66

356 62 2
                                        

Los pies de Jimin se hundían en la arena mojada mientras corría sin mirar atrás. Su respiración era errática, su corazón golpeaba contra su pecho con una fuerza aterradora, cada fibra de su ser le gritaba que siguiera adelante, que no se detuviera.

El agua salada le ardía en los ojos, la brisa cortante lo golpeaba como cuchillas invisibles y entonces, vio un trozo de vidrio, semienterrado entre las rocas.

Jimin se lanzó hacia él, sus dedos temblorosos cerrándose alrededor del filo irregular, la superficie era resbaladiza y cortante, pero no le importó. Porque cuando levantó la vista, Suga estaba ahí, de pie entre la bruma, con una herida abierta en la sien de la que brotaba un líquido oscuro.

—Jimin... —su voz era un eco quebrado en la noche.

Jimin apretó el trozo de vidrio y, sin dudarlo, lo llevó a su propio cuello.

—No te acerques. —jadeó, su pecho subiendo y bajando con dificultad.

—¿Qué estás haciendo? —Los ojos de Suga se abrieron con sorpresa.

Jimin tragó saliva, el filo presionaba su piel, un leve ardor advirtiéndole que cualquier movimiento en falso podría hacerlo sangrar.

—Si de verdad me quieres... —dijo, su voz quebrada. —No me obligarás a hacer esto.

—Baja eso, Jimin. —murmuró, su voz apenas un susurro. —No tienes que hacer esto.

Pero Jimin vio cómo su cuerpo se inclinaba hacia él, cómo sus pies avanzaban, no iba a detenerse, no iba a dejarlo ir. El filo del vidrio tembló en su mano, pero su determinación fue más fuerte que el miedo.

—No quiero ser tuyo. —susurró, con la voz quebrada. —No así.

Y antes de que Suga pudiera alcanzarlo, Jimin deslizó el vidrio contra su garganta, el mundo pareció detenerse. El dolor fue inmediato, ardiente, como fuego líquido atravesando su piel, su visión se nubló cuando la calidez de su propia sangre comenzó a teñir su pecho.

—¡No! —Suga gritó y en un parpadeo, los tentáculos brotaron y lo rodearon, sosteniéndolo con desesperación. —Jimin... Jimin...

Su voz temblaba, rota, más humana que nunca, Jimin sintió que su cuerpo perdía fuerza, su respiración se volvía pesada. Su vista comenzó a llenarse de sombras. La criatura lo tomó en sus brazos y corrió a toda velocidad hacia el mar. Jimin apenas podía tragar saliva, su cuerpo debilitándose por la sangre que seguía perdiendo y al llegar a la orilla, la criatura no dudó en sumergirse con él en el agua salada.

—No voy a dejar que mueras. —susurró con firmeza.

The Sea Creature [Y.M] [✓]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora