando no pudo decir nada.

-Te estás condenando a vivir también- agregó el omega-. ¿No puedes vivir por ti mismo? ¿A menos en una vida? Por qué no pruebas vivir tu vida, Lando… Qué importa lo que otros digan, es tu vida… ¿Dejarás que los demás vivan por ti?

El castaño no tenía palabras, los ojos de Carlos se cerraron, dejó de forcejear y Lando recargó su liviano cuerpo sobre él, la respiración del omega estaba agitada, casi como si hubiera corrido varios kilómetros, se había agotado en esa discusión.

-Déjame dormir- murmuró el omega, en su pecho, casi susurrando-. Y no hagas nada.

Lando tardó un segundo en hacerle caso a Carlos, lo dejó en la cama, cubriéndolo con la sábanas y volviendo a acomodar torpemente el nido, salió del cuarto sintiéndose un poco mal.

Caminó por el pasillo, intentando borrar la idea de que Carlos Sainz moriría por su culpa, escuchó la puerta de la entrada abrirse, y gritos, no sabía qué pasaba, frunció el ceño, escuchó pasos apresurados y al llegar a la escaleras vio a dos personas en su sala.

Y un lobo oscuro que parecía olfatear el aire de la casa, buscando algo.

¿Otro cambiaformas?” pensó, sus ojitos se abrieron de más.

-¿Oscar? – murmuró, sintiendo su corazón agitarse al ver al beta, distinguiéndolo de lejos, después de tantos días sin verlo.

Los tres alzaron la vista hacia él, se congeló al ver los ojos del lobo al mirarlo, eran intimidantes aún a la distancia, pero un llanto los hizo mirar más allá, un sollozo como el de un animal, viniendo desde detrás de la última puerta del pasillo, donde estaba el cuarto del omega.

-¿Carlos?

Un intenso olor a café lo hizo voltear de nuevo, sintió el golpeteo de las patas subir las escaleras y pasar a su lado, el animal era enorme, su fuerte olor y el bajo gruñido del chico lo hizo apartarse del camino, pegando su espalda a la pared, al pasar a su lado, ahora captando el olor a pino, pareció golpearlo por su intensidad.

Vio a aquel lobo entrar al cuarto de Carlos, abriendo la puerta con sus patas delanteras con tanta fuerza que esta rebotó en la pared y casi se cerró, dejando una rendija abierta.









SE VIENEEEEEE

𝑫𝒆𝒍𝒕𝒂[𝑪𝒉𝒂𝒓𝒍𝒐𝒔] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora