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Los estudios de grabación estaban llenos de energía. Lucero y Manuel estaban emocionados por compartir escenario nuevamente, esta vez en la nueva temporada de Juego de Voces. Lo mejor de todo era que su hija, Lucerito, participaría también. Trabajar en familia siempre les daba una alegría especial.
Pero no todo era paz y armonía.
Lucero se encontraba en su camerino, retocando su maquillaje, cuando escuchó una risa masculina y una femenina. Alzó la mirada hacia el monitor que transmitía la grabación en vivo y frunció el ceño.

L: No puede ser… (murmuró para sí misma)

Allí estaba Manuel, conversando animadamente con María León. Sonreía de oreja a oreja, inclinado hacia ella con demasiada confianza.
Lucero sintió cómo su piel se calentaba. Recordaba ese maldito video en el que Manuel y María cantaban juntos, pegados como si fueran novios. En aquel entonces, se había prometido que nunca volvería a verlo porque le revolvía el estómago. Pero ahora, lo tenía en vivo y en directo.
Cruzó los brazos, tratando de convencerse de que no le importaba. Al fin y al cabo, no eran nada. Manuel tenía novia, ella lo sabía. Pero también sabía que hacía pocos meses habían compartido momentos demasiado intensos. Momentos que él no podía haber olvidado.
Y si él se atrevía a coquetear… ella también podía jugar.

Cuando llegó la hora de grabar, Lucero se aseguró de que su atuendo hablara por sí solo. Un vestido ajustado, con un escote sutil pero estratégico. Caminó con seguridad hasta el set, sintiendo la mirada de todos sobre ella, pero solo le interesaba una en particular. Manuel.

Se sentó junto a él en la mesa donde irian las "leyendas", cruzando la pierna con deliberada lentitud.

M: Lista para empezar? (preguntó él, con su tono amigable de siempre)

Lucero sonrió de lado.

L: Siempre estoy lista, Manuelito. (Le sostuvo la mirada por un momento más del necesario, dejando que su perfume hiciera el resto del trabajo)

Él carraspeó, desviando la mirada un segundo, pero ella no se lo iba a poner fácil.
Durante el programa, cada vez que hablaban, Lucero se inclinaba ligeramente hacia él, bajaba la voz con un tono casi susurrante y dejaba que su risa fuera más melodiosa de lo normal.

L: Qué bárbaro, Manuel, cómo me acuerdo de cuando cantábamos juntos… (dijo en un momento, colocando una mano en su brazo). Esa química no se olvida, ¿verdad?

Él parpadeó, desconcertado, pero recuperó la compostura con una sonrisa.

M: por supuesto que no… Hay cosas que no cambian.

Lucero notó cómo Manuel se removía ligeramente en su asiento. Bien, pensó con satisfacción.
La cereza del pastel llegó cuando, en un descanso, Lucero pasó junto a él, inclinándose para tomar una botella de agua de la mesa. Lo hizo con la precisión de una experta: el cabello le cayó sobre el hombro, su perfume lo envolvió, y su mano rozó la de él por accidente.

Manuel tragó saliva.

M: Oye… (murmuró él) Estás bien?

Lucero bebió un sorbo de agua, haciéndose la desentendida.

L: Claro, ¿por qué no habría de estarlo?

M: No sé… Siento que estás… diferente.

Lucero sonrió con picardía.

L: Tal vez soy la misma de siempre y tú eres el que está más atento.

Manuel se quedó en silencio, analizándola.
Y en ese momento, Lucero supo que su juego estaba funcionando.

Las luces del set iluminaban el rostro de Lucero, que seguía con su juego de provocación. Sabía exactamente lo que hacía y lo disfrutaba.
Se inclinó hacia Manuel nuevamente, dejándole su perfume impregnado en el aire.

LyM |shortsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora