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Butters se quedó inmóvil por un instante, sorprendido. Por un lado, la idea de salir a una fiesta le entusiasmaba, aunque el hecho de tener que mantener su doble identidad le ponía nervioso. Pero ver esa expresión de confianza en los ojos de Kenny lo llenaba de una satisfacción inesperada.

Por otro lado, Pip ya no tenía fuerzas para pelear con Damien. No porque le faltara valentía, sino porque entendió que cuanto más reaccionaba, más satisfacción le daba al demonio.

Desde aquel día en la que Thor apareció con su arrogancia disfrazada de preocupación, dejó de prestarle atención. Cuando el demonio se presentaba en su casa sin invitación, él simplemente seguía con lo que estaba haciendo, sin dirigirle la mirada. Cuando hablaba para sus tutorías,  respondía lo indispensable. Si lo tocaba para llamar su atención, se  apartaba sin una palabra.

Era difícil. Phillip no podía negar que ejercía una presencia fuerte en su vida. Su cuerpo todavía reaccionaba cuando lo sentía cerca, recordando el beso forzado, el dolor de las humillaciones pasadas. Pero por primera vez, Pip quería recuperar el control, aunque fuera con una estrategia pequeña.

Pasaron días así. Él en recuperación, sintiéndose poco a poco mejor de los golpes de los matones, y Damián regresando cada tanto, esperando por la atención que “merecía".

—Me enferma que me estés ignorando —soltó de repente, su tono más inseguro que antes.

El rubio parpadeó, sorprendido.

El demonio lo miró con el ceño fruncido, como si él mismo estuviera tratando de encontrar la razón de su propia incomodidad.
Cuando Damien aparecía en su casa, no decía nada. Cuando intentaba provocarlo con comentarios sarcásticos, el chico simplemente se daba la vuelta y se iba.

Había probado con otras cosas que nunca hizo en su vida como heredero del infierno: dejar en su puerta un  abrigo nuevo cuando notó que el suyo estaba roto, comida cuando su despensa estaba casi vacía, libros de la escuela para que pudiera estudiar desde casa. Pero nunca recibió una respuesta. Al día siguiente, las cosas seguían ahí, intactas. ni siquiera se molestaba en recogerlas.

—¿Hasta cuándo vas a seguir con esto? —su voz sonó grave, más baja de lo habitual.

Pip no respondió.

Thorn cerró los puños. Estaba acostumbrado a tener el control. A que la gente temblara ante él, a que lo buscaran, a que quisieran su atención. Pero ahora, un simple humano lo estaba destruyendo con su indiferencia.

Se inclinó sobre Pip, lo suficiente como para que pudiera sentir su aliento en la nuca. El demonio apretó los dientes. Se quedó así unos segundos, esperando, pero no obtuvo nada. Finalmente, con frustración, se alejó y se dejó caer sobre la silla más cercana. Bajó la cabeza, frotándose las sienes con las manos.Nunca antes había sentido eso y era obvio que no sabía cómo manejarlo. Ya no exigía atención, ya no se imponía con su presencia. Solo estaba ahí, callado, esperando algo que ni él parecía entender.

Pip lo observó en silencio, tratando de descifrar si había alguna trampa en todo esto. ¿Era otro juego?...

—¿Por qué sigues viniendo? —preguntó, su voz cortante.

Damien levantó la mirada con sorpresa, como si no esperara que le hablara después de tanto tiempo.

—No lo sé.—Desvió la mirada, No estaba sonriendo. Su expresión no tenía rastro de burla o superioridad. Solo lucía… cansado.

El silencio entre ellos se volvió más pesado. Hasta que volvió a hablar.

—Nunca quise que te lastimaran tanto.

 «𝕷𝖔𝖛𝖊 𝖎𝖓 𝖙𝖍𝖊 𝖉𝖆𝖗𝖐»Donde viven las historias. Descúbrelo ahora