55

80 16 0
                                        

Zhanghao había recibido un mensaje de Sung, donde avisaba iría a visitarlo. Era algo repentino, y claro que puso de los nervios al pelinegro, después de lo que ocurrió hace unos días con Gyuvin, no sabía qué actitud esperar del rubio.

Miraba a su madre caminar del comedor a la cocina, llevándose los platos sucios. Cuando el timbre del departamento sonó, Zhanghao se puso de pie tan rápido que su madre creyó se caería de la silla.

—Yo te ayudo. — tomó los platos que su madre sostenía y los llevo a la cocina, dejando a la mujer un poco confundida, pero rápido el timbre volvió a sonar haciendo que se dirigiera a la puerta.

Zhanghao escuchaba todo desde la otra habitación, desde como su madre saludaba a Hanbin muy alegre hasta como este le preguntaba por él con esa suave voz que siempre usaba al hablar con personas mayores. El tatuado sacudió la cabeza, comenzando a lavar los platos y vasos como una forma de evadir el momento que claramente se acercaba: ver a Hanbin.

Hubo algunos pasos después de que la puerta se haya cerrado, sabía que eran del rubio, pero también había mucho silencio por parte de su madre así que supuso se había ido a comprar algunas cosas, como siempre hacia cuando algún amigo de Zhanghao llegaba de visita.

Sólo que está vez Zhanghao rogaba que regresara.

—Hola, Hao. — la voz de Hanbin lo asustó un poco después del largo silencio, provocando que casi tire un vaso al suelo. Hanbin río bajo. —¿Por qué estás tan nervioso?

El rubio se acercó a su lado, viendo lo que hacía como si fuese algo fuera de lo común. —No estoy nervioso... — titubeó al final, alejando su vista del sonriente chico a su lado. Quería tranquilizarse, probablemente rogarle que lo perdone, pero tenía miedo de haber arruinado todo nuevamente y que Hanbin sólo haya ido para decirle que olvidará todo, más que nada el avance que hubo en su relación.

Si es que podía llamarlo así.

—Mmm vine porque quería hablar contigo. — susurró jugando con una servilleta que estaba encima de la mesita.

—Debiste llamar, no tenías que cruzar toda la ciudad... — trato de bromear.

—Sabes que no vives lejos de donde yo. — sonrió. —¿Podemos? — tomó su brazo, acercándolo un poco a su cuerpo.

—Ah-a, ¿"Podemos"? ¿Qué?

Hanbin río un poco. —Hablar. — aclaro, arrastrándolo a la sala después, donde Zhanghao por fin notó que su madre no se encontraba realmente. Lo había abandonado. El rubio se sentó en un sofá y espero que Zhanghao hiciese lo mismo.

—¿Sobre qué quieres hablar? — preguntó con la voz suave, sentándose a su lado.

—Hace... Dos días, hablé con Gyuvin. — comenzó, mirándolo de reojo. Zhanghao trago duro. —Él me pidió hablar, y fue... Extraño al principio-

—Perdón. — Zhanghao baja la cabeza y toma las manos de Hanbin entre las suyas. —Perdóname, no era mi intención decir eso. Sé que tú debías decirle, y que no estabas listo, perdón por no saber cerrar la boca.

—Oye, Zhanghao... Está bien. — coloco su mano en el hombro del más alto. —No estoy molesto. — dice con una sonrisa en su rostro, tratando de tranquilizar al pelinegro. Zhanghao levanta la mirada y cuestiona con esta. —En serio, sólo quería decirte que él ya sabe, así que fue un gran paso supongo...

—¿No estás molesto? — susurró, Sung negó con la cabeza. —¿Ni un poco?

—Bueno... Cuando me dijo sí me moleste un poco, pero no es algo tan malo, Gyuvin iba a saber en algún momento y fue como un pequeño empujón. — se encogió de hombros. Zhanghao sonrió, por fin tranquilo sobre aquel tema. —Pero...

—¿Pero? — Hanbin se soltó de su agarre y golpeó su hombro, moviendo un poco al contrario. Zhang frunció el ceño. —¿Qué-?

—¿Por qué le contestaste... De... Bueno, tú sabes? — los ojos del rubio se movían por todo el lugar.

—¿Qué cosa?

—Del beso.

Zhanghao sonrió. —Oh... eso...

—Sí, eso. — Hanbin lo miró. —No era necesario, ¿sabes? — se cruzó de brazos. —También me dijo que... Le dijiste éramos novios. — Zhanghao esperaba una mala reacción por parte del rubio, pero este sólo lo miró algo indeciso, probablemente esperando lo mismo de su parte. Hanbin creía que era una broma, y que Zhang reiría en cualquier momento.

—¿No lo somos? — preguntó tras un pequeño, e incómodo, silencio. Sung, con sorpresa, abrió la boca queriendo decir algo, pero no tenía una respuesta a ello.

—¿Lo somos? — regreso la pregunta, ambos chicos buscando la afirmación, o negación, por parte del otro. —Digo... Nunca hablamos sobre eso, sólo... Bueno... — sintió su rostro volverse rojo con intensidad debido a la vergüenza que aún sentía al hablar, o recordar, los besos que se dieron hace días. Más sabiendo que seguían en esa etiqueta de "amigos".

Zhanghao soltó un pequeño suspiro. —¿Tu quieres? — aquella conversación parecía una confesión, la cual ya habían hecho, pero cada vez que lo mencionaban se sentía como la primera vez.

El más bajo presionó sus labios sin apartar la vista del contrario, Zhanghao, por su parte, se acercó con lentitud al rostro del rubio. Podría ser aquella la respuesta a su pregunta... sólo debía terminarla.

Justo cuando sentían sus labios tocarse, la puerta principal se abrió y la madre del pelinegro entro al departamento con una gran sonrisa y algunas bolsas en brazos. Ambos menores se separaron con las mejillas rojas, desviando la vista del otro.

—¿Tienes hambre? — Hanbin fue quien asintió con la cabeza, pero Zhanghao se puso de pie para ayudar a su madre con lo que cargaba. La mujer dijo prepararía algo para ambos, dejándolos nuevamente solos en la sala.

Zhanghao miró de reojo al rubio en el sofá, suspirando antes de ir por el pasillo hacia la cocina, pero la dulce voz del más bajo lo hizo detenerse.

—Espera... — Hanbin se acercó y se apoyó en su hombro, mirándolo con una pequeña sonrisa. Tomó las bolsas de sus manos y dio un casto beso en los labios del más alto, dejando con un gesto de sorpresa al mismo. Zhanghao abrió la boca queriendo decir algo, pero nada salía de ella. —Sí, sí quiero.

Y con aquella sonrisa que le gustaba a Zhanghao se dio vuelta para ir a la cocina.

[ ¡ stop ! ]

jejrjrjje

𝘀𝘁𝗼𝗽 - 𝗵𝗮𝗼𝗯𝗶𝗻Donde viven las historias. Descúbrelo ahora