El show Entre Amigos había sido un verdadero acontecimiento. El escenario ardía entre luces, música, y ovaciones. Lucero, Yuri, Emmanuel y Mijares lo dieron todo. El público deliraba con cada canción, con cada sonrisa compartida entre ellos. Había complicidad, había talento. Había magia. Pero también, había tensión.
Especialmente entre Lucero y Manuel.
Desde hacía semanas, Manuel había decidido volver con Camila. Una decisión que nadie (ni siquiera él mismo) terminaba de entender del todo. Intentaba convencerse de que alejarse de Lucero era lo mejor. Que ya había sido suficiente de arrastrarse emocionalmente por ella. “No más tonterías, no más esperanzas”, se repetía. Pero esa noche, esa mujer lo estaba desarmando de nuevo.
Lucero estaba simplemente irresistible.
Vestido corto, sonrisa pícara, mirada intensa. Toda ella era pura sensualidad. Y por si fuera poco, se mostraba demasiado cercana con Emmanuel. Las risas, las miradas, los toques “inocentes" Manuel ya no podía disimular los celos. Ardía. Porque aunque intentara mentirse, esa mujer seguía siendo el amor de su vida. Y verla coquetear con su mejor amigo era una tortura, por eso, y como acto reflejo, se puso a bromear con Yuri, lanzándole piropos, guiños. Nada serio, claro. Solo una manera torpe de equilibrar el juego y de no explotar.
Cuando terminó el show, saludaron a algunos amigos, brindaron, posaron para fotos, y luego, cada uno tomó su rumbo.
Esa noche, Manuel no podía dormir.
Camila estaba en su casa, él la había llevado con una excusa barata de que necesitaba descansar solo, y no mentía. Necesitaba pensar, o más bien necesitaba hablar con Lucero. Tomó el teléfono.
—tenemos que hablar. Puedes venir un minuto?
La respuesta llegó rápido.
—Dame 5. Estoy yendo.
Y fue entonces que la vio llegar.
Lucero tocó la puerta con una sonrisita peligrosa. Llevaba puesto un pijama liviano, camisón semitransparente que apenas le cubría los muslos. Su pelo suelto, su perfume, su mirada Manuel tragó saliva.
L: Y? (Preguntó ella, entrando como si fuera su casa) Qué necesitas decirme?
M: No me gustó lo que hiciste hoy con Emmanuel (soltó él, directo, cerrando la puerta detrás)
Lucero se giró hacia él con una ceja levantada.
L: Lo de cantar juntos? O lo de reírme con él?
M: No te hagas la tonta (gruñó Manuel, dando unos pasos hacia ella) Sabes a lo que me refiero.
Ella sonrió, cruzando los brazos, haciendo que su camisón se elevara un poco más. Mijares lo notó, y lo odió, y lo deseó.
L: Y desde cuándo te molesta lo que hago? No habías decidido seguir con tu vida? Con esa mujer?
M: Claro que me molesta. Emmanuel es mi amigo, Lucero!
L: Y yo no soy tu mujer, no? (Le respondió, clavándole los ojos)
Silencio. Silencio denso. Cortante.
M: No, pero me molesta. Me molesta verte así con él. No lo soporto (confesó él, bajando la voz, con sinceridad cruda)
Lucero dio un paso hacia él.
L: Y qué quieres que haga? Que me quede esperándote mientras tú andas con tu novia?
M: No quiero que estés con nadie más.
L: y tú? Vas a dejarla?
Él la miró. No dijo nada.
Lucero rió bajito, con burla.
L: Entonces no me digas con quién puedo o no puedo coquetear. Porque por si no lo notaste, Manuelito, tú ya no eres mi dueño.
El cuerpo de Mijares se tensó. Su sangre hervía. Entre el orgullo herido y el deseo, sentía que explotaba.
Lucero lo miró, sabiendo lo que provocaba.
