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En el corazón de la cueva viviente, el tiempo parecía haberse detenido, no había amaneceres ni atardeceres, solo una calma profunda que envolvía todo. Jimin flotaba en el centro del santuario, con los ojos cerrados y los brazos rodeando su vientre. La energía del lugar pulsaba con él, como si el mar entero respirara al ritmo de su cuerpo, el Cephallusca lo observaba en silencio desde la entrada. Sus tentáculos se mantenían recogidos, respetando la distancia, pero sus ojos negros y brillantes como perlas no lo perdían de vista ni un segundo.

Entonces ocurrió, el agua alrededor de Jimin comenzó a vibrar, no con violencia, sino con una fuerza primitiva, como si algo sagrado despertara. Jimin abrió los ojos, no estaba asustado, estaba en paz, un brillo surgió desde su vientre, suave como la luz lunar sobre las olas. El resplandor fue creciendo, formando patrones marinos en su piel: líneas espirales, como corales antiguos, y marcas que se movían al ritmo de sus latidos y Yoongi o más bien el Cephallusca dio un paso al frente.

—¿Lo sientes? —susurró.

Jimin asintió y una lágrima escapó de su ojo, no por miedo, sino por lo abrumador de lo que su cuerpo le decía.

—Está despierto. —hablo.

De pronto, una esfera de agua pura se formó frente a él, como un útero líquido, dentro, flotó por un instante la imagen de un pequeño ser... no del todo humano, no del todo tritón. Su piel parecía luminosa, su cabecita cubierta de escamas plateadas suaves. Tenía ojos grandes y oscuros, y en su espalda asomaban aletas suaves como pétalos de flor marina, la esfera se desvaneció, pero el eco quedó grabado en el pecho de ambos.

—Nuestro hijo... tiene el poder de los dos mundos. —murmuró Yoongi, con voz reverente. —Y algo más...

En ese instante, las algas del santuario comenzaron a crecer, como si una energía nueva las alimentara, corales dormidos comenzaron a abrirse, emitiendo cantos que solo las criaturas antiguas recordaban. El santuario mismo respondió al despertar del niño, Jimin jadeó, tocándose el vientre con ambas manos.

—Está... protegiéndonos. —dijo Jimin.

—No. —Yoongi negó suavemente, acercándose a él y tomando su rostro. —Está empezando a reinar.

El mar había sido testigo de muchas criaturas poderosas, pero nunca de una nacida del amor entre dos orillas opuestas: un tritón destinado al trono, y un monstruo que se había despojado de todo para ser amado y el océano, silencioso, empezó a escucharlo.

The Sea Creature [Y.M] [✓]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora