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Hanbin pasaba delante del espejo repetidas veces, cersiorandose de que no hubiese ningún fallo en su vestimenta, y aquello no era sólo por su aclamado gusto por verse bien, sino que estaba nervioso. Tanto que sus palmas no dejaban de sudar.

Siguiendo las palabras de Matthew, le pidió a Zhanghao vestirse como él gustará, no quería cambiar al pelinegro, ni siquiera para una cena con sus padres. No era nada formal, pero de igual forma se sentía esa sensación de formalidad en el aire.

Ellos sabían que conocerían a su novio, se los quería dejar en claro para no pasar por más momentos incómodos de presentación.

Zhanghao le mando un mensaje diciendo que estaba por llegar, y 20 minutos después del timbre sonó como eco por toda la casa. Hanbin bajo las escaleras, notando que ni Gyuvin ni sus padres se encontraban cerca de la entrada, ni siquiera Jiseok, uno de los hombres que trabajan en la casa.

Abrió la puerta, viendo a un sonriente, pero de igual forma ansioso, Zhanghao al otro lado. —Hola... — dijo en un susurro, levantando tímidamente su mano en forma de saludo. Hanbin le sonrió y tomó la misma, haciéndolo entrar a la casa finalmente.

Zhanghao miró todo como si nunca hubiese estado ahí, apretando la mano de Hanbin al oír un ruido proveniente de uno de los pasillos. Gyuvin se acercó a ellos con una sonrisa burlona en el rostro, el Sung mayor viró los ojos.

—Mamá dice que pasen al comedor. — hizo un ademán, pareciendo un mesero indicándoles su mesa. Los tres chicos caminaron a lo indicado, donde los padres de ambos hermanos esperaban más que nada al pelinegro que sujetaba con fuerza la mano del mayor de sus hijos.

[ ¡ stop ! ]

Sólo se podían escuchar los cubiertos golpear los platos en ese incómodo silencio que se comenzó después de que Zhanghao dijese su nombre y diese una reverencia.

Para Hanbin era obvio el como sus padres miraban los tatuajes que se asomaban por las mangas de la camisa del más alto, al igual de las perforaciones que adornaban sus orejas. No eran algo que se pudiese ignorar, pero Sung esperaba fuesen más discretos con ello.

Cuando ya no hubo comida en la mesa, todos compartieron miradas, más que nada Hanbin con su padre que parecía pensar en cómo poner sus pensamientos en palabras.

Se aclaró la garganta. —Es diferente. — dijo no realmente en voz alta, pero por el tamaño de la habitación pudo ser oído perfectamente por todos los presentes. Hanbin elevó una ceja. —Creí que era amigo de Gyuvin. — siguió, haciendo referencia a las anteriores visitas del moreno.

—Lo es. — soltó Gyuvin, encogiéndose de hombros al estar bajo la fulminante mirada de su hermano.

—¿Es de tu club de arte, Binnie? — preguntó su madre, finalmente siendo parte de la conversación. Hanbin apretó los dientes, negando con la cabeza. —Oh, ¿entonces comparten alguna clase? — nuevamente mostró negación. La mujer miró a Zhanghao con confusión. —¿Entonces? ¿De dónde se conocen?

Claramente era difícil explicar aquello, y mucho más después de la carcajada que Gyuvin a duras penas pudo guardar. Hanbin peino un poco su cabello deseando que sus padres se tomasen todo ligeramente, como lo hizo la madre de Zhanghao, pero sabía que eso no sucedería pues conocía a las personas que lo trajeron al mundo.

—¡Yo los presenté! — Gyuvin se adelantó, siendo el centro de atención. —Bueno, no realmente, pero por mi fue que se vieron más seguido. — sonrió, una sonrisa que llegó a sus ojos, como si lo contado fuese su mayor orgullo. Aunque ir a una fiesta, hablar con alguien fumando en el patio de la casa y después encontrarte a ti mismo durmiendo en la misma cama que ese desconocido, no era algo que fuese motivo de orgullo para Hanbin.

No en ese momento, al menos.

—Ya veo... — susurró la mujer.

Cuando el silencio se hizo presente nuevamente, fue que Hanbin soltó un suspiro y se puso de pie.

—Sólo quería que conozcan a Zhanghao, así que... Si no tienen más preguntas, ¿podemos retirarnos?

Su padre se puso de pie por igual, siendo seguido por su esposa e hijo menor, quienes notaron como el ambiente se iba relajando. —Claro. — respondió sin rodeos, mirando con una vaga sonrisa al moreno.

Hanbin tomó la mano de Zhanghao y los sacó de la cocina; sabía que sus padres no estaban acostumbrados a eso de las parejas, siquiera sabían sobre Gyuvin y Ricky, y también sabía que las palabras no eran lo suyo, así que ellos estaban bien con su relación, por lo que no había necesidad de dar tantas vueltas al asunto.

Zhanghao se detuvo cuando notó estaban en la habitación del rubio, algo perdido en sus pensamientos desde que se sentó en aquella silla en el comedor.

—Tranquilo, así son ellos. — le sonrió, realmente calmandolo. —Sólo no menciones lo de la fiesta, o la vez que te quedaste aquí, ya sabes, cosas que podrían sacarlos de su "zona". — se acercó, tomando las manos del más alto y haciendo que rodee su cintura con sus brazos, Hanbin abrazándose de su cuello por igual.

—Creí que sería peor. — admitió en un susurro, acurrucandose en el cuello del rubio.

—Si me gritaban o algo, tendría que haber dormido en tu habitación. — suspiró. —Igual puedo dormir contigo, si quieres. — las últimas palabras fueron un susurro, ambos se miraron a los ojos con sus rostros tan cerca que no había necesidad de hablar fuerte para escucharse.

—Es buena idea. — murmura contra los labios ajenos antes de tomarlos entre los suyos.

Era agradable estar sólo ellos dos, y sabían que no necesitaban de la aprobación de nadie para seguir juntos. Solamente la suya.

𝘀𝘁𝗼𝗽 - 𝗵𝗮𝗼𝗯𝗶𝗻Donde viven las historias. Descúbrelo ahora