CAPITULO 16

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Alexandra

"¿Cómo es que esta aquí?" —realmente eres su viva imagen —alzo más el arma. Toda la rabia que he sentido desde que supe la verdad, el por qué no tengo a mis padres biológicos conmigo, por qué tuve que vivir en una maldita mentira durante 19 años, la raíz de todas mis desgracia esta frente a mí.

—¿Qué carajos haces aquí? —el solo respira tranquilo y coloca sus manos en los bolsillos.

—Deseaba ver al fin a la hija de mia bella Ninfa.

—Ella no era nada tuyo.

—Si que lo era —su forma segura de responder me repugna —ambos compartíamos no solo la sangre, sino esa forma de llegar a lastimar y eliminar a nuestro enemigo —sonríe alegremente —ambos habríamos conquistado toda Europa.

—Mi madre jamás te hubiera apoyado —respondo —ella vio la clase de escoria que eras —todo rastro de alegría se esfuma.

—Ella solo estaba influenciada por tu abuelo y el estorbo de Ciprianno —coloca su palma en el pecho —ella siempre me cuidó, me apoyó, pero siempre respetó demasiado a nuestro padre y luego...—su expresión se oscurece —se metió el y me la quitó.

—Tú la mataste.

—No —contradice —ella decidió morir junto a tu padre —siento como mi sangre está ardiendo en rabia —prefirió abandonarte, dejándote con ese numerale, que vivir y luchar por ti.

—Los trucos psicológicos no funcionan conmigo —le corto su intento de manipulación —se bien cuál es mi historia y quienes fueron mis padres —su postura empieza a cambiar —ahórrate el intento inútil y escupe que es lo que quieres —despacio una sonrisa perversa crece en sus labios y todo dentro mío se tensa.

—Te entrenaron bien, toda una Bernardi.

—También soy una Ciprianno —eso lo molesta. De su bolsillo saca un teléfono, cuando lo da la vuelta la imagen me paraliza.

—¿La reconoces?, una buena chica la verdad —la mano quiere temblarme, más resisto y no flaqueo —lástima que mordió la mano de quien la ayudó.

—Ella no tiene nada que ver.

—Oh yo creo que si —activa el sonido y los gritos de Melina me desgarran el pecho —si quieres evitar que siga sufriendo, sacaras a tus hombres de los puertos —la cabeza de Melina cae hacia el frente sin fuerza, cuando un hombre encapuchado la agarra del cabello y la abofetea bastante fuerte sin soltarla —decide piccola, tu amiga no resistirá demasiado esos golpes.

—Eres un maldito.

—Tu decidiste ser mi enemiga —camina hacia mi hasta que su pecho queda pegado al cañón de mi arma —y así como le demostré a tu madre lo que supone ser mi enemigo, lo mismo te lo mostraré a ti —la impotencia es grande, pero aquí no tengo como salvar a Melina sin ponerla en más peligro.

Bajo mi arma y sin dejar de mirarlo saco mi teléfono de mi pequeño bolso. Solo presiono uno de los numero para que la marcación rápida se active, coloco el altavoz para que él lo escuche. Dos tonos son suficientes para que Rossi me conteste —Alexandra, ¿todo bien?

—Despeja los puertos españoles, ahora —sé que mi orden le sorprende, pero no replica y cuelga. Danilo me mira con orgullo, uno por que solo agria mi estómago.

—Una excelente líder solo puede engendrar excelentes hijos.

—Me las cobraré —sus nudillos se acercan a mi mejilla, yo me aparto antes de siquiera llegue a rozarme.

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