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La casa de Craig estaba en completo silencio, algo raro considerando que usualmente su hermana Tricia pasaba corriendo por todos lados o sus padres discutían por tonterías. Esa noche, sin embargo, la casa era solo para ellos.

Tucker, con el ceño ligeramente fruncido, sostenía al bebé en brazos mientras lo alimentaba con una mamila diminuta. A pesar de lo absurdo de la situación, su concentración era total, como si realmente se tratara de un infante real. Lo sostenía con una delicadeza que pocas veces mostraba.

—Deja de mirarme así —dijo sin apartar la vista del muñeco, notando la atención de Tweek—.

Él rubio apenas reaccionó. Estaba sentado en el sillón, con los codos en las rodillas, la mirada perdida en un punto indefinido. Pensaba en la carta. En Inglaterra.

—Tweek —llamó Craig al ver su expresión—. ¿Estás bien?

—Sí… solo estaba pensando —respondió, forzando una sonrisa—. Te ves lindo con eso.

—No te burles. Esta cosa tiene sensores, —dijo, y luego se acercó al menor arrodillándose frente a él—. ¿Seguro que todo está bien?

Asintió, y entonces Tucker le tomó una mano con la suya libre. La sostuvo con firmeza, entrelazando sus dedos con los suyos, besándola suavemente. Haciendo que las mejillas de Tweek se tornaran carmesí.

—¡Gha! No hagas eso.

Craig ríe dejando al muñeco cuidadosamente en una manta cercana y se inclinó hacia su novio. Besándolo despacio, con ternura, rozando sus labios.

Apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando Tweek lo empujó suavemente hacia el sofá, haciéndolo recostarse mientras él se colocaba sobre su regazo. Sus rodillas a ambos lados de Craig, sus manos temblorosas pero decididas aferrándose a los hombros de su novio. Su respiración era entrecortada, pero en sus ojos había una chispa que no había mostrado en mucho tiempo.

Los ojos del moreno se abren ligeramente ante el movimiento repentino de Tweek, su cuerpo se tensa debajo de él. Lo mira, con una mezcla de sorpresa. Sus manos se mueven instintivamente hacia su cintura, agarrándola suavemente para estabilizarlo.

—Quiero ¡Ahg!... Hacerlo yo—murmuró Tweek, con el corazón golpeándole el pecho.

Craig tragó saliva, sintiendo un calor recorrerle el cuerpo. L,o observaba con intensidad, con las mejillas encendidas y una expresión llena de ternura y determinación. A pesar de la sorpresa, Tucker dejó escapar una sonrisa suave, una de esas que reservaba solo para él.

—Entonces hazlo —susurró, apretando las manos en su cintura.

Bajó lentamente, rozando su nariz con la de Craig, sus labios apenas separados. El silencio estaba cargado de tensión dulce y nerviosa, hasta que Tweek lo besó. Fue un beso lento, largo, cargado de emoción. Sus dedos temblorosos se enredaron en el cabello oscuro de Craig mientras sus cuerpos se alineaban. Lo abrazó con cuidado, disfrutando la rareza del momento, ese atrevimiento espontáneo de Tweek, tan puro y real.

Envolvió sus brazos alrededor del cuerpo de Tweek, acercándolo más mientras le devolvía el beso con igual pasión. La sensación de los dedos de Tweek en su cabello le provocó escalofríos, y se encontró perdiéndose en el momento. Las manos de Craig recorrieron la espalda de su novio, sintiendo el calor de su piel a través de su camisa. Mordisqueó suavemente el labio inferior de Tweek, un suave gemido escapó de él mientras el cuerpo del menor se apretaba contra el suyo.

Tucker notó las manos temblorosas de Tweek y las tomó suavemente, guiándolas hasta el dobladillo de su camisa. Lo Miró a los ojos, su propia mirada suave y alentadora.

 «𝕷𝖔𝖛𝖊 𝖎𝖓 𝖙𝖍𝖊 𝖉𝖆𝖗𝖐»Donde viven las historias. Descúbrelo ahora