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Pip caminaba con pasos apresurados, su mente revuelta con pensamientos que no podía ordenar. La ira y la confusión se mezclaban en su pecho como un torbellino imparable. No quería pensar en Damien, no quería recordar a Cartman lleno de sangre, ni la manera en que el demonio se había  justificado.

No se dio cuenta de lo rápido que iba hasta que sintió el viento frío golpeando su rostro. La calle frente a él estaba desierta, apenas iluminada por las farolas. Pip no miró a ambos lados antes de cruzar, demasiado absorto en su cabeza para notar los faros que se acercaban rápidamente.

El sonido de una bocina lo sacó de su ensimismamiento. Giró la cabeza, sus ojos se abrieron con pánico al ver el automóvil aproximándose a toda velocidad.

Pero antes de que pudiera reaccionar, algo lo empujó con fuerza. Sintió un impacto contra su costado y, de repente, el mundo giró. Su cuerpo cayó al suelo, pero no sintió dolor. En su lugar, vio a Damián desplomarse contra el pavimento con violencia.

—¡DAMIEN!

Se arrastró rápidamente hasta él, su corazón martilleando contra su pecho. El demonio estaba inmóvil, su cuerpo torcido de una manera que lo hizo entrar en pánico.

—No, no, no, no —murmuró, su voz quebrándose mientras lo tomaba de los hombros—. ¡Reacciona!

Pip sintió sus ojos arder y su respiración acelerarse. Su pecho subía y bajaba de forma errática, el miedo apretando su garganta hasta hacerle doler. No podía perderlo.

—Por favor… —susurró, sus manos temblando al aferrarse al cuerpo  de Damien.

Fue entonces cuando sintió un leve movimiento debajo de sus dedos.

—Callate. Gritas demasiado.—Exclamo, con un suspiro aburrido.

Pip se congeló.

Thorn abrió un ojo, su expresión de fastidio intacta mientras se acomodaba lentamente en el suelo, como si nada hubiera pasado.

—Carajo...ensucie mi ropa.

El británico lo miró fijamente, su mente tardando en procesar lo que estaba viendo.
No tenía heridas. No había sangre. Ni adolorido. Solo estaba acostado ahí, fingiendo como un maldito.

—¡¿TÚ…?! ¡¿ESTABAS FINGIENDO?!

Una oleada de emociones recorrió su cuerpo. Primero, alivio. Después, enojo.

Damián se encogió de hombros con una sonrisa divertida.

—Técnicamente no. Solo fue un empujón . Pero no te preocupes, estoy perfectamente bien.

Pip apretó los puños y, sin pensarlo, lo golpeó en la mejilla.

—¡Eres un maldito idiota! ¡Pensé que estabas muerto!

Damián hizo una mueca de dolor, sosteniendo su quijada con una sonrisa.

—Donde aprendiste a golpear así.

Phillips sintió que las lágrimas que había soltado hace un momento, ahora eran de pura rabia.

Thorn lo miró con atención, y por un instante, su sonrisa arrogante se suavizó.

—Tu aún te preocupas por mí.—se incorporó con facilidad, apoyándose en sus rodillas, mirándolo con intensidad.

Pip se levantó de golpe, aún con la adrenalina corriendo por su cuerpo y las lágrimas secás en su rostro. Su respiración seguía agitada.

—Vete al demonio, Damien.

—Técnicamente, ya vivo en el—sonrió con diversión.

—¡Cállate! — lo interrumpió con furia, señalándolo con un dedo tembloroso—. ¡No fue gracioso! ¡No es algo para bromear!

 «𝕷𝖔𝖛𝖊 𝖎𝖓 𝖙𝖍𝖊 𝖉𝖆𝖗𝖐»Donde viven las historias. Descúbrelo ahora