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—Váyase de mi casa. —dijo Jimin con frialdad.

—No cuando el Cephallusca ya te ha puesto las manos encima. —respondió él, con voz grave. —Esa criatura solo te utiliza.

—El Cephallusca es un cuento de terror. —negó Jimin, apretando los puños.

—¿Un cuento? Cephallusca es real, vive en lo más profundo de las cavernas submarinas de la isla Jeju. —El joven de cabellos rosados soltó una risa breve, casi con lástima. —Nadie que lo ha visto ha vivido para contarlo... y los pocos que escaparon no volvieron siendo los mismos.

—No devora cuerpos, devora voluntades, escoge a sus presas por lo que esconden, por lo que sienten. —Jimin tragó saliva, pero no dijo nada. —Y una vez dentro... no sabes si aún eres tú o si algo más está respirando por ti.

Sacó un pequeño caracol oscuro, brillante como obsidiana mojada, y se lo tendió a Jimin. Este dio un paso atrás, pero su mirada quedó atrapada en la criatura, el chico sonrió con suavidad y le acarició la mejilla.

—Tócalo. —susurró. —Y verás cómo el humano al que dices amar... no es quien crees.

Y sin esperar respuesta, se dio la vuelta y se perdió entre las sombras, Jimin quedó parado en medio de la habitación, mirando el caracol que aún descansaba en la palma del joven. Su brillo negro parecía absorber la poca luz que quedaba en el cuarto, como si fuera una ventana hacía algo mucho más oscuro.

"Es solo un cuento", pensó, pero las palabras del chico resonaban en su mente, taladrando su concentración. El Cephallusca no era solo un monstruo. Era algo mucho más peligroso, algo que jugaba con las mentes, que tocaba lo más profundo de los sentimientos humanos.

Intentó ignorar la sensación de frío que comenzó a recorrer su columna, pero sus dedos temblaban levemente mientras se acercaba al caracol. La curiosidad lo estaba matando, una necesidad de saber, de entender ¿Qué pasaría si lo tocaba? ¿Qué pasaría si todo lo que le habían contado sobre el Cephallusca era cierto?

Con un suspiro de frustración, Jimin alcanzó el caracol y lo tocó.

Inmediatamente, un estremecimiento recorrió su cuerpo, un susurro en su oído, suave, pero firme, le dijo: "Él no te ama, nunca lo hizo." Sus ojos se abrieron con sorpresa, y su corazón se detuvo un segundo. La voz... no era la del chico de cabellos rosados. Era una voz que ya conocía, una que había escuchado en los momentos más oscuros de su vida, la voz de él.

The Sea Creature [Y.M] [✓]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora