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El templo del Reino Tritón se alzaba como un coloso en la cima de una cresta submarina antiguo, sagrado, y ahora... manchado por la tensión. La cúpula perlada reflejaba la tormenta que se avecinaba en el corazón del océano. Jimin nadó hasta el centro, flanqueado por Cephallusca. Su cola azul tornasol cambiaba levemente con cada emoción que brotaba desde su pecho, iba decidido, pero dentro, el miedo no se apagaba.

Sabía lo que arriesgaba. Lo que estaba dispuesto a perder, frente a él, esperaban los dos reyes: Namjoon y Jin. Con sus armaduras rituales, tridentes en mano y rostros tensos.

—Jimin. —Namjoon dio un paso al frente. —Has cruzado la última frontera, has traído aquí al engendro que juramos mantener lejos de nuestra sangre.

—¡Él no es un engendro! —gritó Jimin. —¡Y es el padre de mi hijo!

Jin cerró los ojos, como si esas palabras fueran dagas, Namjoon endureció la mandíbula.

—Lo que crece en ti puede destruirnos a todos. —dijo el rey. —Es poder sin control, oscuridad disfrazada de herencia.

—¡Es mi hijo! —replicó Jimin, con lágrimas en los ojos. —¿Lo vas a matar solo porque no lo entiendes?

—No vine a luchar. —Cephallusca dio un paso al frente, los tentáculos en su espalda comenzaron a agitarse.

—Eres mi padre deberías entenderme. —dijo al borde del llanto Jimin.

—Él te manipula. —hablo Namjoon.

—Yo lo amo. —dijo.

—Amas al cuerpo vacío que el Cephallusca habita. —le dijo.

—De ser así aprenderé a amarlo. —mencionó.

—Pero si lo amenazan... si le hacen daño... no dudaré. —hablo Yoongi.

—Entonces ya no eres bienvenido en estas aguas. —Namjoon alzó su tridente, apuntándole directamente.

La tensión colapsó en segundos, todo fue rápido, un destello de luz, un empuje de corriente. El tridente de Namjoon volando en línea recta. Jimin se interpuso sin pensarlo y el filo cortó su costado, la sangre real se dispersó en el agua como un halo carmesí.

—¡¡Jimin!! —gritó Jin, soltando su arma y nadando hacia él, lo tomó entre sus brazos, su rostro empapado de horror. —No... no, por favor...

Namjoon palideció, congelado y el Cephallusca rugió, no con voz humana ni con palabras... sino con un sonido ancestral, profundo, el lamento del océano y las columnas del templo comenzaron a vibrar.

—¡Aléjate de él! —gritó. —¡No voy a perderlo también!

Pero Jimin extendió una mano, temblorosa, manchada de su propia sangre.

—¡No! —jadeó. —¡Basta los dos...!

Sus ojos se tornaron completamente aguamarina, una energía lo rodeó, vibrante, viva, como si el mar mismo lo reconociera y todos lo sintieron. Ese niño no era solo tritón, no era solo Cephallusca, era heredero del mar y el mar lo protegería.

Fin...

The Sea Creature [Y.M] [✓]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora