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Las salidas con Hanbin habían vuelto, no tan regulares ya que el rubio estaba ocupado, pero era agradable volver a verle sonreír más de un día a la semana.

—Zhanghao, ¿me ayudas un poco? — su madre preparaba la comida, esa tarde no te diría trabajo así que haría la comida y cena ella, diciendo que ya extrañaba hacerlo. El más alto se encaminó a la cocina, ayudándola con lo que parecía ser sopa en la estufa. —¿Hoy también vendrá ese chico Hanbin? — preguntó mientras cortaba unas zanahorias.

Zhanghao negó con la cabeza. —No, bueno... No le pedí hacerlo. — susurró lo último.

—Es agradable, deberías invitarlo más. — sonrió posicionándose a su lado y echando más ingredientes en la comida.

No dijo mucho después de eso, incluso parecía haber un gran silencio en la cocina, aunque a su madre no le gustará hablar mientras prepara comida, de igual forma no era un silencio muy acogedor. Hubo un momento donde la mayor salió del cuarto, dejándolo solo por unos minutos. No podía oír muy bien qué hacía, pero después la vio regresar con una sonrisa y seguir preparando una masa en la mesa con tranquilidad.

Volvió su vista a la comida, algo extrañado por lo que sucedía. Sacudió la cabeza creyendo que sólo estaba sobrepensando las cosas, como últimamente no dejaba de hacer. Incluso esa fue la razón por la que terminó contándole a su madre del pequeño enamoramiento que tenía con Hanbin, ella le sonrió diciendo que no podía dejar ir a ese chico, y dándole consejos de cómo acercarse más a él.

Mientras revolvía todo, escuchó unos golpes en la puerta de entrada. Fueron suaves, no parecía ser del casero o algún vecino. Zhanghao se adelantó a abrir, seguido de su madre a pasos lentos.

—Abrió la puerta y casi azota la misma de no ser por la bella sonrisa que el rubio le mostraba. ¿Qué hacía ahí?

—¡Hola, Hao! — saludo extendiendo ambos brazos, pudo ver que llevaba una chaqueta, debido a que la temporada de frío se acercaba, incluso pensó que tal vez Hanbin era alguien muy sensible, pues el clima afuera no era tan bajo como para llevar guantes, pero el rubio los traía. —¿Me dejas pasar? — soltó con algo de burla. Zhanghao se sonrojo al encontrarse a sí mismo viendo las de lo necesario al más bajo.

—¿Qué haces-?

—Hola, cariño. — su madre saludo al rubio, incluso uso esos apodos que sólo usaba con sus primos o él mismo. No entendía que sucedía. Hanbin acepto el abrazo que la mujer le daba, y recién pudo notar las bolas que cargaba y ahora dejó en el suelo. —Espero no haber molestado.

—Oh, claro que no. Mis padres están trabajando, y Gyuvin salió con unos amigos. — sonreía tan grande, Zhang se sentía una persona afortunada de poder ver a Hanbin con sus ojitos casi cerrados por la gran sonrisa que mostraba, también apreciaba el leve rubor probablemente ocasionado por el frío. Se estaba volviendo loco.

—¿Puedo saber qué está pasando? — se acercó a ambos y se cruzó de brazos, completamente confundido. Su madre le dio un pequeño golpe en el hombro.

—Olvidé comprar unos ingredientes, y pensé que no estaría mal invitar a Hanbin a comer. — hablaba tan natural, como si fuesen amigos de toda la vida. —¿Los traes, verdad? — Sung asintió y señaló las bolas que yacían en el suelo. La mujer junto sus palmas feliz. —¡Bien! Deja tus cosas por allá, cariño. Vamos, a la cocina. — el rubio se sacó la chaqueta y los guantes, dejándolos en un pequeño perchero, el cual nunca se vio tan lleno en años. Su madre y Hanbin se dirigieron a la cocina, la mujer pidiéndole ayudarla con las bolsas.

Zhanghao, algo distraído por las cosas que habían pasado en tan solo minutos, tomó torpemente las compras y se encaminó al cuarto, donde Hanbin ayudaba a la mujer con la misma masa que hacía antes; dejó todo en la mesa, sin despegar su mirada del rubio que escuchaba atento lo que la mujer hacia.

Así la cocina volvió a tener algo de ruido.

[ ¡ stop ! ]

—No sabía que te llevarás tan bien con mamá. — habló Zhanghao una vez la mujer salió de la cocina. Hanbin lo miró de reojo sin dejar de estar pendiente de los últimos detalles de la comida.

—Es muy linda, no podía decirle que no. — sonrió. Zhang sintió su corazón acelerarse y sus manos picar por tomar el rostro ajeno, quería acercarse, quería tener el privilegio de poder, en ese momento, darle siquiera un beso en la mejilla o abrazarlo como si fuese algo normal entre ellos. —¿Hay algo malo con eso...? — parpadeó varias veces notando el semblante preocupado del rubio, sabía que no quería entrometerse demasiado, y probablemente creía que llegar de esa forma a su casa era molesto.

Negó. —De hecho, pensaba pedirte ir a dar una vuelta. — ambos se miraron con una sonrisa plasmada en sus labios, agrandoles la idea.

Un leve carraspeo se escuchó detrás de los dos chicos, provocando que se girarán con algo de vergüenza.

—Creo que es hora de comer. — la mayor se abrió paso en medio de Zhanghao y Hanbin, indicándoles que tomarán asiento.

Pasaron la comida con una amena charla, más que nada entre Hanbin y la señora Zhang, que le preguntaba cosas un poco personales al mismo, alegando a su hijo que tan sólo quería conocerlo un poco.

Al terminar, Hanbin aviso debía irse, así que Zhanghao se ofreció a acompañarlo, pero el rubio se negó diciendo que alguien más iría por él.

—¿Iremos a dar esa vuelta después? — preguntó el más bajo mientras se colocaba los guantes.

—¿Te parece mejor una tarde de películas?

Hanbin sonrió. —Me parece perfecto.

[ ¡ stop ! ]

yo también quiero q alguien se enamore de mi :'vv

𝘀𝘁𝗼𝗽 - 𝗵𝗮𝗼𝗯𝗶𝗻Donde viven las historias. Descúbrelo ahora