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Jimin se sentía solo, Yoongi había salido de la Isla Jeju por unas semanas, dejándolo a merced de su familia, con quienes nunca había tenido la mejor relación.

Aquella tarde, mientras recorría distraídamente los pasillos del supermercado, su mirada se cruzó inesperadamente con la de los padres de Yoongi. Antes de que pudiera reaccionar, ambos se dirigieron hacia él con paso firme y decidido.

—Jimin, necesitamos hablar. —dijo la mujer con seriedad.

—No tengo nada que hablar con ustedes. —Jimin los observó con frialdad y sin detenerse en su andar, respondió.

—Nosotros sí. —intervino el hombre, bloqueándole el paso. —Es sobre Yoongi.

El simple hecho de que pronunciaran su nombre hizo que Jimin se tensara, pero se obligó a mantener la compostura.

—No voy a creer nada de lo que digan. —espetó con dureza, dispuesto a marcharse.

Sin embargo, una mano lo sujetó con firmeza.

—Él no es Yoongi. —dijo la mujer, su voz cargada de una extraña urgencia.

Jimin apretó la mandíbula, exasperado.

—Basta de inventar cosas absurdas. —los enfrentó con la mirada. —Yoongi no tiene un monstruo dentro de él.

—Si no nos crees, hazle preguntas que solo el verdadero Yoongi podría responder. —El hombre suspiró con gravedad antes de decir. —Preguntas que solo ustedes dos conocen la respuesta.

Jimin sintió su estómago encogerse. No quería admitirlo, pero algo en la mirada de los padres de Yoongi lo inquietó. No parecían estar mintiendo ni tratando de manipularlo como otras veces. Sus palabras tenían un peso diferente, uno que hizo que su corazón latiera con fuerza. 

—Esto es ridículo. —murmuró, soltándose del agarre con un movimiento brusco. 

—No lo es. —insistió la mujer. —Por favor, Jimin, solo… Escúchanos. 

Jimin apretó los labios, su instinto le decía que se alejara, que no permitiera que sus palabras envenenaran su mente. Pero entonces recordó algo. 

La última vez que habló con Yoongi por teléfono, su voz sonaba diferente. Había atribuido aquello al cansancio o al estrés del viaje, pero ahora, con la duda sembrada en su cabeza, no podía ignorarlo. 

—¿Por qué me dicen esto? —preguntó al fin, su voz apenas un susurro. 

—Porque lo conocemos, Jimin. —El hombre y la mujer intercambiaron una mirada antes de que él respondiera. —Y ese… ser que regresará a casa en unos días no es nuestro hijo. 

Un escalofrío recorrió su espalda. 

—Eso no tiene sentido. —negó, intentando aferrarse a la lógica. —¿Cómo podría no ser él?

—Porque algo lo tomó. —susurró la mujer, y en sus ojos había algo más que miedo. 

Jimin sintió que el aire se volvía pesado a su alrededor. Su mente le gritaba que se alejara, que no creyera una sola palabra. Pero en lo más profundo de su ser, una pequeña, pero inquietante voz le susurraba que tal vez… solo tal vez, había algo de verdad en todo aquello.

The Sea Creature [Y.M] [✓]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora