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El sol de la tarde bañaba el parque en un brillo dorado, y el sonido de niños jugando y perros corriendo llenaba el aire. Craig y Tweek caminaban tomados de la mano, con el helado derritiéndose lentamente en sus conos.

El rubio, que lamía el suyo con pequeños bocados ansiosos, de repente miró a su novio con una sonrisa traviesa.

—Oye… —su tono ya era sospechoso.

—¿Qué? —preguntó Tucker, sin inmutarse.

Antes de que pudiera reaccionar, Tweek le untó un poco de helado en la nariz y parte de los labios.

Craig parpadeó, sintiendo el frío pegajoso en su piel mientras el menor se echó a reír de inmediato. Suspiró, mirándolo con una expresión impasible.

—Tweek.

—¡Jajaja, espera, espera, yo lo quito!

Se inclinó sin pensarlo demasiado y, con una risa dulce y despreocupada, pasó la lengua por la punta de la nariz de Craig para limpiar el helado. Provocándole  un escalofrío en la espalda.

—Honey… —dijo con tono de advertencia.

Pero su novio solo se apartó, mirándolo con una sonrisita satisfecha.

—¿Qué? Lo arreglé.

Craig lo miró por un segundo más y, sin previo aviso, se inclinó y le robó un beso.
Un beso lento, intencional, pero con una misión específica.

Cuando se separaron, Tweek abrió los ojos sorprendido y tocó su boca.

—¡Craig! ¡Ahora tengo helado en los labios.

—Sí. Y ahora yo lo arreglé.—Se encogió de hombros con una pequeña sonrisa.

—Eres un aprovechado.—resopló, rojo de vergüenza.

Craig le apretó la mano y le dio otro bocado a su helado.

—Y tú eres un desastre. Pero te amo.

El rubio miró el suelo, con una sonrisa tonta en el rostro, antes de murmurar:

—Yo también te amo.

Craig miró a su novio, que caminaba a su lado, aún con los labios ligeramente pegajosos por el helado. Tweek seguía parloteando sobre algo, moviendo las manos como siempre lo hacía cuando estaba nervioso o emocionado.

Sintió un nudo en la garganta.

Lo amaba.

No solo porque habían crecido juntos o porque conocía cada uno de sus miedos, ansiedades y manías. Porque, a pesar de ser un desastre viviente, era la persona más genuina que había conocido. No tenía miedo de ser vulnerable, de llorar, de gritar, de reírse a carcajadas sin preocuparse de quién lo escuchara.

Cuando estaba con  Tweek, sentía que su vida tenía un propósito más allá de simplemente existir.

Había algo hermoso en la manera en que siempre intentaba ser fuerte, incluso cuando todo le daba miedo con sus temblores y su paranoia, con sus quejas constantes y su torpeza. Antes de Tweek,  se sentía vacío. No le importaba nada, no sentía nada. Pero entonces apareció, con su energía caótica, y le enseñó lo que significaba querer de verdad.... Muchos piensan que el había salvado a Tweek, Pero  Siempre fue al contrario, Tweek lo había salvado a él.

Él rubio notó que Craig lo miraba y frunció el ceño.

—¿Qué? ¿Por qué me miras así ?

Tucker sonrió de lado y negó.

 «𝕷𝖔𝖛𝖊 𝖎𝖓 𝖙𝖍𝖊 𝖉𝖆𝖗𝖐»Donde viven las historias. Descúbrelo ahora