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Las lágrimas salieron sin aviso, sentía su corazón latir tan rápido y el aire comenzaba a faltarle; creía que ya había dejado aquello en el pasado, pero parecía que la situación lo trajo de nuevo. Quería tirarse al suelo y llorar hasta no pudiera hacerlo más, pero su cuerpo le decía que siguiera corriendo pues nada a su alrededor le parecía conocido.

Llegó al restaurante donde estuvo tantas veces y se sentó con la espalda apoyada en el local, mirando el cielo ponerse más gris con el pasar del tiempo. Incluso en ese momento lo único que podía pensar era en Zhanghao, yendo tanto al establecimiento con el tatuado le hizo pensar que estaría ahí, que llegaría y le diría que todo estaba bien. Hanbin no quería volver a romperse como lo hizo ese día, no quería volver a sentirse débil de esa manera. Simplemente no quería recordar lo que sucedió.

[ ¡ stop ! ]

—Si tanto te gusta, deberías decirle. — empujó el cuerpo del contrario.

—No saldría con alguien como yo... — suspiró. —No deja siquiera que su hermano se acerque a personas como yo, mucho menos él se relacionaría de más con una.

—¡Yah! Deja de hablar como viejo. — miró mal al castaño, chistando. —Si no le dices lo que sientes, no sabrás lo que él siente.

—Como sea... — desvío la vista, sintiendo después como el mayor chocaba su paraguas con el propio.

—Oye, Zhanghao... — el mencionado se giró a verlo con confusión. —¿Cómo dijiste que era?

—¿Hanbin? — su menor asintió. —¿Por qué?

El castaño señaló algo cerca de aquel recurrido restaurante. —¿No es él? — dirigió su vista hacia el lugar donde apuntaba, viendo a un chico sentado bajo la lluvia abrazándose a si mismo.

Corrió al reconocer aquel bolso que Hanbin llevaba a todos lados, siendo seguido por su mayor.

—¡Hanbin! — el rubio elevó la vista y aún con lágrimas corriendo por sus ojos, se arrojó a brazos del moreno, quien lo tomó con sorpresa pero mantuvo el equilibrio para no caer al suelo. —¿Estás bien? ¿Qué pasó? ¿Por qué estás llorando?

—Zhanghao-ah~ — corto al más alto, no pudiendo decir nada más antes de que volviera a romper en llanto.

El tatuado vio al castaño, quien miraba con confusión lo que sucedía. —¿Necesitas ayuda? — preguntó a Zhang, quien asintió a la vez que trataba de ponerse de pie con Hanbin por igual. El rubio no se le despegaba, se aferraba a su camisa sin dejar de llorar.

—Taerae, ¿Traes tu auto? — el menor quiso acercarse para ayudar a Zhanghao con el más bajo, pero este se alejó tan pronto sintió su tacto. —¿Podrías llevarnos al departamento?

[ ¡ stop ! ]

Taerae se había ido unos minutos atrás, después de que Zhanghao le aclarará que todo estaría bien y que sí necesitaba algo lo llamaría. Ahora estaba solo en la misma habitación con Hanbin, quien se había tranquilizado un poco pero no se interesaba mucho en hablar.

Zhang cerró la puerta principal y camino a su habitación, donde el rubio se encontraba; Sung estaba sentado en la cama mirando el suelo, ni siquiera inmutándose cuando Zhanghao entró al cuarto.

El pelinegro sentía que tal vez lo que había sucedido no era algo que pudiese contarle a cualquiera, menos a él, que parecía todo menos un amigo cercano y de confianza. Tomó un repaso profundo antes de sentarse a un lado de Hanbin, mirándole con la intención de que lo notará y supiera que, su iba a decir algo, él lo escucharía.

[ ¡ stop ! ]

ay ke fuerte no

actu pq estoi aburrida 🥳

𝘀𝘁𝗼𝗽 - 𝗵𝗮𝗼𝗯𝗶𝗻Donde viven las historias. Descúbrelo ahora