Clyde, apenas sintió la caricia en su mejilla, abrió los ojos de golpe, como si la realidad lo hubiera golpeado de repente. Se apartó un poquito, rompiendo el contacto visual, con las mejillas sonrojadas y las manos temblando.
—Lo lamento—balbuceó en voz baja, mirando hacia el suelo, apretando los puños sobre sus piernas—. No debí… No sé qué estoy haciendo.
Kevin frunció el ceño, viéndolo encogerse en sí mismo como si hubiera cometido un crimen. Se acercó despacio, sin invadir su espacio, y le habló con voz suave:
—Está bien —le dijo, en tono bajo, seguro—. No tienes que disculparte por sentir algo.
Donovan apretó aún más los ojos, negando con la cabeza, luchando contra sus propios miedos, esos que le decían que lo correcto era alejarse, encerrarse, volver con Token. Pero antes de que pudiera moverse o escapar, Stoley lo tomó suavemente del mentón, obligándolo a mirarlo.
—Mírame, porfavor—pidió con ternura.
El castaño abrió los ojos, respirando agitadamente, atrapado en la calidez de esos ojos oscuros que no juzgaban, que no exigían, que simplemente lo aceptaban. Kevin sonrió un poco, acercándose más, hasta que sus rostros quedaron a centímetros.
—Te volveré a besar—susurró, y sin darle más tiempo para sabotearse, junto sus labios.
Esta vez no fue un roce torpe, no fue duda. Fue un beso firme, dulce, protector. Un beso que decía “Me gustas"
Clyde tardó unos segundos en reaccionar, pero finalmente cerró los ojos y correspondió, dejándose llevar, sintiendo que toda la tristeza, el peso de los días anteriores, se deshacía entre los labios del mayor.
El corazón de Kevin se hinchó de afecto al sentir que la resistencia se desvanecía, reemplazada por una tierna correspondencia. Profundizó el beso, vertiendo todo el consuelo y apoyo que pudo en el gesto. Sus fuertes brazos rodearon a Donovan, acercándolo y ofreciéndole un santuario en medio de la tormenta.
Cuando finalmente se separaron, Kevin apoyó su frente contra la del castaño, sus respiraciones se mezclaron con el aire fresco de la noche. Sin presionarlo, acarició con el pulgar la mejilla aún sonrojada del menor; apartandole un mechón de pelo de la cara, su tacto era suave, como si se tratara de una fina porcelana. Rodeó a Clyde con sus brazos, sosteniéndolo con fuerza contra su pecho.
—Podría acostumbrarme a esto.— Se rió suavemente, el sonido retumbando en su pecho. Su expresión se volvió amable y su mirada escudriñó el rostro de Clyde en busca de respuestas. Le dio un tierno beso en la parte superior de la cabeza, su presencia fue una fuente constante de consuelo y apoyo mientras Donovan derramaba su dolor.
Clyde, tembloroso todavía por la intensidad de sus emociones, se aferró a los brazos de Kevin como si de ello dependiera su estabilidad. Hundió el rostro contra su pecho, buscando refugio en el calor que emanaba de él, en el latido constante y seguro de su corazón. Kevin no se movió, no habló; simplemente lo sostuvo, envolviéndolo por completo con su cuerpo grande y cálido.
El castaño exhausto tanto física como emocionalmente, dejó que su cuerpo se relajara por completo, apoyando su cabeza en el pecho del mayor, sintiendo cómo la presión de sus pensamientos y su dolor se desvanecía lentamente. Las manos de Kevin continuaban envolviendo su espalda, ahora con un toque más suave. Ambos se quedaron dormidos así, abrazados, en un refugio de calma que ninguno de los dos había tenido en mucho tiempo, como si la noche les hubiera regalado ese respiro.
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