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Clyde se apoyó contra una pared fuera de la casa, con los brazos cruzados y la mirada fija en su teléfono. Había pasado toda la última hora enviándole mensajes a Token, esperando, dándole el beneficio de la duda. Pero ni un solo mensaje había sido respondido.

El frío de la noche comenzaba a calarle en la piel, pero eso no le molestaba tanto como la punzada en el pecho cuando vio a Token salir de la casa… con Nichole aún aferrada a su brazo. Clyde se enderezó de inmediato, sintiendo su corazón acelerarse.

Los observó tambalearse hasta el auto, riendo por algo que a él no le parecía gracioso. Nichole estaba demasiado cerca, hablando demasiado bajo, con la mano demasiado suelta sobre el pecho de Token.

Sacó su teléfono y marcó de nuevo. Ni siquiera lo vio revisar su bolsillo.
Token no lo estaba ignorando por descuido. Lo estaba ignorando a propósito.

Clyde miró con el ceño fruncido cómo ambos subían al auto. Sus cabezas juntas, su risa aún resonando. Estaban borrachos. O eso era lo que Clyde quería decirse a sí mismo. Quizás Token solo la estaba llevando a casa porque su padre se lo había exigido. Quizás no quería hacer una escena.

Pero cuando el auto arrancó y las luces traseras desaparecieron en la distancia, solo le quedó un nudo en la garganta. Token lo dejó atrás. Otra vez.

Clyde dejó escapar una carcajada amarga, riéndose de sí mismo, de lo patético que era, de lo predecible que había sido todo.

Había esperado. Como un idiota, había esperado a que terminara su actuación con Nichole, creyendo que en cualquier momento lo buscaría, que todo lo que pasaba entre ellos valía lo suficiente como para no ser ignorado esa noche.

Pero ahí estaba, solo, bajo la fría luz de la farola, con la pantalla del teléfono iluminando los mensajes sin respuesta.

Y entonces, la vio. Bárbara.

Ella estaba de pie a unos metros, observándolo con preocupación. No había burla en su rostro. Solo se acercó, sin decir nada, y lo abrazó.

Se tensó de inmediato. No estaba acostumbrado a esto. A que alguien lo abrazara cuando se sentía como una mierda. A que alguien lo sostuviera sin pedir explicaciones.

Y luego, sin poder evitarlo, soltó un sollozo.

No quería llorar, pero ahí estaba, con el rostro hundido en el hombro de Bárbara, sintiendo su mano acariciar su cabello de forma tranquilizadora.

—Tranquilo —susurró ella, con la voz suave—. Ya pasó.

Sintió el calor de la mano de Bárbara en su cabello, sus dedos deslizándose con calma mientras él intentaba recuperar la respiración. Pero ella no dijo nada al respecto. No se rió, no lo juzgó.

—Eres un idiota —dijo, sin dureza en su tono.

Él soltó una risa débil, limpiándose los ojos con la manga de su chaqueta.

—Bastante

Bárbara suspiró y miró hacia la calle por donde Token y Nichole se habían ido.

—Mira… ella es mi amiga. Y la quiero mucho. Pero… —hizo una pausa, como si buscara las palabras adecuadas—. También te quiero demasiado, y eso no va a cambiar.

Clyde parpadeó, sorprendido por su sinceridad. Bárbara rara vez decía cosas así en voz alta.

—¿Qué intentas decir? —preguntó en voz baja.

Ella ladeó la cabeza y lo miró con algo parecido a ternura.

—Que aunque sepa la verdad, no voy a decir nada. No soy una mala persona Clyde.

 «𝕷𝖔𝖛𝖊 𝖎𝖓 𝖙𝖍𝖊 𝖉𝖆𝖗𝖐»Donde viven las historias. Descúbrelo ahora